Estrategia: clave del castrismo

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

La publicación de sus memorias obedece a la voluntad de demostrar que él, Fidel Castro, es el  héroe indiscutido de la historia de Cuba pues todo dependió de su visión estratégica. La otra, es dar los últimos toques de su propia  estatua. El tercer objetivo es fijar en el imaginario de los latinoamericanos el carácter mítico  del guerrero invencible; modelo a seguir en los momentos en que el empeño de su estrategia es el de fomentar un foco de conflicto militar en la frontera colombo-venezolana.

Origen y motivaciones

El punto culminante de la cuidadosa puesta en  escena con la que ha debutado Fidel Castro en  su nueva fase de poder, es el anuncio de la  próxima salida de sus memorias. Haciendo gala de su legendario narcisismo y de su voluntad de control absoluto sobre personas y acontecimientos, es el propio Castro quien se ha encargado de reseñar la obra, dedicándole su última “reflexión”.

El título del libro es  La victoria estratégicaEstrategia es el término clave del castrismo, que por cierto su alumno más aventajado, el teniente-coronel Hugo Chávez emplea a menudo.  Para Fidel Castro – y eso le ha inculcado a su “heredero” – cada paso, cada gesto de su vida está sometido a la estrategia que se ha fijado desde los comienzos de su acción política.  Muchos analistas del tema cubano, incluso, historiadores, consideran que existe un antes y un después en la vida de Fidel Castro.  El de la primera fase de la revolución, la del joven idealista  motivado por un deseo sincero de realizar  una “revolución bonita”, y el segundo Fidel Castro, que optó por el estalinismo.  Basta remitirse a una cronología de su acción política desde los comienzos, en particular, desde el 1° de enero de 1959 para percatarse de que su manera de actuar estaba determinada por su narcisismo, su tendencia al absolutismo, a imponer su voluntad y a imponer una visión del mundo dictada por el resentimiento.  El hecho de haber nacido en un bohío, hijo natural de la joven criada sobre la cual ejerció el derecho a pernada el dueño de casa, el terrateniente,  pero analfabeta, – el gallego Ángel Castro-, padre del futuro amo de Cuba, casado y padre de varios hijos, es un hecho que Fidel Castro ha hecho padecer a Cuba y a América Latina, como una deuda contraída hacia su persona.

Resentimiento que se complementa  con el odio irracional hacia Estados Unidos.  Odio que se alimenta  de la envidia por no poseer el mismo poder, hecho que lo ha llevado a imitarlos en todo cuanto significa demostraciones de poder.  Si Estados Unidos dispone de los “Rangers”, Fidel Castro tiene  “Tropas Especiales, cuyas características y misiones corresponden a las de los “Rangers”.  Si existe la CIA y desarrolla un enorme poder a nivel global, Castro se dota de los servicios de espionaje y contraespionaje, que junto al sistema represivo, es uno de los grandes “éxitos” de su “revolución”.

El mito y la realidad

Un volumen de 800 páginas, pese haber contado con un equipo de escribas y de técnicos de la documentación, no se puede decidir de la noche a la mañana.  Es evidente que Fidel Castro ha hecho buen uso de su convalecencia, y que ha ido preparando cuidadosamente su “resurrección”, y es indudable que la publicación de La victoria estratégica forma parte de su actividad incansable de estrategia y de su constante actualización del “mapa estratégico” que se impuso como una meta, tal vez desde el momento en que su padre lo reconoció a los 17 años y desechó el segundo nombre con que lo bautizaron, Hipólito, y escogió el de Alejandro, seguramente inspirado en la  figura de Alejandro Magno.

El “mapa estratégico” lo mantiene alerta, evaluando a todo momento la marcha global de su proyecto y las iniciativas necesarias para llevar a cabo y cumplir con los objetivos que se han fijado.

La publicación de sus memorias obedece a la voluntad de demostrar de que él, Fidel Castro, es el  héroe indiscutido de la historia de Cuba pues todo dependió de su visión estratégica.  La otra, es dar los últimos toques de su propia  estatua que él ha ido esculpiendo a través de los años, tomándole ventajas a los historiadores, dejando sentada la lectura que se hará  de esa historia oficial:  la de un pequeño ejército integrado por guerrilleros que  venció a un ejército regular de 30.000 efectivos.  Versión que no se sustenta  con la realidad que consistió  en la entrega de un ejército desmoralizado al grupo de guerrilleros apoyados por Washington, como lo demuestran las memorias del entonces embajador de EEUU en la Habana, Earl Smith, que narra sus discrepancias con la antena de la CIA basada en La Habana que simpatizaba con los “rebeldes” y boicoteaba los informes del embajador en los que avisaba  a su jerarquía  acerca de la relación de Castro con los comunistas.  Washington abandonó a Batista tras la campaña de prensa que, gracias al célebre reportaje realizado en la Sierra Maestra por el periodista Herbert Matthews publicado en The New York Times (febrero 1957), desencadenó la prensa americana.  De hecho Washington decidió el boicot de armas a Batista y esa información le llegó a Castro vía un funcionario de la  embajada de Cuba en Washington que era militante del movimiento del 26 de julio.

Con las miras en 2012

El tercer objetivo de las memorias estratégicas de Castro, que deberían llamarse memorias militares, es fijar en el imaginario de los latinoamericanos el carácter mítico  del guerrero invencible; modelo a seguir en los momentos en que el empeño de su estrategia es el de fomentar un foco de conflicto militar en la frontera colombo-venezolana.

El instrumento de la estrategia castrista no es la de las grandes batallas que siempre son imaginarias, sino el estado de guerra latente que mantenga un estado de crisis permanente, que va horadando las instituciones hasta imponer el  poder y el modelo de régimen ideado por él.  Una sociedad dócil, sometida  y educada según los dictados del caudillo.

El objetivo estratégico pautado por Castro para Venezuela, al mismo tiempo que se mantiene  la atención sobre el foco bélico con Colombia, es el de las elecciones  del 2012.  Las legislativas del setiembre próximo, es un acto que forma parte del “mapa estratégico” que le otorgará la etiqueta democrática al régimen de Chávez.

La situación de la oposición venezolana es lo que en Francia se llama un conflicto Corneliano.  Si no participa en las elecciones se suicida, y si lo hace, le otorga el la legitimidad  de demócrata a un régimen que se dirige hacia el totalitarismo.

Dilema que requiere por parte de la oposición, el  despliegue de una estrategia muy sofisticada y descartar los análisis simplistas.

 
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