Maradona, analista internacional

Clodovaldo Hernández
clodoher@yahoo.com

Tendremos suerte si el santo Juan Manuel no nos sale peor vecino que el demonio Uribe.

Presidente, ¿Santos no es del mismo grupo que Uribe?, preguntó Diego Armando Maradona, en una inesperada incursión en el periodismo no precisamente deportivo.

Fue una pregunta tan oportuna y relampagueante como la legendaria mano de Dios que tempranamente elevara al futbolista a las alturas celestiales. Con la sinceridad característica de los niños y los locos, el Pelusa -que algo tiene de ambos-, puso al Presidente en el trance de dar una respuesta diplomática (el clásico “sí, pero no”), él, que de diplomático tiene lo que Hermann Escarrá de modelo para cuñas de calzoncillos wonderbra.

Para efectos históricos, es necesario explicar que Maradona (sí, Maradona, el genial jugador que como director técnico no ha dado pie con bola), estaba al lado de Chávez justo en el momento en que éste hizo el anuncio de la ruptura de relaciones con Colombia. ¿Por qué? Bueno… porque así somos aquí, y punto. Pero lo importante es que el Diego le mandó aquel pase de la muerte a Chávez allí mismo, en el área chica del palacio de Miraflores. Y Chávez tuvo que admitir, entre regates y autopases verbales, que en tiempos no tan remotos Santos tenía tal fama de antivenezolano que hasta a Uribe le daba un poco de pena. Saquemos la cuenta.

El punto que pone en discusión la interrogante de Maradona es la clave de lo que viene de ahora en adelante: los venezolanos podremos felicitarnos por nuestra suerte si el santo Juan Manuel no nos sale peor vecino que el demonio Uribe.

Me cuesta creer que alguien en el alto Gobierno esté pensando en serio que el nuevo presidente colombiano es la luz al final del túnel para las relaciones bilaterales. Si existe tal persona es de presumir que padece lo que el profesor Alexis Márquez Rodríguez solía llamar “una ingenuidad rayana en la pendejería”.

El cómico episodio de la “presentación de pruebas” en la OEA -apenas aplaudido por una oposición local que dice vivir su mejor momento- no debería causar un efecto tan disparatado como el de pensar que Santos es nuestro pana. ¡Por favor! ¿No era Santos el ministro de la Defensa que se ufanaba de haber entrado a territorio ecuatoriano, cual río en conuco, para “dar de baja” a irregulares? ¿No fue en la administración de Santos como ministro cuando se concretó el acuerdo de las siete bases militares de Estados Unidos? ¿No fue bajo el mando de Santos que se usó indebidamente el emblema de la Cruz Roja y el logo de Telesur en una riesgosa operación militar?

Todas esas interrogantes se encuentran implícitas en la pregunta del Pelusa, quien -ahora que ha quedado desempleado en la albiceleste- podría meterse a analista de acontecimientos en pleno desarrollo. Cuide su puesto, don Walter.

 
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