Palmer, un negro con el copete blanco

Clodovaldo Hernández

Larry Palmer

Larry Palmer

Los embajadores gringos cuando no la hacen a la entrada la hacen a la salida.  El proyecto de embajador Larry Palmer decidió intentarlo antes de la entrada. Siempre hay posibilidades de innovar en este asunto de “hacerla”. El aún hipotético embajador de EEUU en Caracas -un negro que tiene el copete blanco- está demostrando que es un diplomático gringo de pura cepa: Todavía no lo han nombrado formalmente y ya está entrometiéndose. Y su primera intromisión, sin haber sido ungido por el Senado de su país, no se refiere a cualquier asunto silvestre y vulgar sino nada más y nada menos que a la situación interna de la Fuerza Armada. Palmer, en quien se centraban las esperanzas de una normalización de las relaciones bilaterales, inició su gestión diciendo que los militares venezolanos tienen la moral baja. Ni Charles Shapiro, que era liviano de lengua, ni William Brownfield, cuya misión política y personal era buscar camorra, incurrieron en una injerencia tan ramplona antes de haber presentado cartas credenciales. En su descargo, digamos que se expresó en privado, a puerta cerrada. Sólo que, claro, habló delante de un montón de parlamentarios bocones, entre ellos a varios de los peores enemigos que tiene Venezuela en el sistema político estadounidense, que es bastante decir. O sea, que tuvo el mismo efecto que si lo hubiese escrito en Twitter.

“Estos gringos son todos iguales: pueden ser republicanos o demócratas, WAPS o afrodescendientes, pero cortaditos con la misma tijera. La cabra siempre jala pal’ monte”, afirma el Estrangulador de Urapal, quien, ya el miércoles por la tarde pronosticaba un topetazo con el comandante en Jefe. “Chávez, que no aguanta dos pedidas, no tarda en rebajarle ese copete de algodón al señor Palmer”.

La precoz incursión del embajador Palmer en las grandes ligas de los diplomáticos metiches ha llenado de júbilo a nuestra singular oposición. Les encantó que el aún hipotético virrey haya “coincidido” -¡qué casualidad!- con los artículos de prensa del ex ministro de Defensa Ochoa Antich y con las declaraciones muy globovistas de Antonio Rivero: la baja moral de los militares venezolanos se debe a que en los cuarteles hay mucho cubano mediocre y feo dando órdenes.

Seguramente asesorado por generales de la heroica plaza Altamira, el adelantado señor Palmer se ha aventurado a disertar sobre lo mucho que les gustaría a nuestros oficiales volver a la bella época cuando los que daban voces de mando en los fuertes y en las bases aéreas eran unos gringos musculosos, parecidos a Bruce Willis en Duro de matar. ¡Qué tiempos aquellos, carrizo, cuando las Fuerzas Armadas sí tenían esa moral bien alta!

Fuente: eluniversal.com

 
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