Las elecciones serán una guerra santa

Clodovaldo Hernández
clodoher@yahoo.com

Chávez le pone rostro al adversario. Es más fácil discutir con un arzobispo que con una mesa

Avanza el tiempo, se acerca el 26S y todo parece indicar que la confrontación electoral va a ser una guerra santa. En una esquina está el comandante Chávez -san Hugo para unos; el Enemigo Malo en persona para otros- y en la esquina contraria, la Conferencia Episcopal Venezolana -coro de ángeles custodios de la democracia para unos; aquelarre en sesión permanente para otros-. Mientras tanto, los líderes seglares de la oposición, que son muchos y muy diversos, no aparecen en esta misa en escena ni siquiera como monaguillos freelance.

Politólogos aficionados (taxistas, barberos y tomadores de cafecitos en barras de panadería son los más agudos) opinan que Chávez se equivoca gravemente al entablar combate con estos ensotanados quienes son, por naturaleza, gente taimada y traicionera. Aseguran que es un error subestimar la capacidad del alto clero para manipular a los feligreses, oficio que comenzaron a desempeñar hace más de mil años, cuando la Iglesia se inventó los rangos de obispos y cardenales y declaró que eran príncipes de Dios. ¡Válgame!

Algunos impíos advierten al Presidente que quien pelea con curas o monjas suele experimentar episodios de mal agüero. “Esos bichos son pavosísimos”, me dice el Estrangulador de Urapal, tocándose la rodilla izquierda.

Otros analistas igualmente amateur creen lo contrario. Opinan que la estrategia de Chávez de fajarse con los supercuras y específicamente con Su Eminencia Jorge Urosa Savino es pertinente porque le pone rostro a una oposición que muestra pocos rasgos definidos de identidad, salvo la excéntrica característica de tener cuatro patas. “Es más fácil discutir con un arzobispo que con una mesa”, razona Elba Quiroz, guayoyo en mano.

Por fin apareció una politóloga profesional, doña Prodigio Pérez, y dictó cátedra. Expresó que al centrar la artillería en el cardenal y sus conclavistas, el Presidente lo que procura -y ya lo logró- es desatar el pecado capital de la envidia entre los líderes antichavistas laicos, a quienes no les simpatiza nadie que les quite la atención mediática, aunque hable en nombre de nuestro señor Jesucristo. A estas alturas, varios de esos líderes deben estar preguntándose cuándo, por el amor de Dios, los monseñores les irán a dar un chancecito de ser globovistos.

Prodigio asegura que algunos desesperados dirigentes seculares de la Mesa y sus alrededores hasta están pensando en ordenarse sacerdotes o, al menos, hacerse pasar por laicos consagrados a ver si así recuperan algo de pantalla. “No se extrañen si salen por ahí el alcalde Jarrón Chino o el candidato Cerrador de Canales-Basura ataviados con palio, mitra y báculo y queriendo que a ellos también les besen el anillo”.

 
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