La otra Venezuela

Carlos Lozano

Caminando con Carlos

Carlos Lozano
carlos@carloslozano.com

Está aquí mismo, a la vista de todos, aunque muchos no la vean. O no quieran verla porque suscita de inmediato dolor de conciencia y sentimiento de culpa para unos, y para otros, creciente temor. Está aquí mismo, en el sur de Valencia.

Es esa Venezuela sin hermosos paseos, sin aire acondicionado, sus calles hechas pedazos, polvo cuando hay sol, barro cuando llueve, inundadas con aguas sucias; esa Venezuela del sur de Valencia donde el calor es mucho más aplastante, donde el salario, cuando existe, jamás alcanza, aquí mismo, a nuestro lado, pero tan remota al mismo tiempo, para los gobernantes, para los servicios que el Estado está obligado a prestar pero no llegan… salvo en tiempos electorales, en la forma de promesas que de tanto repetirlas suenan a tambores sin cuero o trompetas sin aliento.

La conozco bien, sé que existe, que está ahí, que sigue esperando, la conozco como la palma de mi mano porque llevo años visitándola todos los días para llevarle, aunque sólo sea eso, una palabra de solidaridad.

Comencé hace años y sigo yendo porque me emociona su gente. Porque me he sentido envuelto en un mundo lleno de carencias y de angustias, pero formado por gente que sabe sonreír, porque sus hombres y mujeres, sus jóvenes y sus ancianos rompen su angustia y su decepción con miradas limpias, sinceras, porque a pesar de saber que sólo son “carne” electoral tienen el coraje de alimentar la esperanza, las ilusiones. Me sentí muy audaz y valiente cuando fui allá por vez primera. Ahora, años más tarde, me sentiría un cobarde si dejara de estar con ellos.

Esta vez, además de ayudarlos a ejercer su derecho a hablar, a denunciar, a reclamar, también estoy pidiéndoles sus votos para ir a la Asamblea Nacional. Estoy pidiéndoles que me confíen el compromiso de ir al Poder Legislativo y representarlos porque he aprendido la realidad plena y clara de su vida diaria, de sus problemas, de sus necesidades.

No sé si lograré mi propósito. No se si me darán suficientes votos. Pero sí sé que ellos saben que si les pido el voto es para seguir con ellos… con más fuerza y mayor capacidad de ayudarlos.

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