Guerras de paja *

Alberto Barrera Tyszka

Es sorprendente ver a la Fiscalía o al Tribunal Supremo ocuparse de las opiniones de un monseñor, como si no tuvieran otras emergencias qué atender. Se dedican a buscar la paja en el ojo ajeno para que nadie vea ni huela sus propios containers.

Alberto Barrera Tyszka
abarrera60@gmail.com

El Gobierno anda tan mal que le quiere declarar la guerra al Vaticano. Andan fallos. Se le acabaron los enemigos. Que se cuide todo el mundo. A este paso, antes del 26 de septiembre, habrán acusado de conspiración a la Asociación Nacional de Orquidiólogos, habrán denunciado el carácter apátrida de Alcohólicos Anónimos, y tendrán pruebas fehacientes, en inglés, de los planes golpistas de la Sociedad de Criadores de Gallo de Yaritagua.

Tengo muchos amigos católicos. Respeto y valoro su fe. A veces, incluso, me parece envidiable. También conozco a muchos religiosos y religiosas que, con una honestidad de acero inoxidable, desde hace demasiados años, en sectores populares y junto con comunidades de base, construyeron y siguen intentando construir un país diferente. Curas y monjas que promovieron verdaderas revoluciones comunitarias antes de que algunos de los funcionarios de este gobierno hubieran descubierto la izquierda, y decidido que ser rojo-rojito también podía ser un buen negocio.

Muchos de estos amigos, con toda razón, han sido en algunos momentos muy críticos con la jerarquía de su iglesia. Y no es para menos. Basta recordar, por ejemplo, el papel protagónico del fallecido monseñor Velasco en el intento de golpe de Estado en abril de 2002. Ahora, sin embargo, sienten que estamos ante un caso totalmente distinto. No entienden la persecución desaforada y en cambote en contra del cardenal Urosa.

Es desproporcionado y absurdo. Según parece, el Gobierno sólo intenta tapar el sol con un monseñor.

Porque, en rigor, Urosa Savino no ha dicho nada distinto de lo que han expresado miles de venezolanos. Tanto los señalamientos sobre la ruta hacia el comunismo como las denuncias sobre las alteraciones a la Constitución, han sido temas frecuentes, en privado y en público, en los últimos años en nuestro país. Incluso, en las páginas de este periódico se han presentado reportajes de investigación que muestran cómo el Gobierno ha venido implementando, de distintas maneras, las diferentes propuestas que fueron rechazadas por la mayoría de los venezolanos en el año 2007. Es tan obvio que resulta ridículo. Se trata de algo que, además, el propio Gobierno no oculta, que ­de distintas formas­ ha venido reafirmando. La memoria también es una forma de resistencia: a los pocos días del referéndum del 2-D, la ciudad de Caracas apareció llena de vallas que, en letras rojas, decían “Por ahora…”.

Ese era el mensaje que le daba el poder a la voluntad popular. Eso es lo que hemos venido viviendo.

Es el colmo de la incongruencia convertir en delito de opinión ideas y propuestas que el propio Gobierno ha enunciado. La lógica interna parece apuntar, más bien, hacia otro territorio: estamos ante un gobierno que necesita producir urgentemente toneladas de escándalos ajenos.

Freddy Bernal

Con la misma obediencia ciega, con la misma precisión jerárquica de la Iglesia Católica, han salido todos los oficiantes a construir este nuevo pecado. Es sorprendente ver a la Fiscalía o al Tribunal Supremo ocuparse de las opiniones de un monseñor, como si no tuvieran otras emergencias qué atender en este país. Es indignante observar cómo la Asamblea Nacional, que se niega a debatir casos de corrupción, quiera de pronto interpelar a Urosa Savino…

Casi todos los altos funcionarios, de todos los poderes, han reaccionado como si tuvieran un nuevo dogma debajo de la lengua. Cuidado. Una opinión también puede ser una blasfemia. La roja inquisición ha comenzado.

Lo más asombroso es que todo esto, además, contradice uno de los principios básicos que supuestamente mueven este proceso: la idea de que todo es y debe ser político e ideológico. Desde Pdvsa hasta el Ejército. Desde las matemáticas hasta el arte. Es algo que el Gobierno ha repetido hasta el cansancio. Pero ahora resulta que, cuando las ideas de los otros los cuestionan, actúan como moralistas exaltados. Gritan, chillan, regalan aspavientos, acusan a los demás de estar jugando sucio, de estar haciendo lo que no deben: ¡política! La mejor definición la propone Freddy Bernal, o quien escriba los artículos de opinión que firma Freddy Bernal.

Habla el ex alcalde de una fe “cristiana, apostólica y bolivariana”. Es cierto. Ellos quieren ser la única iglesia. Una iglesia que no tiene pecados, que sólo existe para juzgar a los otros. Tienen doble moral y triple moral. Se dedican a buscar la paja en el ojo ajeno para que nadie vea ni huela sus propios containers. En vez de multiplicar los panes los convierten en basura. Pero quieren apedrear al cardenal en la Asamblea. En los tiempos de Jesús de Nazareth, serían llamados fariseos.


* Título original: LOS BUSCADORES DE PAJA

 
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