Una tragedia para un país no contar con alternativa

Leopoldo Puchi

Enfoque

Leopoldo Puchi
elepuchi@gmail.com

Flash ROJO

Roy Chaderton y la nueva ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, María Ángela Holguín, han cultivado durante años relaciones de amistad, lo que venía facilitando los contactos entre los dos países para restablecer el flujo comercial. Se supone que luego de la investidura de Santos se retomarán esos contactos.

Las relaciones de amistad ente Roy Chaderton y la nueva ministra colombiana, María Ángela Holguín, serán punto de apoyo para mejorar las relaciones.

Eventos como el Bicentenario o el natalicio de El Libertador deben ser celebrados con amplitud. En Venezuela existen diferentes visiones de nuestra historia. Hay lecturas conservadoras y otras revolucionarias. Todas deben expresarse. Pero lo que no puede privar son las visiones extremistas. Ni el culto cuasi religioso  bolivariano-cristiano, como pretende Freddy Bernal ni la destrucción de nuestros símbolos, como lo ha hecho Guillermo Morón con Manuela Sáenz.

Dos temas que debe evitar el Gobierno. El primero, estar hablando de guerra. Nadie la quiere. Lo lógico es hablar de defensa. Lo segundo es aprovechar la ocasión para endilgarle a toda la gente de oposición el calificativo de apátrida, en lugar de ampliar el campo de apoyo entre miles de votantes de la oposición que no comparten la posición de su dirigencia en esta materia.

En lo que tiene que ver con financiamiento, el Gobierno no puede meter a todos los desembolsos en el mismo paquete. Una cosa es la USAID y la NED, que funcionan con el Departamento de Estado y otra, universidades  u otras entidades que ayudan ONG sin fines políticos.

Flash NEGRO

La Iglesia hubiera podido jugar un extraordinario papel como mediadora en el conflicto diplomático de Venezuela y Colombia. Pero ella misma se excluyó de ese rol cuando recientemente su máximo representante, monseñor Jorge Urosa, pasó de una actitud moderada a una beligerante, y colocó a la Iglesia en la primera línea de combate de la polarización que vive nuestro país.

Hay gestiones que en lugar de ayudar perjudican. Esto es lo que ha ocurrido con los observadores electorales. El Senado chileno, al cuestionar el sistema electoral venezolano ha perturbado la posibilidad de que se realice una  observación electoral internacional el 26-S, actividad técnica muy especializada y que debe ser realizada de manera imparcial y no por militantes políticos uña  en el rabo como los son los parlamentarios de cualquier país.

Paulatinamente la ideología anticomunista se ha ido imponiendo en la oposición. Es una actitud conservadora, que enfrenta no al totalitarismo sino cualquier propuesta progresista. Si alguien cuestiona el capitalismo, eso es calificado de totalitarismo. Si se plantean comunas o si alguien se declara antiimperialista, es terror rojo. Por este camino vamos directo al franquismo, que sirvió de base ideológica al Copei de los años cuarenta, que acusaba a los adecos de comunistas.

Un debate se ha inciado en la oposición entre los partidarios de reconocer el pronunciamiento del CNE en septiembre y quienes piensan que sólo deben aceptarse los resultados si son favorables.

DESDE LA SALA SITUACIONAL

La pataleta de Uribe

Hay diversas hipótesis para explicar la decisión de Álvaro Uribe. Hay quienes sostienen que se trata de diferencias con Juan Manuel Santos en relación a la apertura diplomática hacia Venezuela. Otros ven una división de roles, el “policía bueno” y el “policía malo”. También hay observadores que consideran que es parte de un plan, un paso previo para un potencial asalto a nuestro país.

Hoyos

Tal vez la respuesta venezolana a la embestida de la Casa de Nariño no ha sido la más adecuada. No necesariamente se tenía que llegar a una ruptura de relaciones. Existían otros mecanismos para rechazar el insolente discurso de Luis Alfonso Hoyos. En varios aspectos, la política exterior venezolana se desnaturaliza al excederse, como ocurre al darle carácter “estratégico” a las relaciones con Irán.

La oposición

Sin embargo, lo que más llama la atención en esta ocasión no son los desaciertos del Gobierno sino la conducta de la oposición (Iglesia, partidos, medios, empresarios) que de manera inexplicable no sólo ha respaldado a Bogotá, y hasta validado una intervención, sino que además ha adoptado un enfoque que rompe con la tradicional doctrina de nuestro servicio exterior y de la Fuerza Armada en relación a la guerrilla colombiana, consistente en no involucrarse directamente en el conflicto armado del vecino país, no trasladar la guerra a nuestro territorio y el apoyo a una salida pacífica.

Alternativa

La pregunta en este caso es qué haría la oposición si llega al gobierno. ¿Declararía la guerra a las FARC? Si es así, y si esta posición va acompañada por el respaldo que se le ha dado a la instalación de las bases militares de Estados Unidos, hay que concluir que, en lo que respecta a la política exterior, la oposición no representa una alternativa viable, ni calza los puntos para dirigirla, ya que no se sitúa desde la perspectiva del interés nacional. Una verdadera tragedia para un país es no contar con una alternativa.

 
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