Comunicación y diplomacia bolivariana

El canciller Nicolás Maduro

Orlando Ochoa Terán
o.ochoa@att.net

Por razones incomprensibles y nunca aclaradas, la diplomacia bolivariana desanda lo que hace y se desdice de sus pronunciamientos con tanta rapidez que, cuando no provoca hilaridad, luce como si sufriera de ataques de histeria.

La comunicación en la diplomacia equivale a la sangre en el cuerpo humano. Cuando quiera que la comunicación cese el cuerpo de la política internacional está muerto y el resultado puede ser un conflicto violento o una atrofia. Con este párrafo los académicos Christer Jönsson y Martin Hall abren una disertación titulada: Communication: An Essential Aspect of Diplomacy, preparada para la convención The International Studies Association que tuvo lugar en New Orleans en 2003.

En esta exploración los autores recuerdan que la comunicación diplomática implica transmisión de mensajes con significados que pueden ser verbales y no verbales o transmitidos a través de un lenguaje corporal que puede manifestarse desde gestos personales hasta la manipulación de fuerzas militares. En muchas instancias los gobiernos prefieren la comunicación no verbal porque ofrece la ventaja de la ambigüedad, una característica de la diplomacia que permite al mensajero rechazar una inconveniente interpretación. Por eso desde tiempos remotos se ha creído que la ambigüedad era constructiva y creativa.

Desde la antigüedad la designación de delegados eran oportunidades para transmitir mensajes no verbales. Una persona indigna enviada como dignatario de un Estado tenía una especial significación.

Mensajeros bolivarianos

Ninguna de estas sutilezas o mistificaciones han sobrevivido a la prosaica diplomacia que inaugura la revolución bolivariana caracterizada por ser la más adocenada e incoherente del continente. Los insultos personales y un ridículo sentido del humor adquieren un primer plano en el mundo y hacen del presidente Chávez uno de los más populares del nuevo milenio.

Voz y persona se abren paso en programas de TV y periódicos humorísticos hasta terminar ocupando espacios en grandes rotativos con algunas limitaciones. En ocasiones este tono es tan procaz que entra en conflicto con las normas de estilo y la línea editorial de la gran prensa.

Por muy noticioso que nos parezca a los latinoamericanos los adjetivos que el presidente Chávez le ha endilgado a Santos y a Uribe, tales como mafioso, paramilitar, cizañero o  narcotraficante, generalmente no son reproducidos por los grandes rotativos del mundo. Tampoco expresiones como aquella que indicaba que “Uribe se bajó los pantalones con EE UU” para referirse al acuerdo sobre las bases militares. Nicolás Maduro, el símbolo más emblamático de la diplomacia bolivariana, hace una semana se refirió a EE UU como el gobierno “malandro” que apoya a Colombia en una guerra contra Venezuela. El pasado miércoles en Mercosur anunció  con entusiasmo “que el conflicto diplomático con Colombia sería superado en los próximos días”.

Más allá de nuestra región pocas cancillerías comprenden que el jefe de Estado venezolano que insultaba hace poco al presidente colombiano y le advertía al candidato del gobierno que en caso de ser electo no lo recibiría porque sólo se relacionaría con un gobierno “decente”, es el mismo que después del triunfo de Juan Manuel Santos asegura que reanudará “relaciones constructivas” después de la toma de posesión que tendrá lugar mañana 7 de agosto.

Rugidos de ratón

¿Quién puede imaginar que toda esta delirante belicosidad del presidente Chávez tiene como causa primigenia el bombardeo colombiano de 2008 al campamento de las Farc en Ecuador, planificado y ejecutado por el hoy presidente Santos?  Por eso es pertinente la pregunta. ¿Qué fue lo que en realidad desató esta incontrolable iracundia? ¿La violación a la soberanía de Ecuador o la muerte de Raúl Reyes? El presidente Correa parece tener la respuesta con la reanudación de las relaciones con la Colombia de Uribe y su presencia en la toma de posesión del presidente Juan Manuel Santos.

¿Por qué una potencia como la de EE UU soporta con estoicismo insultos tan soeces como los que le inflige el presidente Chávez a sus presidentes? El Imperio Romano desarrolló sofisticados protocolos entre iguales o próximos iguales. Sin embargo, para relacionarse con los territorios bárbaros del norte lo romanos no formalizaron protocolo alguno. Esta es una realpolitik que ha llegado hasta nuestros días pese a que las convenciones internacionales digan otra cosa.

El poder concita respeto a otros con el mismo o semejante poder. La política exterior de autócratas, dictadores y tiranos está siempre al servicio de una personalísima política doméstica y cuando no atentan contra sus intereses, como es el caso venezolano, grandes potencias son condescendientes con estos intrascendentes rugidos de ratón.


 
Top