¿Trapos rojos?

Juan Miguel Matheus

Juan Miguel Matheus
jmmfuma@gmail.com

@JuanMMathe

“La crueldad es bien usada cuando se ejecuta sobre todos de una vez,

por razones de autopreservación [del poder]”

(Nicolás Maquiavelo, El Príncipe)

Es bien conocido el principio maquiavélico de la economía de la violencia. La violencia, dice Maquiavelo, es lícita en política. En su uso reside parte de la virtud de los gobernantes. Si la preservación del poder lo requiere, entonces la violencia (crueldad) debe ser empleada sin vacilación. El florentino pensaba que hay usos correctos y usos incorrectos de la violencia. Por uso correcto entendía el dañar a un tiempo a todos los adversarios y/o sujetos que hacen peligrar el ejercicio del poder. El uso incorrecto, por el contrario, conduce a una dosificación del daño a los adversarios.

Hoy vemos a un Hugo Chávez que parece aplicar la economía de la violencia. Se ensaña contra todo y en contra de todos. Embiste cuanto se atraviesa a su paso. Puesto en clave castrense, el muchacho de Sabaneta tiene abiertos varios frentes en los cuales presenta batalla. Los ataques a la Iglesia, la ruptura de relaciones diplomáticas con Colombia y la toma parcial de Globovisión son situaciones que ocupan las energías de los personeros del régimen. A ello hay que sumar otros asuntos que, en el contexto del totalitarismo bolivariano, ya se han convertido en cuestiones de simple administración: más presos políticos, insultos y difamaciones, ventajismo electoral, etcétera.

Frente a lo anterior es común escuchar la siguiente afirmación: “Mantengamos el foco. No caigamos en los trapos rojos del régimen. Sigamos enfrentándolo en los temas que verdaderamente afectan su popularidad de cara a las elecciones del 26-S: inseguridad, crisis económica y Pudreval”. Pareciera que en nombre de la táctica y de la estrategia se deja de lado el talante destructivo de la revolución chavista, a la vez que se le atribuye a ésta un carácter meramente disuasivo en su accionar.

Pero si hay algo que está claro es el foco del régimen: profundizar el totalitarismo marxista. Eso lo lleva a actuar violentamente. No puede obrar de otra manera. A su alrededor sólo ve amenazas y enemigos. Por eso los confronta. Aspira destruirlos. Es verdad que Hugo Chávez luce en su peor momento. Y también es verdad que la oposición ha de procurar sujetarse, en cuanto sea posible, a estrategias más o menos permanentes en la lucha en contra del Gobierno. Ello no impide, sin embargo, que se preste atención a las arremetidas de turno de Hugo Chávez. Generalmente se trata de cosas muy serias. Cuando el régimen agrede no hace nada distinto a cumplir sus objetivos de devastación. Aunque la solución final al problema que representan cada uno de los factores agredidos se difiera en el tiempo y no sea definitiva, se les daña, se les debilita y se les coloca en posición de acabarlos cuando resulte oportuno. De modo que no son trapos rojos. Es la naturaleza confrontacional del régimen.

 
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