Los “lobos solitarios” del deporte

Louis Oosthuizen, un sudafricano, virtualmente desconocido que ganó el Open Británico.Raúl Fain Binda

Un señor sudafricano, virtualmente desconocido, ganó el Open Británico.

El golf no es el tema de este trabajo, o al menos no es el tema principal.

En realidad, queremos hablar de la soledad de algunos deportistas. Si lo hacemos a partir del golf es por conveniencia informativa.

El sudafricano Louis Oosthuizen, apodado Shrek (por la brecha entre sus dos dientes más visibles), ganó en forma rotunda el Abierto Británico de Golf, en St Andrews, con una ventaja de siete golpes sobre su perseguidor más cercano.

Pocos conocían a Oosthuizen. A los 27 años, había participado antes en ocho “majors” o torneos del Grand Slam. En siete de ellos no pudo pasar el “corte” (o sea que debió retirarse al finalizar el segundo día) y en el restante finalizó 73°.

A pesar de sus antecedentes mediocres, el sudafricano completó su victoria con una serenidad admirable.

Mantener la calma ante esos dos farsantes, el éxito y el fracaso, es una hazaña que exige un total aislamiento de las presiones exteriores.

Lo más fácil es que la responsabilidad nos ahogue.

En el Open de 1999, en Carnoustie, el francés Jean Van de Velde sólo necesitaba seis golpes en el hoyo 18, de par 4, para ganar el torneo.

Sí, claro. Como usted ya adivinó, el pobre hombre, que hasta ese momento había jugado en forma magistral, se ahogó y sólo embocó el hoyo en 7 golpes.

Y en 2005, en Wachovia, Sergio García comenzó la última jornada con una ventaja de seis golpes… pero no ganó el torneo.

Los lobos solitarios suelen mantener este difícil equilibrio con relativa facilidad.

La serenidad de Oosthulzen, en circunstancias que enervan incluso a los grandes campeones, nos hizo recordar una de las descripciones más famosas en la historia del deporte, que John Updike dedicó al gran beisbolista Ted Williams, tras asistir a su último partido para los Red Sox de Boston, en 1960:

El béisbol es otro

Deporte solitario

“Para mí, Williams es el clásico pelotero, en un ardiente fin de semana de agosto, ante una pequeña tribuna, cuando lo único en juego es la sutil diferencia entre una cosa bien hecha y una cosa mal hecha”.

Lo único en juego es la diferencia entre algo bien hecho y algo mal hecho.

Conviene insistir en esto, porque también describe muchos de nuestros desafíos en otros órdenes de la vida.

El escritor John Updike (1932-2009) era apasionado del golf. Nadie como él para explicar el misterioso encanto de un deporte “que necesita, para ser apreciado, ser jugado”. Y lo decía él, que sólo veía los “majors” en televisión.

“Mientras recorre las aventuras de un partido de golf, el cuerpo humano, como el de Alicia en el País de las Maravillas, experimenta una relatividad intoxicante, enorme en relación a la pelota, pequeño en relación al campo, exactamente proporcionado al de los otros jugadores”, escribió Updike.

El golf es uno de los grandes deportes “solitarios”, refugio de la persona que se mide a sí misma en plena naturaleza, sin utilizar el metro de un adversario.

Otro deporte solitario, aunque de equipo y ante una multitud, es el béisbol, “con su actividad intermitente, su campo inmenso y tranquilo, salpicado por expectantes hombres de blanco, su matemática desapasionada”, decía Updike.

El fútbol, en cambio, favorece el impulso gregario en los jugadores de campo, reservando únicamente la portería para los solitarios, los “diferentes”.

(Aunque convendría analizar si el lateral izquierdo no es, también, un lobo solitario.)

El bateador del béisbol, cuando golpea un jonrón, debe completar la jugada, recorrer las bases en (relativa) soledad. El goleador del fútbol, en cambio, se funde de inmediato en la celebración, con sus compañeros y la tribuna.

O consigo mismo, como prefiere Cristiano Narciso Ronaldo, tan enamorado de sí mismo que paga a la madre de su hijo para que renuncie a ser la madre.

(Mucha gente tiene la errónea impresión de que CR9 es sociable, pero todo indica que se trata de un lobo solitario, como tantos genios deportivos.)

El golf eleva su popularidad

La televisión ha elevado la popularidad del golf, arrancándolo de los clubes exclusivos, poblados por barrigas misóginas y más o menos racistas.

Ningún deporte ha mejorado tanto, para el televidente, como el golf, nos dice nuestro informante Updike.

“Cuando asistimos a un torneo en persona, muy rara vez estamos en un buen lugar, donde se eleva el rugido cuando el putt de un eagle se escurre en el hoyo”, decía.

Es curioso, pero el espectador in situ está constreñido en la inmensidad de un campo de golf, mientras que se siente liberado en el ámbito mucho más reducido de un estadio de fútbol.

Un término medio sería el tenis.(intertítulo)

Los tenistas nos parecen sociables, a pesar de que casi siempre juegan partidos en forma individual, contra otro individuo.

Pero es que el tenis es un diálogo con otra persona, mientras que el golf es, o me parece, un monólogo, un soliloquio, y un partido de fútbol sería una plática con amigos en el café.

 
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