Comunas: La última jugada *

Domingo Fontiveros
dfontiveros@cantv.net

Si el pueblo elige una Asamblea Nacional no sumisa al Gobierno, se apelará al poder comunal…

Esta Venezuela nuestra está obligada a superar la dinámica autodestructiva que la carcome. Estamos en una coyuntura de extrema tensión entre el dislate poderoso y la semiarticulada reclamación de cordura. Ha pasado antes en otros países. Algunos lograron recuperar su equilibrio. Otros se hundieron en tremedales.

Este Gobierno lo tuvo todo. Pero el poder y el dinero se le subieron a la cabeza. Por ello perdió el rumbo, en medio de múltiples derroches.

Y ahora se aferra al socialismo marxista como único pretexto para justificarse en su mar de fracasos. Armado de falacias, arremete contra todo lo que luzca distinto a su arcaica visión. En el camino, en lugar de sembrar petróleo, siembra desolación y tristeza.

En cualquier democracia, la gente no pierde la esperanza, porque siempre está abierta la opción de un cambio pacífico de dirección en las cuestiones de Estado. No importa qué tan profundos hayan sido los problemas, los venezolanos mantuvimos la confianza de un futuro mejor, con un nuevo gobierno, libremente electo. Hoy la duda está presente.

Aparte de buscar aprovecharse de esta duda, el Gobierno pretende practicar un truco, ahora que se ve avasallado por la opinión ciudadana adversa, colocada en una dimensión irreversible de mayoría, según los expertos. El truco de las comunas.

Como todo truco, el de las comunas se aprovecha de una capacidad para falsear la realidad, y manipula la muy humana visión de vida apacible en comunidades que se autogobiernan y relacionan en generosa armonía.

Existen, no obstante, suficientes precedentes para entender con facilidad que estas comunas del chavismo no son sino instrumentos para afianzar el gobierno no democrático y archicentralizado que se estila en las cúpulas del poder, con el mecanismo de sujetarlas al filtro político de sus miembros y a la dependencia presupuestaria del régimen. El objetivo es definir a estas estructuras burocráticas como la fuente verdadera de la voluntad popular, reemplazando al voto individual, libre y secreto, como expresión de la soberanía del pueblo.

La carambola es evidente. Si el pueblo elige este 26/9 una Asamblea Nacional no sumisa al Gobierno, se apelará al poder comunal como expresión de la voluntad popular, debidamente mediatizada y sometida al poder omnímodo del Ejecutivo.

Que ello no sea válido constitucionalmente poco le importa al Gobierno. Primero, porque arbitrariamente se ha autodesignado como poder constituyente permanente, colocado por encima de la Constitución. Y segundo, porque en caso de reclamo, el asunto lo resuelve su Tribunal Supremo.

Esta orientación está dirigida a forzar la barra cuando el momento sea propicio. Según los indicadores electorales, es la jugada que le queda. La última carta bajo la manga. El último recurso. La salida.

A 10 semanas de elecciones parlamentarias, el juego luce chiquito, como en béisbol. Los grandes desastres recientes los ha puesto el Gobierno y no le queda tiempo para quitárselos de encima. Si los sectores democráticos del país evitan un propio desastre y se enfocan en la substancia política y económica de la crisis, deben salir victoriosos de esta contienda. Con el aporte decisivo de la ciudadanía movilizada que vote apabullantemente a favor del regreso a la cordura.


* Título original: Comunas y Truco

 
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