SE LLAMABA SANTIAGO Y LO BAUTIZARON SIMON *

Charito Rojas

Charito Rojas

Tormenta de julio caía sobre Caracas al anochecer de aquel 24 de julio de 1783. Ríos de agua engordaban las quebradas que surcaban la colonial ciudad, cuyos no más de 40.000 habitantes dormitaban ya a la luz de los candiles con aquella sonora tempestad. Pero otro foco de bullicio se oía: un ir y venir de personas y carruajes, un rumor de angustia y alegría al mismo tiempo. La joven señora María Concepción Palacios y Blanco, esposa de Don Juan Vicente Bolívar y Ponte, estaba en trabajo de parto desde horas de la mañana. Al filo de la medianoche, se anunció el nacimiento de un niño, cuarto hijo del matrimonio, que llevaría por nombre Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios.

Escogiendo nombre…y fecha

Muchos años después, Simón Bolívar explicaría así el origen de su nombre a su amigo y edecán Ramón Florencio O´Leary: “Mi padre que era más bien radical y poco de los rituales de la Iglesia, quería darme el nombre Pedro, el Apóstol Mayor, el de “eres piedra y sobre esta piedra edificare mi iglesia”; pero Simón es un nombre que en la familia es más como una enfermedad de lo mucho que se repite. Una enfermedad de verdad también, porque lo llevaban tanto mi quinto abuelo Simón de Bolívar el Viejo, el primer Simón Bolívar, y mi cuarto abuelo, Simón Bolívar el Mozo, como el primer Bolívar en Venezuela. Como ambos eran a cual más de locos, esto me deja a mí como Simón Bolívar el Niño, en su digna compañía, y para muchos, más loco que los viejos Simones”.

Lo cierto es que el mismo Bolívar parece confirmar que la fecha real de su nacimiento fue el 25 y no el 24 de julio. En carta dirigida a su pariente e íntima amiga Fanny du Villars dice: “Mi abuelo, como Alférez Real que era, se comportaba como un viejo requeté godo y sumamente beato, e insistía que mi padre me diera el nombre del santo del día en que realmente nací, el 25 de Julio, o sea el del apóstol Santiago, el más chapetón de los santos, ya que es el único que lleva la Santidad en el Nombre y por tanto nunca se le dice San Santiago”. En otra oportunidad le manifestó a su edecán O´Leary: “Ahí mismo mi padre me cambio mi fecha de nacimiento a la del día anterior, 24 de julio, para zafarse del nombre Santiago, y para quitarse de encima a mi abuelo que por beato que fuera, no iba preparado para tamaña argucia ni se sabía tanto el Martirologio Romano como para poder chistar… Allí mismo también empezaron mis problemas con la familia Palacios: pero, me llame Simón… y no nací el 24 sino el 25 de Julio”. La palabra de Bolívar vaya adelante.

Pero después de la batalla naval del Lago de Maracaibo, el 24 de julio de 1823, cuando definitivamente fueron expulsados los españoles de Venezuela, se hizo referencia expresa a esa fecha como natalicio del Libertador y así se quedó definitivamente para la historia.

El pequeño mantuano

Hijo de familia principal, mantuana hasta la médula, rico por rama paterna y materna, Simón contaba entre sus antepasados militares, músicos, políticos, regidores y religiosos. Poseían casas en Caracas, La Guaira, haciendas en los Valles de Aragua, minas en Aroa, hatos y numerosos esclavos. Cuando estas dos poderosas familias mantuanas, los Bolívar y los Palacios se unieron por el vínculo del matrimonio, María de la Concepción tenía 15 años y el Coronel Juan Vicente Bolívar era 32 años mayor que ella. Sin embargo, hubo amor en ese matrimonio, eran una pareja bien avenida según todos los testimonios. El era buenmozo, rubio, poderoso, un gran señor. Ella respiraba dulzura y alcurnia. La describen como una mujer hermosa, de tez blanca y ojos negros, con largas pestañas; de ademanes pausados, amante de la música como buena Palacios, tocaba muy bien la flauta.

Se casaron en Caracas el 30 de noviembre de 1773 y establecieron su hogar en una casona ubicada casi frente a la Plaza de San Jacinto, a una cuadra y media de la Plaza Mayor. La importancia de la familia en la sociedad colonial se medía por la cercanía de su residencia al punto central de la ciudad, alrededor del cual se establecían el Cabildo y la Iglesia. La casa era herencia de la abuela paterna, doña Petronila de Ponte y Marín de Bolívar. Tenía más de 200 metros de terreno, dos patios internos y caballerizas, numerosas habitaciones. Por el fondo se comunicaba con la casa del padre de María de la Concepción, Don Feliciano Palacios y colindaba con el convento de San Jacinto. Allí nacieron los cinco hermanos Bolívar Palacios: María Antonia, Juana, Juan Vicente, Simón y María del Carmen, esta última hija póstuma de Juan Vicente Bolívar, fallecida a las 12 horas de su nacimiento.

Tal y como se estilaba en la época, el bebé Simón fue bautizado a los pocos días de nacido. La ceremonia se efectúa en la Catedral de Caracas, en la Capilla de la Santísima Trinidad, propiedad de la familia Bolívar, el día 30 de Julio de 1.783. Su padrino de bautizo era Don Feliciano Palacios y Sojo y el padrino de confirmación su tío materno Esteban Palacios y Blanco. El Doctor Don Juan Félix Jerez y Aristeguieta fue el sacerdote oficiante. Por cierto éste último, pariente cercano de María Concepción, legó a Simón toda su fortuna, cuando el niño contaba apenas 18 meses de vida: una casa en la esquina de las Gradillas, entre la catedral y el palacio del obispo, las haciendas San José en valles del Tuy, La Concepción en el valle de Taguaza, y Santo Domingo de Guzmán en el valle de Macayra, en total, 95 mil árboles de cacao y los respectivos y numerosos esclavos. Esta herencia obligaba al heredero a bautizar a su primogénito con los nombres y apellidos de Juan Félix Bolívar y Aristeguieta, sin contemplación del apellido materno, y a casarse “con persona noble e igual, a gusto de mis parientes y especialmente de sus padres y mayores”. Cuando el joven Bolívar regresó a Caracas recién casado con María Teresa Rodríguez del Toro, en 1802, la pareja se alojó precisamente en la casa heredada, antes de seguir hacia la hacienda de San Mateo.

Muchas madres

La mamá de Simón ya estaba enferma de tuberculosis (mal del que moriría el padre cuando el niño contaba apenas dos años de edad) y no pudo amamantar al bebé, por lo cual recurrió primero a su amiga Inés Mancebo de Miyares, quien recién había dado a luz. Luego, al trasladarse la familia a la Hacienda El Ingenio, en San Mateo, lo tomó a su cargo una negra de 30 años que estaba a punto de dar a luz: Hipólita, a quien Bolívar guardó un afecto de hijo por siempre, tal como a otra negra de la familia, Matea, apenas 10 años mayor que él pero que hizo de aya, compañera de juegos y ángel velador de aquel niño que quedó huérfano de padre a los dos años y de madre a los 9.

Otras mujeres se hicieron presentes en la vida de los niños Bolívar: sus tías Josefa y María Ignacia Palacios, siempre ayudando a su joven hermana viuda en la crianza de 4 niños revoltosos. Cuando muere María de la Concepción, con apenas 32 años, los niños son repartidos entre la familia según la voluntad materna: su abuelo Don Feliciano Palacios, casó a sus hermanas prematuramente antes de cumplir los 15 años de edad. Su madre de leche, la esclava Hipólita, se fue con su hermana María Antonia, y Simón junto con su hermano mayor, Juan Vicente, quedaron bajo la tutela del abuelo materno y padrino, Don Feliciano. Pero cuando éste muere, sus tíos Carlos y Esteban se disputan la custodia del niño, sólo para hacerse de su cuantiosa fortuna. De un lado a otro, Simón finaliza su infancia y llega a la adolescencia careciendo de hogar y afectos. De allí su temprana ida a Europa y el inicio prematuro de una vida plagada de éxitos y fracasos.

Así comenzó el camino a la ruina – y a la gloria – de quien naciera en cuna de oro y terminara muriendo lejos de su amada Caracas, enterrado con una camisa prestada.

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*  Titulo original: Nació el 25 y se llamaba Santiago

 
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