El fútbol no es ciencia

Jhonny Castillo

Letras de fútbol

Por: Jhonny Castillo
jhocas10@hotmail.com

Los errores arbitrales cometidos durante el Mundial Sudáfrica 20010 han vuelto a colocar en el tapete la discusión en torno  al  uso de la tecnología como un medio para  minimizar esta  problemática. Es normal que tales fallas  generen  preocupación tanto en los dirigentes como en los espectadores. Lo que sí nos parece inadecuado es la posición pragmática y cientificista de algunos críticos, quienes al parecer han olvidado que el deporte no es ciencia, ni mucho menos lógica cartesiana. El fútbol está más próximo a ser una disciplina artística  que una disciplina científica. Si algo importante tiene incorporado el fútbol es que es imperfecto como todas las actividades humanas y allí precisamente reside su belleza y su encantamiento.

Sería una estupidez  pretender que no se cometan errores en un juego cuando lo lúdico y lo festivo  era para los griegos  todo lo contrario a lo serio y lo riguroso. No hay nada más cercano al goce sublime y casi metafísico que el ocio y la libertad que produce el juego por el juego mismo. Las normas y las reglas son necesarias, pero no deben servir para encarcelar las pasiones, la irreverencia, la  belleza  y la locura del fútbol. No tendría sentido un deporte que privilegiara como fin último la perfección en detrimento del placer y la alegría que genera lo impredecible. Sobre todo si tomamos en cuenta que en estos tiempos  la gran discusión epistemológica es el cuestionamiento a la idea de lo absoluto y lo perfecto.

En su afán por producir más dinero y multiplicar el número  de fanáticos, la Fifa intentó aplicar una serie de modificaciones que por suerte no dieron los resultados deseados. Estas reformas incluían hasta la locura de aumentar el tamaño de los arcos para que se produjeran más  goles en cada  partido. Somos del criterio que uno de los grandes errores de la dirigencia ha sido pensar  que el mayor atractivo del fútbol es el gol y eso no es realmente cierto. El balompié es un deporte sui generis, particular y específico que debe ser valorado como un todo. Siempre hemos dicho que atentar contra la esencia y las características fundamentales y propias del fútbol sería como meterle un brochazo a la Mona Lisa.

Los perfeccionistas cuadrados, amantes de la lógica, especie de Albert Eistein del fútbol,  piensan ingenuamente  que con la implementación de videos, cámaras, detectores, rayos láser  y todo tipo de fetiche tecnológico se acabarán los errores en la aplicación de la regla y por consiguiente el fútbol pasará a ser un deporte prístino  y  sin las  “máculas” arbitrales  que  tanto avergüenzan a los  positivistas trasnochados del balompié. Lo que no intuyen  estos tecnólogos es que, por suerte, esa perfección es imposible no solamente  en el fútbol sino en todas las actividades humanas. No habría nada más aburrido que un partido sin el más mínimo error, sería como vivir en la mítica utopía donde nada sucede, nada cambia y todo permanece. Uno de los más grandes atractivos del fútbol es precisamente su gran parecido con la existencia del hombre, que  es, como sabemos todos, imperfecta y compleja. No hay nada más afín a la vida  en sociedad  que las relaciones que se establecen entre los jugadores en una cancha de fútbol. No en vano el filósofo argelino Albert Camus decía que lo que más aprendió de moral y responsabilidades se lo debió al fútbol.

Cuál es el empeño en querer cambiar la dinámica de un  deporte que paradójicamente cada día tiene más seguidores en todo el mundo. Si algo generaría  una crisis en el fútbol eso sería precisamente intentar cambiar  su esencia, y no hay cosas más valorada en el fútbol que su misma  imperfección. Ustedes se imaginan que en  cada momento cuando se produzca una polémica decisión  haya que consultarle a  un detector  o una cámara de video si hubo gol, fuera de juego, penalti  o falta. ¿Acaso, al  igual que el silbato, esos instrumentos no son manipulados por seres humanos?

Pareciera una contradicción pero estamos casi seguros que para quienes conocen los aspectos técnicos del fútbol, que son  la mayoría sus seguidores, lo más importante no es el gol, sino todo lo que se produce antes de llegar a él. Es una condición sine qua non que para que se produzca un gol antes deben darse una serie de circunstancias que  son las responsables de la emoción y la tensión permanente en los espectadores. No en vano el gol ha sido comparado con el orgasmo.

Estamos seguros que la Fifa ha estudiado  todos estos factores. Por eso creemos que jamás, a pesar de las presiones, cometerá la estupidez de sustituir las decisiones de los árbitros, hombres  de carne y hueso, por detectores y cámaras de video. El día que esto ocurra, con ello se estaríamos asistiendo a  la muerte del fútbol.

 
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