Emeterio, la Constitución y el comunismo

Vladimir Villegas

Busco un sistema de gobierno lo más democrático posible en lo político, lo más productivo en lo económico y lo más equitativo y justo en lo social

Vladimir Villegas

Dice el buen amigo Emeterio Gómez, en un artículo del domingo pasado en El Universal, que carece de sentido discutir con los chavistas acerca del comunismo, y que prefiere hacerlo con este servidor.

Para mí tiene sentido discutir con todo aquél que quiera hacerlo desde el respeto e ideas. Aunque él lo dude, sostengo que aquí no hay socialismo. Los ataques a la propiedad privada que él describe van dirigidos a la consolidación del capitalismo de Estado y nunca a la real entrega del poder a los trabajadores o al pueblo.

En Venezuela estamos más cerca de una sustitución de élites que de un proceso de transferencia cierta del poder a los sectores populares.

En esto termina produciéndose una coincidencia con los modelos socialistas que se vinieron abajo con la caída del muro de Berlín. De las entrañas de esos modelos surgió, y fue una dolorosa constatación para quienes hemos creído en el sueño de una sociedad más justa, la élite que luego habría de transformarse en los magnates de la marea capitalista que se desbordó en la ex Unión Soviética y en sus vecinos.

Afirma mi estimado Emeterio que el anticomunismo de hoy no tiene nada que ver con el de antes. Yo insisto en que están emparentados, por mucho que se pretenda dorar la píldora. No hemos superado en el mundo la dicotomía entre la derecha y la izquierda, aunque en el seno de ambas existen matices y diferencias. Así como se produjo una dura derrota del socialismo real con la caída del muro de Berlín, es innegable que amplios sectores del mundo siguen apostando por una sociedad más justa. El comeflorismo, como lo llama el profe, existe y existirá mientras persistan serios problemas de nuestro tiempo como la desigualdad, la pobreza extrema, el hambre y la injusticia que el capitalismo, sobre todo en su presentación más liberal, no ha podido resolver.

Es cierto que el socialismo, en su presentación autoritaria, dogmática y castradora, que ya conocimos, no es la salida. De eso no cabe duda.

Pero fíjate, mi pana, que si tú mismo andas promoviendo la idea del capitalismo solidario es porque su presentación no solidaria ha sido incapaz de convencer y enamorar definitivamente a amplios sectores de la humanidad que han sido excluidos y que reclaman una alternativa distinta. Hasta Juan Pablo II lo dibujó clarito.

En esa búsqueda andamos.

Y lo que menos me preocupa es el nombre que se le pueda dar a un estado de cosas que no pretendo sea perfecto, pero que se acerque a un sistema de gobierno lo más democrático posible en lo político, lo más productivo en lo económico y lo más equitativo y justo en lo social. Ni en el socialismo que conocimos ni en el capitalismo que tenemos están las respuestas que hoy demanda la humanidad.

En cuanto a la Constitución de 1999, no existe en Venezuela otro instrumento con mayor capacidad de aglutinar y unificar a la mayor cantidad de venezolanos en torno a un proyecto de país.

Y tal vez esto me lo confirma el hecho de que es atacada por los dos extremos. Ciertamente, no sirve para el modelo capitalista salvaje ni para imponer un modelo socialista autoritario y atrasado en lo económico. Pero en ella se recoge el fruto del debate más amplio que se haya dado en nuestra sociedad en mucho tiempo. La lucha no debe ser contra ella sino en su nombre.

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