Romper el juego político

REPIQUE
Mélida Qüenza Ponte
mq0105@hotmail.com

Una de las tareas urgentes que tendrá que asumir la nueva Asamblea Nacional es la reforma de la Ley Orgánica de Procesos Electorales (LOPE). Lo que se hizo meses atrás con esa ley fue adecuarla a los intereses de sectores que pugnan por el poder. Fue un reparto concertado de la torta electoral.

Arbitrariamente, quienes ostentan el poder nacional, y valiéndose de la mayoría en la Asamblea Nacional, violaron la Constitución, armaron todo un artificio que permite que una fuerza política determinada obtenga todas las curules en una región o un circuito electoral, aun cuando la diferencia de votos con la que ocupe el segundo lugar sea mínima, es decir, el número de diputados que se asignan no es proporcional a la cantidad de sufragios obtenidos.

Esa aberración es aceptada por sectores de oposición, esperanzados en lograr la mayoría de votos en algunas regiones, lo que les garantiza volver a tener presencia en la Asamblea Nacional.

Tan concertado fue lo de la LOPE que en la reorganización que se hizo de las circunscripciones electorales se evidencia que las zonas donde predomina el chavismo y donde es mayoría la oposición fueron demarcadas claramente. Un reparto a conciencia del territorio para garantizar con más certeza un número de diputados.

Ese reparto a dos lleva implícito la manera de hacer política, marcada por la inmoralidad y la desfachatez, donde la ausencia de ideas es suplantada por el derroche de recursos, las campañas electorales han sido privatizadas y la competencia no es entre liderazgos y proyectos sino entre millonarios despliegues publicitarios. El oficialismo cuenta con todos los recursos del Estado, ministerios, gobernaciones, alcaldías y la gran caja chica que es PDVSA. La oposición también dispone de recursos en gobernaciones y alcaldías, a eso suma el apoyo empresarial y el aporte internacional. Los dos sectores tienen asegurado el financiamiento de cualquier campaña electoral, adquiriendo una posición muy ventajosa frente a movimientos y organizaciones que desean participar en procesos electorales.

La nueva AN debe velar porque todos los venezolanos tengan los mismos derechos y oportunidades, reformar la actual LOPE e incluir el financiamiento de las campañas electorales por parte del Estado, lo que establecería igualdad de condiciones para todos y evitaría financiamientos externos y de dudosa procedencia, algo que indudablemente contribuiría al fortalecimiento y adecentamiento de la democracia venezolana.

De allí que es necesario que los venezolanos que no aceptan el irrespeto a la Constitución, que creen en la democracia, la justicia, la participación y la igualdad, rompan con ese juego político concertado entre los dos polos y hagan de la nueva AN un espacio diverso, plural, abierto al debate, a la crítica, que abra caminos para lograr el bienestar colectivo.

 
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