BRANDT, EL BIÓGRAFO

Manuel Felipe Sierra

FABULA COTIDIANA

MANUEL FELIPE SIERRA
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El 27 de febrero de 1964 fallece Carlos Augusto Brandt Tortolero en el “Hogar San José” de Caracas. Tenía 89 años y hasta ese día se opuso a ser tratado mediante cirugía, porque ello contrariaba sus convicciones naturistas. Una nota en “El Universal” lo recuerda: “Vivió dentro del sacrificio, de la humildad y de la pobreza”. Se apagaba una vida fecunda, rica en vivencias y lecciones pero con los años sepultada en el olvido y la indiferencia.

Nacido en la población de Miranda el 8 de octubre de 1875, a los once años se trasladó a Puerto Cabello. Su familia de origen alemán demostraba extraordinaria sensibilidad artística; de su seno surgen pintores, escultores, escritores, músicos instrumentistas y compositores. Como todos los intelectuales de la época combina la instrucción formal con la pasión del autodidacta y su inagotable vocación de polígrafo. El padre advirtió a tiempo las inclinaciones del hijo. En la biografía de Carlos Brandt escrita por Mirla Alcibíades se registra: “el padre estimula en el hijo la formación intelectual; con tal propósito le regala una pequeña imprenta en donde el pequeño, en compañía de su primo Adolfo, publica un periódico de reducidas dimensiones al que llaman “El Torpedo”. Fue un impreso de orientación satírica, tono que abandonará en su edad adulta cuando enfrentará asuntos enjundiosos y, muchas veces, polémicos en sus escritos”.

Comenzaba de esta manera la carrera de uno de los escritores más prolíficos de Venezuela. No sólo destaca la calidad de sus artículos, ensayos y reflexiones  sino la diversidad de temas y disciplinas que abarcaba, todos ellos con propiedad y solvencia. Dominaba el inglés, el francés, el alemán, el italiano y el latín; y con el siglo XX comienzan a aparecer sus libros. El año 1905 se edita “La belleza de la Mujer” (estudio sobre la perfección del cuerpo humano y su importancia con respecto a la ciencia, las artes y la filosofía); un volumen de 76 páginas sobre una materia que en esos días llamaba la atención de editores y ensayistas latinoamericanos.

Al año siguiente sale a la calle “El Modernismo”, un texto que sería demasiado polémico porque el joven Brandt se atreve a cuestionar y encontrar carencias en una onda poética que arrasaba el mundo de la mano de Rubén Darío. El libro fue centro de discusiones ardorosas en un medio literario que resultaba ajeno y distante para el autor.  Tres años después aparece “El Vegetarismo” una reflexión que se considera precursora de un movimiento que tiene una especial relevancia en estos tiempos. El asunto habría de convertirse en el centro de sus indagaciones  en busca de la “ley de la conservación de la vida”  que se plasmaron finalmente en su obra “El problema vital”, considerada clave en las propuestas del vegetarismo o vegetarianismo. Sus hipótesis  merecieron una respuesta afirmativa del propio Einstein a quien Brandt trató en Alemania y frases elogiosas de Bernard Shaw. El carabobeño mereció el título de doctor Honoris Causa de la American School of Naturopathy de Nueva York y el calificativo de “pionero del naturismo”.

En 1913 llevaba una vida tranquila en Puerto Cabello. Era dueño de una librería y una agencia de periódicos; impartía clases de idiomas y se desempeñaba como intérprete de aduana y colaboraba en revistas y periódicos, entre ellos: “Atenea” y “El Pregonero” del periodista Rafael Arévalo González. En esos días, Arévalo enfrentó la reelección de Juan Vicente Gómez y fue nuevamente a la cárcel. Igual suerte hubo de correr Brandt. Permaneció 14 meses en el Castillo Libertador de su ciudad y en la prisión reconstruyó el bloqueo extranjero a las costas venezolanas del cual fue testigo. Nació “Bajo la tiranía de Cipriano Castro”, una obra que se emparenta en fuerza testimonial con los conmovedores relatos de Pocaterra.

Es puesto en libertad por gestiones de Rufino Blanco Fombona y comienza un exilio que se prolongará 24 años por países europeos y finalmente Nueva York, donde ejercerá diversos oficios pero siempre comprometido con la escritura. Cuando regresa en 1936 ya su nombre es reconocido por el público latinoamericano. En Caracas inicia la publicación de su colección de biografías sobre grandes personajes de la historia. Así aparecen en cadena: Cervantes, Pitágoras, Diógenes, Jesús, Leonardo, Giordano Bruno, Beethoven, Espinoza y “Siluetas Luminosas” (textos sobre Diógenes, Shakespeare, Voltaire, Federico El Grande, Goethe y juicios críticos referidos a Hamlet, Cándido y Fausto). Incursiona también en la línea de las vidas paralelas con trabajos sobre Bolívar, Napoleón, Goethe y Beethoven.

La extensa obra de Brandt permanece en bibliotecas públicas o dispersa en las mesas de los libreros al aire libre. Mirla Alcibíades, escritora especializada en el siglo XIX venezolano ha construido una excelente biografía de Carlos Brandt para la Biblioteca Biográfica Venezolana de “El Nacional” y Bancaribe. Se trata de la biografía de un biógrafo. Alcibíades cuenta que su encuentro con Brandt fue casual: revisaba viejos libros en una feria de libreros populares y encontró un ejemplar de “Frases Célebres” editado en Perú. Al revisarlo le llamó la atención encontrar el modesto nombre de un venezolano junto a Andrés Bello, José Martí, Benjamín Franklin, William Shakespeare, Mahatma Gandhi y Amado Nervo. La frase dice: “El ambicioso es un esclavo de lo que espera; el hombre libre es el que nada espera”. Brandt, ¿cuánto esperaba de la vida?

 
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