La gran globoverdad

Clodovaldo Hernández
clodoher@yahoo.com

El comunicado es una joya de lo que podríamos llamar la realpolitik aplicada a la prensa

La libertad de expresión es, en realidad, una propiedad. No pretendo presentarlo como un gran descubrimiento, pero es necesario decirlo porque a veces se olvidan las verdades más elementales. El giro que ha tomado el caso Globovisión-Banco Federal está demostrando este paradigma.

El comunicado de los propietarios de la televisora de presuntas noticias es una joya de lo que podríamos llamar la realpolitik aplicada al mundo de la prensa. Si alguna vez este canal dijo la verdad desnuda y descalza, inapelable y sin anestesia fue cuando emitió esta declaración pública. Todos los estudiantes de Comunicación Social; los periodistas sub-30; los periodistas ya maduros pero adrede inocentones; y los no periodistas que creen ser expertos en periodismo porque ven mucha TV deberían leerlo. Es una clase magistral acerca de esta industria.

Hagamos abstracción del tono radionovelesco -años cincuenta- que le imprime el locutor Juancho Fígalo y analicemos la esencia escrita del comunicado. Lo que dice, traducido al lenguaje de calle es: Aquí manda el dueño y punto. Los intríngulis estatutarios que revela el remitido nos dan cuenta de que ni siquiera los propietarios menores tienen derecho a opinar sobre la línea editorial en ese templo de la libertad de prensa.

La declaración también nos explica cómo es que en realidad Globovisión no es de nadie pero sí es de alguien, en una clásica ficción leguleyesca muy propia de los que no tienen un pelo de tontos. La planta es de una empresa que a su vez es propiedad de varias empresas, que son propiedad de otras empresas y así probablemente hasta las islas Caimán. Al final, claro, la mamá de todas esas empresas es propiedad de un ser de carne y hueso y ¡ése!, es el dueño de la línea editorial. O sea, -estimados estudiantes- que las centrífugas de la libertad de expresión sirven para evitar embargos, reducir impuestos, abortar contratos colectivos y cuestiones así por el estilo, pero a la hora de decidir, el jefe tiene forma inequívocamente humana, grita y manotea la mesa.

Tras los globos de ensayo (¡vaya ironía!) arrojados por el comandante Chávez sobre quiénes serán sus representantes en el directorio de la televisora, ésta dejó claro que ni siquiera un accionista minoritario puede meterse en esa directiva, a menos que sea ungido por el chivo que más orina.

Si en tan precaria situación se encuentran los dueños menores, ¿qué queda para los usuarios, la sociedad civil, pues? Olvídese, amiga, amigo, siéntase representado por el embajador Castillo, que para eso es el gran ciudadano.

¿Y qué me dicen de los trabajadores? Nada, Juancho, no te metas coba, hasta el vozarrón Ese es del accionista mayoritario.

 
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