Sabiduría saudita

Luis E. Giusti L.
lgiusti@csis.org

Durante décadas la imagen de Arabia Saudita ha sido asociada en las mentes de gran parte de la población global, con jeques multimillonarios, inmensas fortunas familiares, vidas extravagantes y despilfarro. En nuestra patria se acuñó el término “la Venezuela saudita” para referirse al país durante los tiempos del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, a partir de 1973, cuando los acontecimientos en el Medio Oriente quintuplicaron los precios petroleros y el gobierno nacional emprendió grandes planes y proyectos financiados por los ingresos extraordinarios resultantes. Con el correr del tiempo, la monarquía saudita fue haciéndose reconocida por tener las mayores reservas de petróleo convencional (280.000 millones de barriles), y se convirtió en pocos años en el país con la mayor capacidad de producción petrolera en el mundo.

Aunque actualmente produce 8.240.000 barriles por día (B/D) para así cumplir con su cuota OPEP, su capacidad de producción es de 12.000.000 B/D. Su reputación lo ha consolidado como el país que en la OPEP impone prudencia y juega el papel de moderador. La posición pública de la monarquía de un precio “óptimo” de 75 $/ barril, constituye la expresión numérica de esa prudencia.

Sin duda, esa posición está influida por la inestabilidad generada por la inmensa escalada del precio hasta 147 $/barril en el tercer trimestre de 2008, y su posterior colapso hasta 35 $/barril a principios de 2009, con los consecuentes problemas tanto para productores como para consumidores.

Recientemente, en una demostración de clara visión y sabiduría, el Gobierno saudita ha anunciado un gigantesco plan de búsqueda y desarrollo de gas natural. El argumento principal para tal iniciativa, es la vertiginosa escalada del consumo interno de energía, derivada del crecimiento poblacional y la intensa industrialización del país. Se han presupuestado 60.000 millones de dólares que se invertirán en los próximos 5 años, para elevar la producción de gas en 50%, de 10,2 a 15,5 millones de pies cúbicos diarios (MMPC/D). No lograr ese aumento tendría serias consecuencias para la economía y podría presentarse escasez de energía para la creciente población, con posibles consecuencias para la estabilidad política del país. Es más, si Arabia Saudita tuviera que abastecer esa creciente demanda con petróleo y además no implantara medidas de eficiencia energética, se estima que su capacidad para suministrar petróleo a los mercados internacionales, podría reducirse en una tercera parte en unos 20 años. Adicionalmente, aunque el país posee abundantes reservas de gas natural, la mayoría de ellas son de gas muy ácido, o sea con alto contenido de azufre, lo cual no solamente hace la explotación más difícil, sino que encarece mucho la operación y aumenta sus riesgos. El Mar Rojo ha sido identificado como la frontera exploratoria más importante. Allí la petrolera estatal Aramco ha registrado abundante sísmica y se espera iniciar perforación en aguas profundas dentro de dos años. También se adelantan actividades en el inexplorado extenso territorio del noreste del país, además de programas de avanzada y desarrollo en tres grandes campos de gas. Conviene mencionar que la mitad del volumen actual de producción es de gas asociado al petróleo, el cual tiene menores niveles de confiabilidad.

Con la decisión de avanzar a grandes pasos en la exploración y desarrollo de gas natural en gran escala, y de hacerlo con tiempo suficiente para resolver los grandes retos implícitos en esa tarea, los sauditas están demostrando una vez más su sabiduría. No obstante su inmensa capacidad petrolera, no se confían ni se detienen, sino que planifican atinadamente para el futuro a largo plazo de su pueblo y acometen las tareas necesarias.

 
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