¿Forlán en Caracas?

Letras de fútbol
Por: Jhonny Castillo
jhocas10@hotmail.com

Quedaban apenas segundos para que terminara el partido por el tercer puesto del Mundial Sudáfrica 2010, cuando Diego Forlán  estrelló la pelota en el travesaño de la portería alemana. Los uruguayos, que habían sufrido intensamente durante toda la copa, esperaban con el corazón lacerado y lágrimas en los ojos que se concretara  aquél  disparo que no sólo  empataría el partido a tres goles, obligando a jugar la prórroga, sino que coronaría al  número 10 de la selección charrúa como el máximo artillero del torneo. La cara de Forlán y la del resto de sus compañeros trasmutó en una metáfora que reflejaba  el drama y la angustia de aquellos gladiadores que días antes, en un agitado encuentro contra Holanda,  habían perdido la oportunidad de meter a Uruguay en la final de otra copa del mundo  después de sesenta años de historia fallida, en los que no han podido revalidar las hazañas de Montevideo 1930 y Río de Janeiro 1950.

Diego Forlán

Uruguay era la única  que había  sobrevivido a la súbita debacle de los equipos suramericanos cuando  los fanáticos, e incluso los especialistas, empezaban a soñar con la posibilidad de que se produjera  una final entre selecciones del nuevo continente, dada la excelente presentación que tuvieron esos equipos hasta los octavos de final.

Brasil cayó dos goles por uno ante Holanda, Argentina por goleada de cuatro  por cero frente a Alemania y Paraguay no logró  resistir la furia ofensiva de los españoles que lograron recuperarse del bajón anímico luego de la derrota ante Suiza. Los mejores de Suramérica habían quedado sorpresivamente en el camino. Sólo quedaba la selección de Uruguay, liderada por Forlán, para  salvar el honor latino mancillado por la arrogancia europea. A decir verdad, los del Río de La Plata  asumieron el reto con hidalguía y pundonor y Diego Forlán no sólo  sacó su clase y su liderazgo indiscutible, sino que sumó cinco tantos que le permitieron empatar la tabla de goleadores, y, a la postre,  adueñarse del  Balón de Oro de la FIFA, premio que recibe el mejor jugador de la copa del mundo, transformándose de esa forma  en el cuarto futbolista del continente que alcanza tal reconocimiento, emulando a Diego Maradona (1986), Romario (1994) y Ronaldo (2002).

El atacante uruguayo que llegó a Sudáfrica callado y  sin mayores estridencias se ganó el cariño y la admiración de los seguidores del balompié en todo el mundo por sus goles espectaculares, su  liderazgo,  técnica y  versatilidad para jugar, pero, sobre todo, porque supo  reivindicar, a buena hora, la tradición, la identidad y la impronta de un país que se ha  caracterizado históricamente  por la entrega, el sacrificio y la voluntad que muestran sus jugadores sobre todo en los momentos difíciles. Manera de asumir este arte  que  fue definido desde hace mucho tiempo  como “garra charrúa”.

En un momento cuando los “grandes” futbolistas  están en entredicho y  parecen ser más bien inventos de los grandes  medios de comunicación, el marketing y la publicidad, irrumpe la magia, la irreverencia y la estética de Forlán para salvar a este deporte del aburrimiento, el fracaso y la mediocridad que dejaron supuestas estrellas como el portugués Cristiano Ronaldo y el argentino Lionel Messi que aún no brillan tanto como brillan los flashes de las cámaras  que los persiguen por todos lados.

El mejor de Sudáfrica 2010, inició su prolífera carrera a los 17 años con Peñarol. Más tarde pasó a Independiente de Argentina y luego al Manchester United de Inglaterra donde sería relegado a un segundo plano. Los mejores momentos llegarían para Diego Forlán con el Villarreal donde obtuvo un pichichi y la Bota de Oro de France Football, mientras que  la consagración sería  con el Atlético de Madrid donde consiguió 25 goles en el 2009 convirtiéndose en el mejor anotador de la Liga Española.

Qué lástima que el mejor jugador del Mundial Sudáfrica 2010, el uruguayo Diego Forlán no haya podido venir a Venezuela como lo había informado la prensa nacional hace pocos días. Al parecer el Balón de Oro de la FIFA no pudo hacer escala en Caracas antes de continuar sus vacaciones en los Estados Unidos. Ojalá luego  podamos compartir con este hijo predilecto de la hermana República Oriental del Uruguay que tanta alegría y sobresalto le ha dado a los amantes del balompié en todo el planeta.

 
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