Padres

Jonathan Humpierres (*Juan Diego)

Jonathan Humpierres (Juan Diego *)
juandiegocd@yahoo.com

El rostro de una sociedad  es sinónimo activo de un proceso de formación que se rige bajo la condición estricta del hogar y la educación.

Esta ecuación que pareciera una sumatoria simple tiene en sus componentes la extraordinaria responsabilidad de ser el molde exacto de hombres y mujeres que formarán parte del contexto del mundo en el que les toque transitar.

Es alarmante la descomposición de los núcleos familiares; las ausencias de las figuras ejes, como son los padres, hace que hoy estemos frente a la más terrible epidemia moral. Una sociedad sin referentes éticos  está sentenciada a un vacío infinito, a un tapiz gris, opaco, sin capacidad alguna de ejercer transformaciones constructivas.

En el año 2007 fue promulgada por la Asamblea Nacional, la Ley Orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, extraordinaria iniciativa cuya misión primordial es crear parámetros legales firmes para detener de forma contundente actos de violencia que ocasionan daños de cualquier índole a la  integridad de la mujer. Tuve la valiosa oportunidad de ser convocado por Amnistía internacional, organización defensora de los Derechos Humanos en el mundo, para ser imagen y vocero a través de la música de una intensa campaña informativa a lo largo del territorio nacional. Escuchar numerosos casos de violencia doméstica era la ilustración perfecta del grado de descomposición al que estamos expuestos, el resultado de un “hogar” donde la bandera sea el maltrato y la agresión, sólo puede llevarnos a una consecuencia: niños y niñas violentos, que sin duda serán coautores de un futuro que procurará  una sociedad profundamente agresiva.

Este país ha sido ejemplo generoso de mujeres valientes, que asumen por estricta necesidad roles de padre y madre simultáneamente. No tengo duda de la  existencia de una paternidad irresponsable y evasiva, que lamentablemente existe y convive con nosotros.

Sin embargo, a esta regla se le contrapone también un número importante de hombres que asumen el ejercicio de la  paternidad de manera digna, hombres vigilantes del desarrollo integral de sus hijos.

El padre no puede bajo ninguna circunstancia ser sentenciado al olvido, anulado en el proceso de formación y mucho menos bajo ninguna circunstancia ser privado del legítimo derecho de estar cerca de sus hijos. Soy y seré un defensor a cabalidad de las mujeres, la violencia contra la mujer es un delito que debe ser sancionado y sentenciado con el rigor máximo de la ley, pero debo hacer un llamado de atención urgente frente a innumerables casos, en los que el sistema judicial está siendo mal utilizado para ejercer a través de la jurisdicción que tutela esta materia, como mecanismo manipulador para privar mediante acciones “preventivas” el acercamiento de los padres a sus hijos.

El espíritu de tan importante ordenamiento jurídico no puede ser desvirtuado  de la esencia original, que no es otro que la protección a la mujer.

El padre es bisagra vinculante para la formación de la personalidad de los hijos, fustigar a semejante figura acarrea daños inimaginables; hablar mal de ellos, citando palabras de un gran terapeuta amigo, es hablarles mal del 50 % que inexorablemente llevan dentro. Todos somos una consecuencia milagrosa de la unión de dos células, y una de ella lleva el código indeleble de la palabra PAPÁ.

Quiero en estas líneas rendir homenaje a muchos padres que ejercen también el esplendido transitar de educar y formar a sus hijos, muchos de ellos  procuran con amor ser ejemplo de vida y a quienes por diversas circunstancias han ignorado tan maravillosa oportunidad, los invito a sumarse y a rectificar para juntos ser escultores del más generoso privilegio: LOS HIJOS.

Gracias por lo que fuiste, eres y serás.
Un hombre lleno de las más puras y bellas imperfecciones.
Un gran ser humano, un gran Padre.

 
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