Fidel está chocho

Nuestros analistas no oyeron sus advertencias, sólo vieron que masca el agua

Clodovaldo Hernández
clodoher@yahoo.com

Lo normal es que el exceso de odio, desprecio e impotencia vuelva a la gente amargada, incordiosa y cínica. Pero a algunos los torna frívolos, superficiales y faranduleros.

Por ejemplo, a propósito de las últimas participaciones públicas del comandante cubano, a varios de nuestros agudos comentaristas políticos no se les ha ocurrido mejor cosa que decir que Fidel está chocho.

El legendario líder ha hablado, con datos concretos en las manos, sobre el riesgo de que estalle un conflicto que involucre el uso de armamento nuclear en alguno de los potenciales escenarios de guerra internacional que existen actualmente. Con la fuerza que le da el ser una figura de la historia mundial contemporánea, ha puesto sobre la mesa verdades que “todo el mundo sabe”, pero de las que pocos parecen tener conciencia clara: una guerra tal acabaría de inmediato al menos con una parte del planeta y a mediano plazo no quedaría piedra sobre piedra. ¡Es un asunto serio, caramba!, pero a nuestros bien informados analistas (ven mucho CNN) no les pareció que el alerta tenga sentido. Les dio fue por decir que Castro sufre locura senil. “Pobre carcamal”, señalaron luego de calarse -eso sí- la entrevista completa.

Aparte de las dos guerras de ocupación ya viejas (Afganistán e Irak), en el mundo hay en la actualidad dos escenarios súper calientes donde una eventual conflagración incluiría las más letales armas inventadas hasta ahora: el Medio Oriente, con Irán como epicentro; y el Lejano Oriente, con Corea del Norte como punto de choque. En ambos lugares hay acumulados ya suficiente armamento y tensión política como para que el estallido de las hostilidades dependa de un episodio detonante, algo como el asesinato del archiduque Francisco Fernando, en 1914. Pero, nuestros analistas no ven esos acuciantes peligros. Sólo ven que Castro masca el agua y se ríen de él, utilizando emoticones.

En un mundo de figuras desechables, donde el Premio Nobel de la Paz es un señor que ha mantenido a su país empantanado en dos guerras -y lo prepara para otras dos-, surge alguien que de verdad tiene dimensión histórica (gústele a quien le guste) a lanzar una grave advertencia y nuestros políticos y periodistas más agudos prefieren poner el énfasis en que Fidel ya parece uno de esos abuelitos fastidiosos que montan discursos apocalípticos en los asientos azules del Metro de Caracas.
Ah, y otros ni siquiera se fijaron en Castro ni en lo que dijo. Sólo vieron que Mario Silva, Vanesa Davies, Walter Martínez y Andrés Izarra se estaban babeando por el entrevistado. Es que a esos analistas el odio, el desprecio, la impotencia primero los volvió amargados y luego -vaya fenómeno- los ha convertido en chismosos de farándula.


 
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