Cómo recuperarse de una revolución

Leonor Filardo
cedice@cedice.org.ve

@cedice

Cualquier reconstrucción amerita reformas profundas y rápidas

En este mismo espacio analicé el auge y caída de una revolución bajo la óptica de Carroll Quigley, autor del libro Evolución de la Civilización, donde consideran diferentes etapas: expansión, conflicto y decadencia. En la expansión toda sociedad desarrolla un instrumento para acumular un superávit que le permita crecer, pero para que sea real, debe ser invertido en innovaciones acompañado de políticas económicas sostenibles. Si el conjunto no está presente, el crecimiento no es posible. En las actuales circunstancias del país, mis lectores insistieron en que desarrollara más el tema:

En los 80/90 la Unión Soviética despilfarraba los recursos en burocracia, corrupción, en financiar pérdidas de empresas estatales y exportar su revolución. Su objetivo era devastar al sector privado. Destruyó la planta industrial, la infraestructura. En los 80 se agotaba la producción petrolera, siderúrgica, agrícola y eléctrica, dando lugar a frecuentes apagones. Ello generó gran escasez de artículos esenciales y alimentos. Al agotamiento productivo se sumó la caída estrepitosa de los precios petroleros en 1986, induciendo hiperinflación y el colapso económico en 1989, que llevó a la disolución de la URSS en 1991. Sus países miembros se independizaron y tomaron caminos diferentes. Unos reinventaron el instrumento de expansión, otros instauraron la izquierda democrática y otros el comunismo.

El primer grupo fue el más exitoso. Estonia seleccionó un plan cuyo objetivo central era adoptar las leyes que garantizaran el respecto a la propiedad y a la inversión privada y la liberación de su economía, ocupando el lugar 16 en el índice de la libertad económica. Georgia y Lituania siguieron el mismo camino. Por siete años el crecimiento de estos países fue estelar, alcanzando un promedio de 7,5%, y su tasa de inflación entre 4% y 7%. Es claro que las libertades políticas y económicas constituyen el instrumento de expansión más efectivo, pues además de su completa reestructuración hacia la modernidad, a pesar de que en 2008 fueron afectados por la crisis financiera mundial, según el FMI, sus reformas, su fondo de estabilización y su reacción inmediata en corregir los desequilibrios, sentaron las bases para una recuperación bien encauzada.

Carroll Quigley, autor del libro “Evolución de la Civilización”.

En Rusia era difícil estimar los daños causados por la revolución porque las estadísticas eran manipuladas. Una vez ordenadas, mostraron una contracción del PIB de 24% e inflación de 1.192%. Solucionar el colapso abruma. La caída de los ingresos petrolero dejó en evidencia el fracaso del sistema comunista/socialista que destruyó la economía. La alternativa era hacer cambios drásticos sujetos al financiamiento de los mercados de capitales internacionales, lo cual solo era posible si se comprometían a ejecutar transformaciones profundas como las de Estonia. Yeltsin, su presidente, solicitó la asistencia de los organismos multilaterales. Ejecutaron políticas para controlar la inflación y la inestabilidad cambiaria. Siguieron reformas estructurales en el manejo de la política monetaria, fiscal, sistema financiero, institucionales, mecanismos legales para restablecer y proteger la propiedad privada y liberación gradual del comercio. Pero el camino ha estado plagado de enfrentamientos políticos, económicos y sociales porque es difícil para sus líderes reconocer el fracaso de la revolución y adaptarse a alternativas opuestas.

Abrirse a Occidente ha sido un reto. Diez años después logró avanzar (la economía creció un promedio anual de 7%, la inflación bajó a 10,6%). Con la subida abrupta de los precios petroleros que se inició en 2004, las autoridades practicaron una estricta disciplina fiscal alcanzando superávit, redujeron el nivel de su deuda, ahorraron buena parte de los excedentes del boom petroleros en un fondo y sus reservas internacionales alcanzaron $661.000 millones en 2008. Cuando la crisis mundial estalló y los precios petroleros cayeron nuevamente, Rusia estaba mejor preparada para enfrentar la crisis. Pero los países tienen su historia y las tentaciones de mantenerse en el pasado están enraizadas. Un efecto perverso fue pasar del comunismo a la izquierda democrática acompañada de un mercantilismo salvaje donde grupos poco escrupulosos se apoderaron de las principales empresas. Por ello, cualquier reconstrucción amerita reformas profundas y rápidas porque si no se corre el peligro de frenarlas y acabar con el instrumento de expansión como en Rusia, Uzbekistán y Turkmenistán.

 
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