Fernando Alonso, ese lúgubre piloto

Raúl Fain Binda

Para simpatizar con Fernando Alonso conviene haber nacido en Asturias, y más precisamente en Oviedo, porque si viste la luz en Gijón ya la tendrás difícil.

Es dura, la vida del admirador de Alonso. Como piloto es excepcional, pero junto con la guinda hay que tragarse el jarabe de su mal humor casi constante, sus permanentes quejas sobre los mecánicos, los compañeros, los rivales.

También es difícil simpatizar con Ferrari, el equipo más poderoso de la F1.

Juntos, equipo y piloto, esta sinergia de humores negativos se hace arrolladora, en particular cuando quebrantan una norma del reglamento para ganar una carrera a expensas de Felipe Massa, el “compañero” de Alonso.

Un breve resumen de lo ocurrido en el Gran Premio de Alemania, en Hockenheim:

Massa marchaba primero, seguido por Alonso. Tercero, apretando, estaba Vettel, con su Red Bull. Alonso, sin poder adelantarse, alertó en código a su equipo de que estaba perdiendo la paciencia: “Esto es ridículo”, dijo. No hizo falta otra cosa.

Esas tres palabras sirvieron de revulsivo.

En la vuelta 47, el mecánico de Massa, el inglés Rob Smedley, que hasta entonces había transmitido mensajes de aliento, cambió de tonada: “OK, Fernando es más rápido que tú”. Y una vuelta más tarde insistió, para asegurarse de que Massa había recibido y comprendido el mensaje.

“Trabajo de equipo”

En el giro 49, Alonso, según dijo después, vio “la posibilidad” de adelantarse y la aprovechó. No agradeció a su compañero, tal vez porque eso habría dejado en evidencia que se trató de una orden de equipo, en vez de un lance deportivo.

\Massa, con un poema triste en el rostro, no se quejó abiertamente, refugiándose en su responsabilidad profesional, en el “trabajo de equipo”. (¿Se imaginan los lamentos de Alonso, de haber estado en su lugar?)

En el meollo del asunto está el artículo 39.1 del reglamento de la FIA, que prohíbe las órdenes de equipo que interfieran en el resultado de la carrera.

Esta norma fue introducida en 2002, después de un episodio similar en el que Ferrari ordenó a otro brasileño, Rubens Barrichello, que cediera su lugar al número uno del equipo, Michael Schumacher.

(En aquella oportunidad, la prensa española repudió en todos los tonos la actitud de Ferrari. Ahora, cuando beneficia a un español, presenta las quejas como una campaña orquestada de la prensa inglesa, que “odia” a Alonso y quiere proteger las chances de sus dos pollos, Lewis Hamilton y Jenson Button.)

Ferrari alega que no dio una orden de equipo, sino que señaló a Massa una circunstancia de la carrera. Esto no engañó a nadie, por supuesto, de modo que las autoridades multaron al equipo y la Junta Deportiva tomará cartas en el asunto.

Reglamento con forceps

Dejamos en claro que la norma del artículo 39.1 nos parece ridícula, ya que prohíbe algo que es totalmente natural en un deporte por equipos.

Esto tiene en la F1 una historia tan larga como la categoría. Ahora, por la imposición de la audiencia de televisión, que no comprende ni comparte los valores fundacionales de este deporte, se introduce una prohibición con fórceps.

Los italianos dicen que las cosas no son tan claras como parecen.

Hablan de “justicia natural” y recuerdan que Ferrari no “ordenó” nada a Massa, que en todo caso le “recordó” una circunstancia de la carrera. El razonamiento es defectuoso y entonces lo quieren reparar mencionando que Vettel, en la largada, realizó una maniobra desleal y peligrosa en perjuicio de Alonso, que no escandalizó a nadie.

La diferencia, claro, es que esa maniobra fue legal. El reglamento permite que un coche se cierre sobre la trayectoria de otro más retrasado… Es feo, tal vez “desleal”, pero no ilegal. Vettel, además, pagó esa supuesta deslealtad con el adelantamiento de Massa, que aprovechó el espacio, y también de Alonso, que llegó mejor ubicado a la curva.

Defensa italiana

Acorralados, los italianos dicen que “con el reglamento juegan todos”.

Recuerdan que en el Gran Premio de Turquía, después del encontronazo entre Vettel y su compañero Webber, estuvo a punto de pasar lo mismo entre Hamilton y Button. El actual campeón trató de adelantarse pero McLaren transmitió una advertencia: “Cuidado, que tienes poco combustible”.

La prensa italiana presenta esto como una orden de equipo, ya que Button tomó nota del aviso y se abstuvo de acosar a Hamilton.

Sí, Ferrari ordenó a Massa que dejara pasar a Alonso. Sí, la Junta de la FIA, de tener integridad, debería descalificar a Alonso y Massa, dar el triunfo a Vettel y castigar con más severidad a Ferrari.

Eso, de acuerdo con el reglamento, aunque el reglamento sea un burro.

El episodio no deja bien a nadie. Es como una de esas guerras de tortas entre los cómicos de las películas mudas, pero con tortas de grasa en lugar de crema.

Los españoles y los italianos señalan que las quejas más estentóreas llegan desde Inglaterra y Alemania, ya que la descalificación de Ferrari beneficiaría a Hamilton, Button y Vettel (olvidan mencionar al australiano Webber).

Los críticos insisten, recordando la contumacia de Ferrari en su violación de las normas deportivas.

Y Alonso, con su aspecto lúgubre y su supuesta falta de caballerosidad, es un blanco relativamente fácil.

El antecedente de Singapur

Kevin Eason, el comentarista de automovilismo del Times, recuerda hoy otra carrera que Alonso ganó a expensas de Massa: Singapur 2008, cuando el equipo Renault ordenó a Nelson Piquet Jr. que estrellara su coche para favorecer a Alonso, que siempre ha negado todo conocimiento de esa circunstancia.

Massa, que encabezaba esa carrera en el momento del “accidente”, resultó perjudicado con el ingreso del coche de seguridad y eso le costó probablemente el título de ese año, que perdió por un punto a manos de Lewis Hamilton.

Es una coincidencia por lo menos lamentable, sugiere Eason, esta presencia constante de Alonso en la desgracia de Massa.

Pero así son las carreras. Uno gana, otro pierde.

El problema, para Alonso, es su falta de gracia, tanto en la adversidad como cuando le toca la buena.

¿Pero un Alonso afable sería un Alonso campeón? ¿Nos importa esto?

 
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