Carro viejo

Yván Serra Díaz*

Muchos tenemos conciencia de lo que es ser dueño de un carro viejo.  Las largas horas en la vía esperando auxilio, ajustar el borne, encontrar al pana con el cable auxiliar para que  cargue la batería, llamar al mecánico de confianza, que ya es tu confidente,  para que te auxilie en la vía o resignarse a esperar la grúa. Cuando no es la correa del alternador, es la bomba de gasolina; si no es el carburador, es el arranque o una fuga en el radiador. El carro se accidenta siempre en el peor momento, vestido de smoking, siendo el padrino de boda donde ibas acompañado de tu mamá, tu novia y una de sus amigas, todas estrenando su traje de fiesta. La maldición de la Ley de Murphy se potencia cuando se tiene un carro entrado en años. Hasta el legendario grupo de rock brasileño Os Paralamas, cantaba “Coche viejo, coche viejo porque me deja en cada camino, yo no lo quiero tener”. La vida de un propietario de un coche viejo es  atender su carro. El medio de transporte pasa a ser el objetivo de su vida y a lo que dedica la mayor parte de su dinero y su tiempo.

Ahora bien, la razón de esta historia que traerá recuerdo a muchos de mis lectores, es que a veces tengo la impresión, al leer los titulares de la prensa independiente, que este gobierno parece cada vez más a un coche viejo. Cuando no son los apagones, es el agua contaminada de Valencia; cuando no es la falta de azúcar en los supermercados, es la protesta de unos transportistas por el asesinato de un compañero. Mientras los anaqueles se vacían por falta de reposición de inventario, se destapa el escándalo de los containers con toneladas de comida podrida. El número de huecos que se tapan en calles, avenidas, carreteras y autopistas, siempre son menos que los huecos que se abren. Las obras se inician para paralizarlas en la mitad, porque se agota el dinero.

Las soluciones a las crisis, siempre parciales, sólo son el preámbulo de la siguiente. La falta de dólares, la resuelven con más controles, la inflación aumenta y los inventarios se acaban.  Pragmáticos se pelean con dogmáticos; para el mal del país, escuchan más a Giordani o a Jaua que a Merentes. Nos acercamos cada vez más al mundo de la felicidad cubana. Si los dejan.

Será que la solución es en verdad el socialismo. Y si le colocamos unos spoiler al carro, será que deja de echar tanta vaina. O será mejor ir pensando en el carro nuevo. Veremos qué pasa el 26 de septiembre.


* Politólogo

yvanserra@gmail.com

 
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