Leyendas urbanas: la necrofilia chavista

Saúl Godoy Gómez
saulgodoy@gmail.com

El rumor y la leyenda urbana han sido insistentes, desde que Chávez se adueñó del poder, no han dejado de correr las historias de los santeros cubanos instalados en Miraflores, de ritos satánicos y orgías iniciáticas realizadas en cuartos del Palacio, bajo llave y custodiados por anillos de seguridad que nada ven, nada oyen y nada dicen, de sacrificios de animales, de ofrendas costosísimas a los muertos que los paleros tienen como protectores, …los inesperados y secretos viajes de Chávez a Cuba, se dice, es para participar en “trabajos” que requieren de su presencia, ritos estos que supuestamente le dan un poder extraordinario sobre el pueblo venezolano y mantienen a sus enemigos en jaque; pero, repito, nada de esto ha sido probado ni documentado, pareciera más bien una mentira mediática de la oposición imperialista, o una estratagema, para desacreditar al líder máximo de la revolución, por parte de la iglesia troglodita, temerosa de perder su ascendencia sobre las almas de nuestros connacionales.

Pero dentro del espíritu jungiano, si las piedras suenan es porque el agua corre, y detrás de las espeluznantes historias de magia negra y ritos afroamericanos, de tambores, alcohol y tabaco, de gallos degollados, ramazos y cópulas a la medianoche, entre velas e invocaciones a Changó, hay un sustrato que sí podemos recoger como cierto de la vida pública de Chávez.

La invocación de la muerte

La primera nota a destacar es la presencia de la muerte en sus discursos y en sus actos, incluso en sus omisiones, pero no sólo la muerte como un riesgo profesional de un militar, sino como objeto de culto y perpetua contemplación de un hombre que adora a los hombres y mujeres muertos, los exalta, y los trae a la vida en sus discursos y manipulación simbólica, los sienta en su mesa, se rodea de sus imágenes, de sus objetos, los pasea en caballos que nadie monta, les reza, dialoga con ellos como si fuera un médium en trance, le rinde honores a la tierra que se hace traer de sus cementerios, les erige cenotafios, les manda a investigar las causas de sus decesos… pareciera más una obsesión, una enfermiza fijación que se ve reflejada igualmente en el horror a su propia muerte, en las innumerables conspiraciones para asesinarlo que ha denunciado, en su exagerada dedicación a su seguridad personal, en el miedo que siente a quedarse solo y al descubierto entre la multitud.

Pero también la muerte es parte de su promesa al enemigo, el exterminio que anuncia cada vez que puede a sus enemigos políticos, barrerlos, freírlos, aniquilarlos, arrasarlos… la muerte es el único ofrecimiento posible a quienes piensan diferente, a quienes no pactamos con el comunismo ni bajamos la cerviz a sus mandatos irracionales.

La muerte igualmente la ofrece como premio a sus seguidores, la muerte por la causa, la muerte revolucionaria, el último gran sacrificio de los socialistas y por la patria; como si fuera Hassan Ibn Sabah, el Viejo de la Montaña en los tiempos de Marco Polo, exige de sus huestes la muerte al estilo de los guerreros espartanos y de los héroes de nuestra historia militar; la muerte exaltada como un acto de amor en la lucha por la justicia social; la muerte como resultado necesario de la defensa de la revolución, por ello es que hace de las masacres de civiles indefensos, un acto de honor y levanta estatuas a sus perpetradores, por ello encubre terribles asesinatos a funcionarios y a camaradas para luego hacerlos héroes del proceso o mártires de las luchas en contra de las fuerzas del endemoniado capitalismo. Dentro de esta misma tendencia debe verse la cordialidad y el trato distinguido que se le da a terroristas, asesinos y torturadores, los chavistas tienen una debilidad por grupos y personalidades que se han distinguido en su “lucha” en contra del imperio, aunque la misma signifique sacrificar al por mayor a gente inocente.

Entre la muerte y la superstición

La muerte le es tan fundamental que necesita rodearse de ella como escenario y como forma de control político, de allí que las estadísticas criminales del país se hayan incrementado de manera tan inconcebible durante su mandato, la muerte en las calles, la delincuencia desatada y sin restricciones, la impunidad y la instigación constante a delinquir… la muerte de la ciudadanía es tan necesaria para este comunismo impuesto como el agua lo es para los peces, necesitan de ese olor a podrido, de las enfermedades, la mala praxis médica, la falta de asistencia sanitaria, las morgues a punto de reventar con cadáveres en descomposición… los mal pensados podrían figurarse que son parte de las ofrendas que el líder necesita hacerle a las fuerzas del mal que lo protegen, de la misma manera que su adorado Fidel ha derrotado a la muerte hasta convertirse en un zombi… pero no, no nos podemos hacer eco de esos espeluznantes rumores de que la profanación del sarcófago del Libertador Simón Bolívar, en horas de la madrugada, fue un encargo de los santeros cubanos, por unos pocos millones de dólares, para preparar, con parte de la osamenta del Padre de la Patria, el conjuro mayor, que le aseguraría a Chávez su permanencia en el poder y su protección para siempre… una cosa es su afición a la necrofilia y otra, tamaña barbaridad, producto de unas primitivas creencias arcaico-endógenas, y de un zambo asustadizo, que se cree un hombre kariña, en este alucinado y atormentado trópico.

 
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