PSUV y realidad social

El PSUV es parte de la revolución “hecha desde arriba” y, en cuanto tal, despótica por definición.  Además, catastrófica para la economía

Massimo Desiato
mdesiato2002@yahoo.com

El Partido Socialista Unido de Venezuela debería ser la polea de transmisión del movimiento general de la sociedad en sus aspiraciones revolucionarias. Al menos así se presenta y se pretende. Conjuntamente con el Estado socialista que se quiere formar ­siempre según las intenciones­ constituye la manifestación más prístina de una revolución comunista.

La realidad social venezolana indica otra cosa: lejos de ser lo anterior, el PSUV no logra interpretar las exigencias de una lucha y de una unidad de clase. Más bien, permanece separado de ellas aplastado bajo el peso de una burocracia cada vez más pétrea y paralizante.

Esta parálisis acontece como sigue: si en un Estado que se pretende socialista el partido de clase afirma con su política, intérprete del marxismo-leninismo, que la dinámica del desarrollo social ha de moverse en una determinada manera, cualquier perspectiva que se aleje de tal interpretación deviene automáticamente hostil a la línea del partido. De ahí que el PSUV no puede aceptar, en su osificación, ningún tipo de democracia. La “burocracia interpretativa” mata de entrada el debate y la argumentación, más aún si a lo que acabo de esbozar se une el culto a la personalidad del sumo líder de la revolución, llamado “comandante”.

El clímax de esta parálisis, de corte estalinista, acontece cuando todo gravita alrededor del principio según el cual todo aquello de lo que se afirma la existencia se realiza automáticamente sólo por el hecho de haber sido afirmado. Poner en discusión que lo que se afirmó no se ha realizado constituye un abierto desafío contra la burocracia que depende en última instancia del sumo líder. Los que se atreven a hacer notar que entre el decir y el hacer hay un mar de por medio son acusados de imperialistas, revisionistas, traidores de la patria o cualquier otro epíteto conveniente al poder oficial.

El PSUV, así como todos los partidos comunistas que llegaron al poder, no tolera que las masas tomen conciencia del proceso revolucionario y asuman las riendas del mismo. En otras palabras, el partido, en el comunismo, es la herramienta que sirve para bloquear la revolución afirmando de sí mismo que es el portador de la misma. No importa si la realidad social indica cualquier otra cosa.

Lo que es más: el gran enemigo del partido es la realidad social. La única realidad que se acepta es aquella determinada (inventada) por el partido.

Se trata de un mecanismo perverso que tiene como finalidad paralizar el movimiento general de una sociedad para impedir que la transformación social acontezca “desde abajo” y con plena espontaneidad. El PSUV es parte de la revolución “hecha desde arriba” y, en cuanto tal, despótica por definición. Además, catastrófica para la economía por el principio de que lo que se afirma existe sólo por el hecho de ser afirmado. Así se le da la espalda a la realidad social hasta que ésta cobra lo que se tiene que cobrar, por ejemplo, hambruna. En ese caso, el partido dirá que la hambruna no es debida a una mala planificación y distribución de los alimentos, sino al enésimo ataque del imperialismo que se infiltró entre sus líneas a pesar de la todopoderosa burocracia. Lo que no deja de ser otra contradicción más, porque ¿cómo puede ser que con todos los controles que el partido impone siempre haya infiltrados? Por eso, los partidos comunistas se la pasan purgándose a sí mismos. Por lo visto, tienen severos problemas de evacuación…

 
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