CUANDO LA MUERTE ILUMINA*

Alejandro Tarre

“Semana de duelo en la filas del chavismo. Primero Tascón, ahora el general Alberto Müller Rojas, curiosa coincidencia porque ambos hacían algo que ya no hace ningún revolucionario: de tanto en tanto criticaban al gobierno.”


 

La batalla interna

Luis Tascón

El diputado Luis Tascón, que murió ayer liquidado por un cáncer que le diagnosticaron a principios de año, era un personaje complejo, excelente materia prima para un novelista.

Varias veces conversé con él y me pareció un chavista bastante particular. Tenía ideas bastante cuestionables y podía decir cosas que delataban una profunda ignorancia, pero a veces sorprendía con una observación lúcida. A diferencia de un Carlos Escarrá o un Calixto Ortega, su personalidad tenía un filo de rebeldía e independencia. Pero, a diferencia de Ismael García o Baduel, no le era fácil romper completamente con la revolución y con Chávez, creo que por una combinación de razones que traté de abordar hace unos años.

En un libro de entrevistas que le hizo Ramón Hernández, Tascón toca este tema:

RH: Usted insiste en hablar de “nosotros,” pero hace bastante tiempo que lo expulsaron del PSUV…
LT: Que no sea del PSUV, porque me expulsaron, no quiere decir que no diga nosotros. Somos un colectivo. Independientemente de que tengamos discrepancias, soy parte de ese colectivo. Independientemente de que haya creado otro partido, sigo siendo de ese colectivo. Yo tengo afecto por ese colectivo y ese colectivo tiene afecto por mí. Tenemos una identidad de propósito y creemos en lo mismo.

Estas fuerzas opuestas que jalonaban su personalidad lo hacían contradecirse a cada rato. El librito de entrevistas de Ramón Hernandez está repleto de estas contradicciones.

Sus críticas a la revolución, por ejemplo, podían ser muy duras:

Durante estos diez años no habido voluntad para transformar el Estado. Hicimos una transformación profunda del discurso político: cambiamos las palabras, pero no los procedimientos. Las palabras y los hechos están desconectados. Se repiten las palabras “revolución,” “socialismo,” “marxismo,” “Che Guevara,” “camarada,” “nuestra América,” “indoamericano,” “desarrollo endógeno,” pero la alcaldía de hoy es la misma que la de cuando mandaban los adecos y los copeyanos. Si alguien llega a un cargo de esos, los primero que busca son negocios para enriquecerse.

Sobre la corrupción:

Yo esperaba que Chávez emprendiera una persecución inclemente contra la corrupción, que haría caída y mesa limpia, pero no hizo nada. Ningún corrupto de la Cuarta República cayó y los había por montones. Ni uno solito. Con el caso de Micabú, que tocó directamente al segundo en el mando, al presidente del Congresillo, empezó la impunidad. Luis Miquilena no fue preso, a pesar de ser responsable de manera clara y evidente…Ahí se demostró que el discurso anticorrupción de Chávez era una gran mentira y que no se iba a luchar contra la corrupción.

Sobre la polarización:

Si el gobierno hace la ley de inteligencia y contrainteligencia, inmediatamente salimos a defenderla. Algunos personajes, gente que se suponen inteligentes [Tascón se refiere a Carlos Escarrá y Calixto Ortega], salieron a rasgarse las vestiduras sin tener razones para defenderla. Esa polarización genera una conducta que conlleva la destrucción de la nación, no la construcción; también vulnera un principio humano fundamental: la capacidad de pensamiento, el razonamiento y la crítica. Con la polarización está prohibido pensar.

Pero luego estaban sus opiniones generosas sobre Chávez, a quien exculpaba de una manera inexplicable:

Chávez no se ha desviado de su idea. Se le ve en el discurso. Ha cometido algunas contradicciones importantes, pero, en el fondo, no se ha desviado de su discurso. Las desviaciones son de su entorno de poder. Está aislado. Cuando pide que se haga algo, no se hace. Si ordena que se discuta algo, no se discute. Si manda a que se avance en un sentido, no se avanza. Pide que se rectifique, pero no se rectifica. Su anillo manda más que él. El poder lo tiene su entorno.

Finalmente, los dejo con esta última cita, donde creo que traslucen estas fuerzas a veces contradictorias que cohabitaban incómodamente en la personalidad de Tascón. Aquí la tensión provocada por estas fuerzas es tal que su discurso se descarrila y luego se desbarranca al terreno del relativismo moral y el sinsentido:

No es que Chávez sea aliado de los corruptos. No. Yo sé que, en su interior, Chávez rechaza la corrupción. Es un hombre anticorrupción. El 4 de febrero de 1992 fue un golpe anticorrupción. Por supuesto, la cultura política pervierte los procesos y los corruptos terminan controlando el entorno y controlando a Chávez, controlando el poder. Nunca emprendimos una lucha frontal contra la corrupción, y eso sí es un error de Chávez y culpa de Chávez. No sé si trató de utilizarla, entendiendo que es la “grasa invisible” que facilita el funcionamiento de la maquinaria del Estado; quizá creyó que podría administrar esa “grasa” sin ensuciarse, pero no pudo, era imposible. Esa “grasa” termina embardunándolo todo. El presidente de la República es el que mejor y más “grasa” puede utilizar, pero eso se voltea tarde o temprano.

La figura paterna

Alberto Müller Rojas

Semana de duelo en la filas del chavismo. Primero Tascón, ahora el general Alberto Müller Rojas, curiosa coincidencia porque ambos hacían algo que ya no hace ningún revolucionario: de tanto en tanto criticaban al gobierno.

Tres cosas me vienen a la mente cuando pienso en Müller Rojas:

1) En 1998, cuando era jefe de la campaña electoral de Hugo Chávez, el fallecido general admitió públicamente haber recibido donaciones del BBVA, asegurando que el ahora presidente de Venezuela conocía la existencia de las negociaciones y de las aportaciones de ese grupo financiero español. Este tipo de aporte no son, ni eran en aquel momento, permitidos por la ley venezolana.

2) En abril de 2007 Chávez dijo que “la llamada institucionalidad de la Fuerza Armada fue una manera de enmascararse y asumir una posición contraria al gobierno, a la revolución y al mandato del pueblo.” Añadió que el sector castrense jamás ha sido “apolítico, inoloro, incoloro e insípido” a la vez que reiteró que los oficiales están obligados “por la historia y por las circunstancias a declararse cada día, con más fuerza y con más radicalidad, a ser anti-imperialistas, revolucionarios, bolivarianos y socialistas.”

Cuatros meses después, en julio, Chávez amonestó públicamente a Müller Rojas por admitir en un programa de TV que la Fuerza Armada estaba partidizada.

3) En Hugo Chávez sin uniforme, Barrera y Marcano, tratando de adentrarse en la personalidad de Chávez, citan a Müller Rojas: “La gente tiene que por lo menos fingirle absoluta sumisión, lo que demuestra una completa falta de confianza en sí mismo. Para mí es uno de sus rasgos más negativos: él no tiene confianza en sí mismo, porque el que tiene confianza en sí mismo, tiene confianza en los demás y en la capacidad que tiene de hacer que los demás acepten el liderazgo y sigan la línea que uno propone.”

Sobre el hombre que pronunció estas palabras, Chávez escribió ayer: “Vaya que de noticias en estos días. Ha muerto ahora mi general Müller. Pues que toquen la Diana Carabobo mil cornetas y que redoblen mil tambores…Lo quise de verdad como se quiere a un padre y lo llevaré para siempre en mi corazón.”

Es verdad: sólo un padre puede soltar esa observación casi íntima sobre la inseguridad del Comandante.


* El Titulo es nuestro y está destinado a unir lo escrito por el autor sobre los dos decesos en el seno de la revolución.

 

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