Batalla de vanidades

Yván Serra Díaz

Periscopio

Yván Serra Díaz
yvanserra@gmail.com

El hecho fue largamente meditado, porque la venganza es un plato que se come frío. No podía irse de la presidencia y dejar pasar dos años de desplantes e insultos. Unas semanas antes de entregar era el momento adecuado. Antes, hubiera sido enredarse en una situación muy conflictiva. Que Santos arregle el entuerto, que para eso es bueno.

El presidente herido en su amor propio, fue lo suficientemente calculador para no responder de inmediato a los insultos que semana a semana venían desde la más alta investidura de su país vecino. En su lugar, darle donde más le duele: dañar su credibilidad ante sus colegas. Que la OEA no fuera el escenario jurídicamente adecuado para estas acusaciones, no importa. Lo importante era dejar desnudo al emperador, algo políticamente en sintonía con sus objetivos.  Al final que se pierda dinero y que algunos empleos se pierdan en Colombia es un precio bien pagado al ver al embajador venezolano en la OEA inventando películas de vaqueros y al gobernante venezolano obligado a combatir -aunque sea discretamente- a la guerrilla que asesinara a su padre.

Del otro lado, no se esperaban la jugada, pero son buenos tácticos y saben que en toda amenaza existe una oportunidad. Todo conflicto internacional es conveniente a sus intereses. Ahora cuando hay una elección y los temas de gestión interna del gobierno no ayudan a sumar votos, no puede desaprovechar la pelea con el país vecino. Romper relaciones es una jugada dura, pero menor que una declaración de guerra. Lo importante es que resulte lo suficientemente escandalosa para que internacionalmente sea más significativo el estado de las relaciones bilaterales que el debate sobre si está o no en Venezuela la guerrilla colombiana.

En lugar de coordenadas de campamentos y guerrilleros bañándose en Caroní Chico, las consecuencias de la ruptura es lo que saldrá en las primeras páginas. También habrá menos espacios para denuncias de contenedores de comida podrida, de empleados públicos en huelga o de calles trancadas por transportistas que a manos de algún malandro perdieron a un compañero.

Hay que armar bastante alharaca con este aquelarre, que siempre conviene y si la MUD, pide sensatez, diremos que son enemigos de la patria. Quizás sea la ocasión dorada también para meter preso a los gobernadores fronterizos. Cachicamo trabaja pa´lapa, habría dicho el ex presidente Herrera.

Que al final la gente se embrome, es un detalle menor.


*Politólogo


 
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