Otra vez Maradona

Jhonny Castillo

Letras de fútbol
JHONNY CASTILLO
jhocas10@hotmail.com

“Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace”

Sartre

Queda apenas  para la imaginación las cosas que hayan podido conversar Diego Armando Maradona y  el  presidente  Hugo Chávez Frías durante la visita reciente del ídolo argentino a Venezuela. Uno se pregunta si durante el tránsito por Miraflores, o en el cortísimo vuelo entre Caracas y San Carlos, les habría quedado tiempo a los amigos para platicar en torno a los bemoles y vicisitudes de sus vidas y ocupaciones. Muchos especuladores de oficio, que los hay, y de sobra,  dijeron  por ahí que Maradona había llegado al país preocupado y cabizbajo, ávido de buenos consejos. Lo cierto es que a pocas horas de que  El Pibe regresara a Buenos Aires se regó como pólvora por el mundo la sorpresiva noticia de su salida de la selección argentina de fútbol.

Luego de que los jugadores fueran recibidos con  música y papelillos en el aeropuerto de Ezeiza y agasajados como héroes nacionales en la Casa Rosada  por parte de la   presidenta Cristina Fernández de Kichner, nadie, con cierto sentido común, pudo haber dudado en ese momento de la continuidad de Diego Armando Maradona  al frente  de la albiceleste. Por primera vez los hinchas argentinos tan inconformes y exigentes habían salido en masa a recibir por todo lo alto a un equipo que sinceramente  no había ganado nada en el Mundial Sudáfrica 2010, y que, por el contrario, venía de recibir una escandalosa goleada  durante  el último partido de cuartos de final contra Alemania. Sólo un ídolo, un semidiós como Diego Armando Maradona pudo haber logrado el  milagro de que los hinchas argentinos salieran a las calles a celebrar una derrota. Algo realmente impensable de haber sido otro el  técnico de la selección.

Todo parecía estar bien desde que el no menos polémico,  titular  de la Federación Argentina de Fútbol (AFA), Julio Grondona, declarara a los medios de comunicación en Sudáfrica estar muy contento con la actuación de los muchachos y con  el trabajo  hecho  por Diego Armando  Maradona en la Copa del Mundo.  A pesar de la tristeza y la decepción  por no haber revalidado las hazañas de Argentina 78 y México 86, los hinchas ya empezaban a soñar con un mejor equipo, pero igualmente dirigido nuevamente por uno de los personajes  más idolatrados y emblemáticos  de Argentina junto a Gardel,  Evita y Perón.

“Julio Grondona me engañó y Bilardo me traicionó”, señaló Maradona a través de una lacónica nota de prensa leída frente a los periodistas al  tomar la decisión de apartarse de la selección, luego de  que el presidente de la AFA le exigiera cesantear a buena parte de los colaboradores que lo acompañaron en el  cuerpo técnico, algo que Maradona, fiel a sus principios y a su manera de ser, por supuesto que  no aceptó. No cabe duda de que ésta fue una estrategia del zorro Grondona para apartarlo del cargo de la manera más diplomática y menos traumática, sin crearse mayores inconvenientes con una fanaticada que ya le había dado la confianza a Maradona para que siguiera al frente de la albiceleste por lo menos hasta Brasil 2014

Estamos convencidos de  que éste ha sido otro duro golpe  para Diego Armando Maradona, quien seguramente se verá  anímicamente muy afectado con la decisión que forzosamente acaba de tomar de alejarse  de la selección argentina en la que seguramente estaba muy feliz. Ojalá tal situación no lo conduzca  a un estado depresivo como los muchos que ha tenido que enfrentar durante gran parte de su carrera como jugador y  como ser humano cualquiera, simple mortal de carne y hueso. Si algo le hace falta a Maradona para superar definitivamente sus problemas emocionales y de conducta  es seguir siendo protagonista dentro y fuera  de la cancha de fútbol. Pocas veces lo habíamos visto tan eufórico  como en los  instantes cuando confundido entres sus jugadores celebraba los goles de la albiceleste en Sudáfrica 2010. Aquellas miradas perdidas y solitarias, extraviadas  y alucinantes por momento, gracias al milagro del gol, recobraban   el brillo y la alegría  de tiempos quizás  perdidos. Si  algo  deberíamos entender es que para Maradona  el fútbol es vida y esperanza,  todo o casi todo. Es un sentimiento atávico, es  como dijera  Javier Marías: “la recuperación semanal de la infancia”.

 
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