La MUD sufre dilemas artísticos

Clodovaldo Hernández
clodoher@yahoo.com

Se corre el riesgo de que las ruedas de prensa de la MUD parezcan episodios de Los Muppets

Confrontacionistas y eclécticos. Confrontacionistas y eclécticos… Leo la cosa y reviso el cabezal de la página de El Universal para cerciorarme de que no estoy leyendo en la sección cultural alguna nota relativa a sectas literarias, sino una noticia de la vulgar y ramplona política local. Compruebo que estoy donde creía estar, en un análisis acerca de las vicisitudes de la Mesa de la Unidad Democrática.

Según cuenta el trabajo periodístico, los miembros de la MUD se encuentran democráticamente divididos en confrontacionistas y eclécticos. “¡Cónfiro -exclamo en voz alta- esta gente sí que tiene el tacón alto!”. Recordé los folklóricos tiempos en que los masistas tenían los santos riñones de dividirse en tendencias (como si alguna vez hubiesen contado con gente suficiente como para darse ese lujo) y entonces había tucanes, perros y creo que chigüires. O cuando los copeyanos se autodenominaban calderistas, eduardistas o herreropedropablistas y los adecos, lusinchistas, perecistas o alfaristas.

Eran tiempos más elementales, claro, nada que ver con esta década de opresión postmoderna que ha llevado a la dirigencia opositora a debatirse entre dos corrientes que parecen sacadas de un libro de Educación Artística.


En dos platos -ya que de mesa hablamos- se trata de lo siguiente: los confrontacionistas quieren pasarse la campaña respondiéndole, de igual a igual, al presidente Chávez y argumentan que para eso hay en la MUD bastantes camorreros profesionales. Por otro lado, los eclécticos creen que no se debe caer en las provocaciones del tirano. Los datos son vagos acerca de qué harían en lugar de caerse a piñas verbales con el comandante, pues al parecer el resto de su propuesta política es mejor callarla que proclamarla. Por eso es que se pusieron ese nombre -eclécticos- que es una manera elegantísima de decir “como vaya viniendo vamos viendo”.

El problema de asumir la línea confrontacionista es quién sería el vocero. Usted no puede lanzarse a un combate por el campeonato mundial y meter en el ring al gordito Borges, obviamente fuera de forma, o al gentil hombre don Ramón Guillermo de Aveledo y Costilla, que está mejor, en tal caso, para pelear espada.

Además, de inmediato estallarían los celos y se desataría el pescueceo, que es el arte de mover el cuello ágilmente para aparecer en la foto o en el video.

Al final, en el confrontacionismo la mayor figuración la ganarían los ancianitos buscapleitos de la banda, Henry Ramos Allup y Teodoro Petkoff y se correría el riesgo de que cada rueda de prensa de la MUD se pareciera a un episodio de Los Muppets. Algo que sería -consulto mi libro de Artística- como sacado de la escuela kitsch.

 
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