Alguna vez se marchaba semanalmente

Fausto Masó

Sin la fuerza de los votos no saldrá Chávez del poder, pero al final quizá no baste con la fuerza de los votos. La Mesa de la Unidad Democrática dio el primer paso, reivindicar el valor del voto, pero le faltará en algún momento movilizar a un país frívolo, en el que demasiados quieren que otros dejen el pellejo en la lucha contra Chávez, mientras ellos envían sus hijos al extranjero. Imaginemos que los padres de Betancourt, Machado y Prieto Villalba se hubieran comportado así.

Hay que criticar a la Mesa de la Unidad para que sea algo más que una alianza electoral; hacerlo con tal de que no haya intenciones de destruirla. Abundan los suicidas políticos en el país.

Hace ocho años los venezolanos marchaban semanalmente. A la oposición le sobraba poder de convocatoria. Apenas por el cierre de RCTV y al final de la campaña presidencial de Manuel Rosales salieron a marchar miles de venezolanos. Hoy la oposición perdió ese poder de convocatoria, aunque haya los que crean que hablando golpeadito convencerán a los caraqueños de salir a la calle.

Quizá la gente no marcha con la frecuencia de antes porque en ese tiempo supieron que colocaban a Chávez contra la pared. No se equivocaban. La chapucería del 11 de abril lo sacó del poder por unos días, Pedro Carmona, chivo expiatorio del 11 de abril, presidió junto con Carlos Ortega una movilización exitosa en el primer trimestre de ese año, que continuó después del 11 de abril. A Chávez no le quedó otro remedio que buscar la mediación internacional del Centro Carter y de la OEA.

A continuación la oposición se prodigó en errores hasta hoy, que la Mesa de la Unidad logró en primer lugar una alianza electoral necesaria. Veremos si recupera la capacidad de convocatoria del pasado.

Con suerte, a partir de septiembre se unificará al país alrededor de una dirección política, que contará con un gran candidato presidencial para 2012 y el coraje para convocar al país cada vez que sea necesario.

No hay otro camino que el electoral, la unidad, para alcanzar esa capacidad de convocatoria, pero no basta con los votos para derrotar a Chávez. Sin los votos de todas maneras la oposición seguirá siendo un estado de opinión, una queja inútil. Le toca a la mesa erigirse en la campeona que enfrente los peligros que nos acechan, al mismo tiempo que impulsa la campaña para ganar la Asamblea.

En el pasado, Copei no atacaba a Lusinchi porque lo consideraba muy popular, creía que bastaba con enfrentarse al candidato presidencial de Acción Democrática. Copei perdió las elecciones por amplio margen. Chávez y Salas Römer llegaron lejos en 1998 porque vieron más allá de los datos de las encuestas.

Muchos electores saben que en las elecciones se juega más que el equilibrio de poderes, el entramado institucional y el cumplimiento de la Constitución; tienen razón.

Fuente: El Nacional

 
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