LA GRAN DISYUNTIVA

JESÚS HERAS –

Frente a la narcoguerrilla, el nuevo Presidente colombiano no dio muestra alguna de un eventual cambio de posición. Por el contrario, en su discurso inaugural, teniendo a su lado al mandatario saliente – algo inusual en cualquier parte del mundo- Juan Manuel Santos asumió el compromiso de mantener la presión militar sobre las mismas. Sin embargo, en cuanto a Venezuela, acusada por Colombia de dar cobijo a la guerrilla, Santos expresó su abierta disposición al diálogo. Quizás intuía que era el momento preciso para obtener del Presidente venezolano las mayores concesiones, no sólo con respecto a la narcoguerrilla, sino también en relación a los tratados militares de  Colombia con EE.UU. y la reapertura del comercio binacional. Si así era, todo ello lo logró.

Comprender las razones que impulsaron al Presidente a viajar apresuradamente a Colombia, apenas si requiere un repaso. La jugada maestra de Uribe, denunciando al gobierno venezolano, cuando menos se esperaba, de brindar hospitalidad y apoyo a la narcoguerrilla; la inesperada transformación de sus principales aliados en simples “mediadores”, hecho que lo llevó a cancelar su viaje a Unasur y, finalmente, la demanda penal en su contra, introducida ante la Corte de La Haya por familias afectadas por la guerrilla, asistidas emblemáticamente por el abogado de Álvaro Uribe, lo convencieron de que había llegado la hora de “echar tierrita”.

Sumémosle a lo anterior, la posición de la Iglesia católica, expresada por el Cardenal Jorge Urosa Savino, obviamente respaldada por El Vaticano, y el testimonio rendido ante el Senado de EE.UU. por el Embajador Palmer, sobre la desmoralización de las FAN venezolanas, posición luego avalada por el Departamento de Estado de ese país, y comenzamos a comprender la dimensión del cerco internacional que había surgido frente a los excesos del Presidente venezolano. De allí su presurosa disposición al diálogo.

Suponemos que para que Hugo Chávez advirtiera suficientemente el peligro que lo acecha, hubo de intervenir el redivivo Fidel Castro, transfigurado en profeta, alertando a los cuatro puntos cardinales sobre las consecuencias de un eventual holocausto en el Medio Oriente, claro, para que la gente olvide que como Venezuela, Cuba está arrinconada, moral y económicamente, y que igualmente debió “echar tierrita”, llamando a la Iglesia como mediadora, para que soltando a algunos presos, no se le muriera Fariñas, y para que  al amparo de su generosidad, España le sirviera de cicerone, ayudándolo a reabrir las fuentes de recursos que la Comunidad Europea le ha cerrado.

Pero lo que el discurso del nuevo Presidente colombiano dejó claro, sigue allí y constituye la gran disyuntiva. Hugo Chávez, más allá de sus promesas para aliviar tensiones y ganar tiempo, deberá de manera indubitable escoger entre su amistad institucional con Colombia y su alianza con las FARC. De lo contrario, aún restablecidas las relaciones diplomáticas, hecho que saludamos, más pronto que tarde regresaremos al punto de partida.

 
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