Deuda odiosa para Venezuela

Marcos T. Cabrera

PLUSVALORES
MARCOS T. CABRERA
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Las agencias calificadoras de riesgo crediticio como lo son Moody’s, Fitch Ratings y Standard & Poors otorgan diferentes grados calificadores a la deuda soberana dividiendo a los países del mundo en dos grandes grupos: los que tienen grado especulativo y aquellos con grado de inversión.

De los países de América Latina que se encuentran en el grupo de grado de inversión, es decir que han alcanzado una calificación mínima de BBB-, se encuentran Panamá, Perú, Brasil, México y Chile, el único con una calificación de A+. Sólo países como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Australia, Francia, Austria, Suecia y Dinamarca tienen la máxima calificación de AAA.

Venezuela después de haber estado en B+ fue reclasificada hacia arriba en BB-, aún por debajo de Colombia y Costa Rica, en el grupo de grado especulativo.
Según reciente reporte de la empresa calificadora CMA (Credit Market Analysis), tanto el riesgo soberano de impago de deudas, como el costo de asegurar la deuda contra un incumplimiento o una reestructuración (credit default swaps), colocan a Venezuela en primer lugar en el mundo  en la lista de los países con mayor riesgo de quiebra y con el costo más alto para asegurar sus bonos soberanos. Su probabilidad acumulada de riesgo de no pago es de 57,7 por ciento y el costo por cinco años para asegurar 10 millones de dólares en deuda soberana del país es de  950.000 dólares anuales.

Como es obvio suponer, estas calificaciones inciden directamente en el costo del financiamiento para el desarrollo e implementación de los futuros proyectos del gobierno.

Muchos analistas dicen que la visión negativa sobre la deuda venezolana refleja las preocupaciones por el despilfarro en el gasto público, así como por las políticas “anti-empresariales”, lo que aumenta las importaciones y la fuga de capitales y eventualmente podría llevar a una escasez de dólares. También que el elevado gasto financiado por el petróleo, unido a una menor producción de crudo, un parque industrial en declive, el aumento de las importaciones y la inflación de dos dígitos no son sostenibles.

Sin embargo Reuters asegura que Venezuela tiene la reputación de ser el emisor de bonos soberanos más riesgoso del mundo, pero puede pagar su deuda e, incluso con los crecientes problemas económicos que enfrenta, es poco probable que el gobierno declare una moratoria de pagos, ya que la economía sigue estando firmemente conectada con los mercados mundiales de capitales a través de sus permanentes emisiones.

La idea de que Chávez pudiera optar simplemente por dejar de pagar la deuda es irreal, al menos en el corto plazo, ya que él tiene mucho más que perder que ganar y una moratoria podría ser muy costosa, porque no sólo los activos de Venezuela pueden ser embargados por los acreedores, sino también los activos de PDVSA que incluyen refinerías de miles de millones de dólares en Europa y Estados Unidos.

La realidad es que a pesar de la clasificación de alto riesgo, el papel de Venezuela está entre los más negociados de los mercados emergentes, siendo muy popular por sus jugosos rendimientos y alta liquidez.

Grecia, epicentro de la última crisis financiera europea, tiene después de su plan de apoyo financiero, un Rendimiento Neto al Vencimiento de los bonos a 15 años de 6%, mientras que el bono venezolano global de referencia 2027 ha subido gradualmente en las últimas semanas, con rendimientos ahora alrededor del 12 por ciento.

Sin contar con lo apetecibles y demandados que resultan los bonos como instrumentos para la obtención de moneda dura dentro de un esquema draconiano de control de cambio dentro de nuestro país.

Para muchos funcionarios gubernamentales que no ocultan mucho sus intenciones, ni les importa hipotecar el futuro de sus mismos nietos, comparada con otros países de América Latina y con el parámetro de la Unión Europea (60% del PIB), la deuda pública en Venezuela (equivalente a alrededor de US$80-90 millardos de dólares) tiene un tamaño muy moderado de alrededor del 40 % del PIB, que permite y tolera niveles mucho mayores de endeudamiento a los ya alcanzados.

Para tener idea, según el FMI, la deuda de España alcanzaría ese año el 94,4% del PIB, a la altura de Francia y por encima de Alemania, aunque todavía por debajo de países como Grecia, Italia o Estados Unidos, que superan el 100% del PIB, o del líder mundial Japón, con una deuda soberana que supera los 10.000 millardos de dólares y supone hoy más del 193% de su PIB.

En las primeras décadas del siglo pasado, el economista Jeff King definió como deudas odiosas o ilegítimas aquellas contraídas contra los intereses de la población de un país y con el completo conocimiento del acreedor, muchas de las cuales inclusive podían ser contraídas no por regímenes también ilegítimos sino por gobiernos “democráticos”.

¿Podría un excesivo y acelerado endeudamiento, respaldado por ventas futuras de petróleo o por adjudicaciones directas de proyectos de inversión petrolera probablemente en condiciones favorables para el acreedor, bajo apuros financieros por el gobierno deudor en año electoral, y con el agravante de ser negociado a espaldas del ciudadano común, ser declarado a futuro como deuda odiosa?

 

3 Comentarios

  1. venez said:

    ademas de concreto, tenemos que hacer que la gente vote 26 sep. yo soy extranjera vivo aqui hace 19 años y el CNE, me dice usted no puede votar, para parlamentaria, entoces que hacer voy hacer una encuesta alrededor mio y para convenserlo de que tienen que votar, el futuro de hijos, de lo nietos, ya esta endeudados y pongasela mano en el corazon, por venezuela vale pena suplicar inplorar y pedir que voten.

  2. Elsa Buhrkohl said:

    Bueno para los inversionistas, malo para el pais

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