En vez de amenazar, pensar

Carlos Lozano

Carlos Lozano

Caminando con Carlos

Carlos Lozano
carlos@carloslozano.com

Nadie puede discutir el carismático discurso de Chávez ni lo claramente acertado de algunas de sus propuestas aunque caiga siempre en no proponer lo bueno sino querer imponerlo, que es diferente. Conmigo o contra mí no es una opción democrática, ni siquiera revolucionaria. Es una posición excluyente y sorda a opiniones, incluso a las que terminan siendo importantes y necesarias. Excluir, entonces, es un paso hacia fallas y errores. La democracia es inclusión, es propender a la unión de todos en función de objetivos comunes. La revolución también, la diferencia es que en democracia se busca atraer por razonamiento, en las revoluciones se impone, se obliga.
No puede el Presidente tomar una decisión tan drástica que compromete a todos los venezolanos, como es la ruptura diplomática –la económica ya viene desarrollándose y causando problemas sin resolver nada desde hace un año- con un país vecino y de enorme y muy dinámica interrelación, sin consultar, sin discutir al menos con representantes de los diversos sectores del país.
No debe el Presidente anunciar tan grave decisión con un personaje tan poco serio y confiable como Diego Maradona a su lado. Una decisión de esa magnitud se anuncia al país junto con los representantes de los poderes públicos y con el alto mando militar. Mucho más formal y correcta, por ejemplo, fue la posterior exposición del vicepresidente Elías Jaua. Pero al mismo tiempo -además de que hubiera sido lógico que el gobierno, con ruptura o sin ella, abriese de inmediato una muy seria investigación para determinar la realidad o falsedad de las denuncias colombianas, aunque sólo fuera para salvar apariencias- es decepcionante que el Presidente siga dejando de lado las soluciones reales a problemas de extrema gravedad que están perjudicando a los venezolanos.
Los guerrilleros asentados en territorio venezolano, por ejemplo, no son sólo un tema de política y relaciones bilaterales -además de una clara invasión del territorio- sino una parte muy importante de un gravísimo problema que nos afecta a todos, la inseguridad ciudadana.
El tema escandaloso, aberrante, de la mezcla de corrupción, incompetencia e indolencia criminales que ha producido millones de kilogramos de comida podrida, no sólo sigue vigente sino que hay la sensación de que el gobierno no quiere castigar a los responsables de ese sacrilegio. Además de los otros grandes y persistentes problemas, incluyendo las consecuencias económicas y sociales que han venido trayendo a miles de venezolanos las diferencias entre los presidentes de ambos países. Pasa el tiempo, pasan las oportunidades, y el Presidente en vez de detenerse un momento a meditar, a consultar, a analizar, mantiene un lenguaje guerrerista y excluyente, implacable y sordo, ciego a realidades que día a día desmejoran más su propia imagen.

 
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