Con o sin pulpo, adelante

Francisco A. Bello Conde

Francisco Bello

Se acabó el mundial de fútbol; nos deja una sensación de nostalgia y de alegría. Para quienes somos fanáticos, nos parecen eternos los cuatro años que nos separan del próximo, nos contagia la emoción de los españoles que rompieron el “maleficio” y lograron entrar en el selecto grupo de campeones mundiales y nos llena de orgullo la actuación de Uruguay y de su estrella Diego Forlán, considerado por la FIFA como el mejor jugador de la Copa.

El despertar de esta semana estuvo lleno de recuerdos bonitos, de amigos, de familia, de discusiones sabrosas,  de celebraciones de abrazos y de bromas sanas, que contrastan con la inmensa negrura de nuestra realidad sin distracciones. Se evaporó el rocío que empañaba la ventana por la que vemos el mundo.

Como una avalancha de desechos, nos tapian nuestros problemas individuales que tienen en buena parte una causa común: La destrucción de nuestra patria. Vimos en televisión un mundo que casi nos olvidamos que existe, donde la libertad, el orden, la fraternidad, la paz, el buen gusto y la nobleza son mayoría; donde es la gloria y no el odio la inspiración, donde el esfuerzo, el espíritu de equipo, la solidaridad y el desprendimiento son las claves para triunfar.

Nos deprimimos y no nos faltan razones. Nos sentimos, por 30 días, ciudadanos de un lugar en donde no vivimos, porque hemos permitido que algunos nos extraditen de la Venezuela que hemos sido y debemos volver a ser.

Sé que provoca cerrar los ojos, sé que provoca buscar otra excusa que nos difumine la realidad, sé que da pereza lo mucho que hay que hacer, sin embargo, entregarse, resignarse no es la ruta de la felicidad, ni ha sido el camino escogido por quienes hoy se sienten orgullosos de lo que son.

Tenemos todo para ser mejores, tenemos todo para no ser espectadores del progreso, tenemos todo para no sólo querer ser libres sino para lograrlo; sólo falta la voluntad de cada uno de nosotros para dar un paso adelante, para involucrarnos sin miedo, sin cálculos subalternos e inmediatistas, sin egoísmos que no tienen fundamento porque la avalancha nos arrastra a todos por igual.

No esperemos que el famoso pulpo se pose sobre nuestros sueños, vamos a luchar por ellos, con coraje, con fe y con desprendimiento, para que el próximo 26 de septiembre, zarpe nuestra esperanza hacia el futuro.

 
Top