Gravísimo dilema electoral

Ovidio Pérez Morales
ovidio.perez@gmail.com

Urge ahora robustecer el espíritu democrático

Como superlativo es preciso calificar el dilema. Semejante al planteado en la Italia de la inmediata posguerra: o anexarse al bloque comunista o incorporarse a la Europa en democratización.

A más de medio siglo de distancia, resulta dolorosamente extraño que una tal alternativa reaparezca en Venezuela, donde muchos demuestran no haber aprendido de la historia lo terrible del “socialismo real”.

No es la primera vez que humanos ponen a marchar el cronómetro al revés, aunque el tiempo, inevitablemente, siga hacia adelante. La extrañeza es todavía mayor en momentos bicentenarios de un acontecimiento de libertad.

Este 5 de julio 2010 nos ha encontrado ante un proceso electoral, que puede calificarse de histórico, por lo que está en juego a dos siglos de la ruptura con la maltrecha Corona, cuando se inició la marcha de una accidentada emancipación.

Rafael Arráiz Lucca ha puesto de relieve el carácter exclusivamente civil del “proceso que va de 1808 al 5 de Julio de 1811”, en artículo publicado en este diario el pasado 4, que destacó también el papel emblemático de Juan Germán Roscio en los hechos fundacionales.

El Episcopado venezolano había felizmente subrayado esa misma característica, en su carta pastoral Sobre el bicentenario de la Declaración de Independencia de la República (12-1-2010): “Tanto el 19 de Abril como el 5 de Julio fueron dos acontecimientos en los que brilló la civilidad. La autoridad de la inteligencia, el diálogo, la firmeza y el coraje no tuvieron que recurrir al poder de las armas o a la fuerza y a la violencia”.

El hermoso sueño de los fundadores de la República fue un proyecto ­histórico al fin­ imperfecto. Su realización se topó pronto con enfrentamientos fratricidas. La civilidad de los inicios contrasta con la recurrente belicosidad del recorrido republicano: secuencia de asonadas, golpes, guerras, enfrentamientos autodestructivos del más diverso género, que desangraron el cuerpo de la nación durante el siglo XIX.

Aun en el “siglo de paz”, después de la Batalla de Ciudad Bolívar (21-6-1903), no estuvieron ausentes del panorama nacional hechos armados de significación, aunque las últimas décadas del XX parecieron consolidar la estructura pacífica y democrática de la nación. Las aspiraciones primordiales de los fundadores, de validez permanente, constituyen un llamado continuo a la conciencia del país. Y una punzante interpelación a la Venezuela de hoy.

Los inicios del nuevo siglo milenio no han sido auspiciosos para nuestra patria. Si bien el país no está como ayer en guerra con la España monárquica, parece que lo estuviera consigo mismo.

El aire que se inyecta desde el poder es bélico; el lenguaje y los procedimientos oficiales, cuarteleros; los objetivos político-ideológicos que se trazan “desde arriba”, militares. El diálogo es sustituido por la orden.

La diversidad, por la hegemonía. La independencia, por la sujeción. La democracia, por el totalitarismo.

Los anhelos de libertad y de paz de los fundadores de la República, sin embargo, no han muerto. Ni morirán. La opresión no tiene futuro. Por eso urge ahora robustecer el espíritu democrático y el sentido de fraternidad nacional. La esperanza activa. De cristianos y no cristianos, creyentes y no creyentes, se espera un compromiso efectivo.

La elección de septiembre es dilemática. Comunismo o democracia. Así de sencillo y gravísimo.

 
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