Relevo en el país vecino

Beatriz de Majo

Beatriz de Majo
bdemajo@cantv.net

Ha entregado su mandato de ocho años Álvaro Uribe Vélez. Se va en el momento en el que se escuchan tambores de guerra, pero, como dice la prensa española, sólo suenan de un lado de la frontera.

Dos ejecutorias son las más destacadas de Uribe y son las responsables de que le transfiera la antorcha gubernamental a Juan Manuel Santos cuando roza 80% de popularidad. Una es la política de seguridad democrática diseñada por Uribe y ejecutada por Santos como ministro de la Defensa. Otra es la política encaminada a enrumbar al país en lo económico, obra de todo el equipo del gobierno saliente. En cada uno de estos dos campos el Presidente de Colombia en ejercicio logró el premio de la excelencia.

No más comenzó su gobierno Uribe abrazó la tesis de que sólo sería posible pacificar el país si se doblegaba militarmente a la guerrilla que azota a Colombia desde hace 50 años. Sólo es posible negociar con criminales terroristas y con narcotraficantes si se les debilita hasta la médula, pensaba Uribe y la historia le ha dado la razón. Algunos dirán que Colombia aún no alcanza la paz total, pero la guerrilla está diezmada, fracturada, regada e incomunicada en un país geográficamente complejo, capturados o muertos la mayoría de sus líderes terroristas, traicionados por sus correligionarios y desactivados miles de guerrilleros por los incentivos oficiales de desmovilización. Santos hereda un país en el que la insurgencia armada se sentará a negociar su inclusión en la vida civil sin condiciones.

En el terreno de lo económico Colombia está hoy de cuarta, en la cabeza del continente. Ese país se convirtió en el mejor imán de Latinoamérica para los capitales foráneos y alcanzó hacer crecer el ingreso por habitante 2,3 veces. Controló la inflación que en 2010 va a ser de 2,2% y logró niveles de consumo nunca vistos.

Eso representa mejor calidad de vida para los colombianos. Colombia es un país prometedor luego de 8 años de sostener duro el timón de lo económico. Pero le quedaron a Uribe tareas pendientes que pasarán a ser objetivos del nuevo presidente. A su llegada al poder en 2002, más de 53% de los colombianos estaba en la pobreza. El presidente paisa logró bajarla a 46%, pero se quedó corto en su promesa de reducirla a 35%. Colombia sigue siendo uno de los países con mayor fractura social, el quinto en el mundo, lo que quiere decir que masas importantes de la población no se han incorporado al progreso y el desempleo aún castiga a infinidad de hogares. Los subempleados suman más de 7 millones de personas.

Pero de todas las tareas pendientes, quizá la más compleja es la de recomponer la relación con Venezuela, su vecino y mejor socio comercial de la región. Y en ese campo no se la deja fácil Uribe a Santos. Pero recordemos que fue gracias a la inteligencia montada por el nuevo mandatario que el gobierno saliente descubrió que la narcoguerrilla estaría recibiendo refugio y atacando a Colombia desde Venezuela. Esa es una verdadera papa caliente y mientras ese problema no reciba solución las legítimas ganas de Santos de callar los tambores de guerra que suenan de este lado del Arauca, no encontrarán eco.

 
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