VIENTOS DE GUERRA

Manuel Felipe Sierra

FABULA COTIDIANA
MANUEL FELIPE SIERRA
manuelfsierra@yahoo.com

El 11 de septiembre de 1952, la fragata colombiana “Almirante Padilla” realizó ejercicios de tiro en la zona de Los Monjes en el Golfo de Venezuela. El gobierno de Bogotá alegaba que según el libro Límites de la República de Colombia, el área pertenecía a ese país ya que no existía opinión en contrario.

Marcos Perez Jimenez

Marcos Pérez Jiménez y la “Operación Caimán”.

Sin embargo, en junio de 1951 la Junta de Gobierno presidida por Germán Suárez Flamerich había emitido el decreto 240 que incluía el archipiélago en jurisdicción nacional.  Cuando en Caracas se conoció de las maniobras se activó la “Operación Caimán”. El teniente coronel Marcos Pérez Jiménez era miembro de la Junta y además ministro de la Defensa.  Félix Efraín Salas Izaguirre relata el episodio: “Pérez Jiménez hizo un balance del poder relativo de combate de las fuerzas armadas de Colombia con las nuestras, el cual planteó de la siguiente manera: Colombia poseía dos destructores y 5 fragatas, un mayor número de efectivos terrestres, reservas entrenadas y profesionales bien capacitados. Venezuela disponía de 4 corbetas en mal estado; mayor poder de fuego individual por la dotación de fusiles automáticos livianos (FAL) y una aviación muy superior con “camberras”, “venom” y “vampiros”.  Decidió llamar al servicio a las tropas excedentes, reforzar la frontera occidental y ocupar militarmente Los Monjes”. El 22 de noviembre el gobierno de Roberto Urdaneta Arbeláez reconocía: “Colombia no objeta la soberanía de los Estados Unidos de Venezuela sobre el archipiélago de Los Monjes y en consecuencia, no se opone ni tiene reclamación alguna que formular al respecto”.

Jaime Lusinchi

Jaime Lusinchi enfrentó la crisis por la incursión de la corbeta colombiana “Caldas” (1987).

En 1965 durante los gobiernos de Raúl Leoni y Carlos Lleras Restrepo se retomó el asunto a nivel de los ministros de petróleo para avanzar criterios sobre las reservas en el área ante la oferta de exploración y explotación de compañías extranjeras.  Finalmente  las comisiones técnicas consideraron incompatibles  los criterios delimitadores.

En los gobiernos de Rafael Caldera y Misael Pastrana Borrero se reiniciaron gestiones. Salvo la primera las conversaciones se celebraron en Roma. El negociador venezolano fue Carlos Sosa Rodríguez y su contraparte Carlos Gustavo Arrieta y luego Germán Zea. Los contactos saltaron a la prensa y las cancillerías de ambos países acordaron aplazar el diálogo. En 1974 los presidentes Carlos Andrés Pérez y Alfonso López Michelsen iniciaron un proceso de negociaciones. Jugaba a favor del acuerdo las relaciones personales y la identificación ideológica de los mandatarios, y la gestión oficiosa de Carlos Pérez Norzagaray, empresario colombiano con profundo conocimiento de los dos países. Durante meses se trabajó sobre la propuesta de López del “Condominio del Golfo” que suponía la exploración conjunta. Pérez sometió el proyecto  a consulta de los partidos; se produjo un intenso debate y al final privó el criterio de remitir el asunto a futuros gobiernos.

Hugo Chávez

El gobierno de Hugo Chávez rompe relaciones con Colombia.

La llamada “Hipótesis de Caraballeda” durante los gobiernos de Luis Herrera Campíns y Julio César Turbay Ayala se considera el esquema más equitativo para una salida al diferendo. La dirigencia política le ofreció un tácito apoyo pero se produjo el activo rechazo de grupos ultranacionalistas que contaminó la opinión pública.  El 28 de octubre de 1980 en una asamblea de más de dos mil oficiales de alta graduación en Fuerte Tiuna,  se leyó el acuerdo previo. El rechazo fue fulminante pero incluso fue más allá: se criticó el hecho mismo de “negociar con Colombia”.

Jaime Lusinchi debió asumir el tema con mayor discreción porque además de la resistencia de la opinión pública estaba reciente la repulsa militar a la propuesta Herrera-Turbay. En Colombia gobernaba Virgilio Barco y la dirigencia de ese país insistía en replantear el tema, mientras las relaciones se complicaban por los problemas en la frontera y la aparición del fenómeno del narcotráfico.  En agosto de 1987 la corbeta “Caldas” incursionó en aguas del Golfo. No era una presencia accidental sino que ella se vinculaba con un clima de agitación en Colombia que exigía el abordaje de la situación limítrofe.  Edgar C. Otálvora sostiene: “las autoridades militares venezolanas, en sus evaluaciones del día 12 de agosto, estimaron que el ingreso de la “Caldas” a aguas del sur del paralelo de Castilletes era una acción del gobierno colombiano buscando crear una situación prebélica que “internacionalizara” el conflicto limítrofe; el gobierno colombiano había tomado la iniciativa militar basada en la sorpresa por cuanto la corbeta realizaba actos de ejercicios de autoridad en aguas que Venezuela considera fuera de toda disputa”.  Luego de días de tensiones y negociaciones nerviosas en Caracas y Bogotá, el lunes 17 de agosto el presidente Barco leyó un mensaje que culminaba: “el gobierno colombiano debe reiterar, como lo ha hecho el día de hoy en mensaje entregado al embajador de Venezuela en Bogotá, su posición respecto  los derechos que le asisten en el Golfo de Venezuela”.

Ahora surgen  nuevos vientos de guerra. Las recurrentes fricciones entre los gobiernos de Hugo Chávez y Álvaro Uribe han dado paso a la denuncia del régimen venezolano ante la OEA por vinculaciones con la narcoguerrilla; y Chávez ha respondido con la ruptura de unas relaciones ya demasiado maltrechas. En este caso no está en juego el tema del Golfo ni tampoco las tensiones propias en una “frontera viva” cruzada de problemas. La explicación para un eventual conflicto armado es curiosa. Los venezolanos habrían de combatir en defensa de grupos guerrilleros que violan la soberanía nacional y que actúan no por razones políticas ni ideológicas sino como brazo armado del narcotráfico y el terrorismo. No siempre es fácil entender la historia y menos todavía la guerra.

 
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