La Humillación de Santa Marta *

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

“Un paso adelante, dos pasos atrás… Es algo que sucede en la vida de los individuos, en la historia de las naciones y en el desarrollo de los partidos.  Y sería la más criminal de las cobardías dudar; aunque sólo fuera por un momento, del inevitable y completo triunfo de los principios de la socialdemocracia revolucionaria, de la organización proletaria y de la disciplina del Partido.                Lenin.

No cabe duda de que en la decisión del gesto humillante al que accedió el teniente-coronel Hugo Chávez al acudir a reunirse con el recién electo presidente de Colombia, Juan Manuel Santos y aceptar todas las condiciones propuestas por el gobierno colombiano, están presentes las presiones que recibió desde todos los ámbitos del abanico político del  que se ha rodeado y sobre el que el venezolano ejerce la influencia de sus petrodólares.  Presiones que fueron posibles gracias a la última jugada magistral del Álvaro Uribe de presentar las pruebas del uso del territorio venezolano como zona de despeje por la insurgencia colombiana, allanándole así el terreno a su sucesor en la guerra compleja que prosigue Colombia emprendida por él mismo hace ocho años, de ponerle término  a los grupos narco-insurgentes y restablecer  el poder del Estado en las zonas en donde  lo había perdido.  Política que se ha visto impedida de llegar a término, gracias al apoyo político y logístico que reciben los grupos insurgentes por parte del gobierno de Hugo Chávez.

La razón de la aparente sinrazón

Muy pocos analistas comprendieron en Venezuela la decisión  de Uribe aduciendo que la presencia de los insurgentes en territorio venezolano y el apoyo que reciben del gobierno, era un elemento conocido y que además obstaculizaba la misión gubernamental de su sucesor. Incluso vieron en ello, una demostración de divergencias entre ambos responsables políticos colombianos.  Opinión que revela el poco caso que sectores de la oposición le profesan a las normas institucionales y a la existencia de una política de Estado.  Una cosa es acostumbrarse a la presencia de la insurgencia en el territorio nacional, otra cosa  es que en un gobierno víctima de la política del país vecino eleve e esas pruebas ante las instituciones  internacionales competentes.  Hoy no quedan dudas de que Uribe, al presentar esas pruebas, le abrió el camino a Santos para llegar al resultado que logró en Santa Marta el martes pasado, excelente para los intereses colombianos, de debilitamiento para el gobierno y el proyecto “revolucionario” de Hugo Chávez.

Las presiones por parte de los miembros de Unasur, en particular , de Lula y de Kirchner, tuvieron el efecto de demostrarle al teniente-coronel de que no gozaba de apoyos incondicionales, incluso de aquellos a los que ha prodigado las mayores ganancias y se han visto favorecido de su insania delirante. Lula y Kirchner  comprendieron que había que ponerle freno a los delirios mesiánicos del venezolano, del que tanto provecho han sacado, y que había que aplicarle el sentido de realidad,  porque de otra forma, corrían el riesgo de caer en el mismo precipicio.

Pero seguramente fue la presión de quien menos se lo esperaba, de Fidel Castro, su padre  y su guía, quien lo convenció de aceptar la “humillación de Santa  Marta” –como deberá llamársele desde ahora al encuentro del martes con Juan Manuel Santos- con el argumento empleado por Lenin en un momento de crisis que atravesó la tendencia que él lideraba en el seno de las fuerzas revolucionarias, al que Fidel Castro suele aludir y recurrir en momentos de crisis intensas o de situaciones irreversibles con el objeto de tomar impulso: “Un paso adelante, dos pasos atrás”, título  de un texto del forjador de partido bolchevique de 1904 en el que desarrolla esa figura de la dialéctica revolucionaria que Fidel Castro ha hecho suya e incorporado a su práctica del golpe de Estado permanente en su larga marcha  hacia la imposición de un régimen comunista en el continente.

Pactar para ganar tiempo

Los dos pasos atrás, significarían los cinco puntos suscritos en Santa Marta de orden principalmente económico, lo que satisface plenamente  a la clase empresarial colombiana, el de pregonar que no apoya ni le dará abrigo a los insurgentes, en particular  a las FARC, negando incluso los homenajes rendidos a Raúl Reyes, la estatua a Marulanda, su declaración de que para él la frontera en Colombia era con las FARC, y su gestión ante la UE de borrar de la lista de las organizaciones  terroristas a la FARC y de acordarles la beligerancia que tanto añoran como fuerza político-militar.  Y la aceptación de la humillación de Santa Marta  seguramente la justificó “moralmente” Castro ante el teniente-coronel, poniéndole como ejemplo el  famoso “ tren blindado” en el que Lenin logró regresar  de su exilio en abril 1917 facilitado por Alemania, la potencia que entonces le hacia la guerra a Rusia.

El paso adelante, es que la humillación de Santa Marta le permite ganar tiempo, y prepararse para el  reto del 2010, el único reto verdadero que tiene ante sí. La razón para que Fidel Castro diera dos pasos atrás, proviene de su evaluación del deterioro de la figura de Hugo Chávez a nivel nacional e internacional y las acciones de denuncia que se han desatado ante los organismos internacionales por las violaciones de los derechos humanos, el acoso a los medios de prensa y a los periodistas en Venezuela, y la cada vez más dramática situación cubana y las medidas que está obligado de que el gobierno de Chávez había tocado límites que podían incluso, aunque parezca imposible, conducir a la repetición del escenario hondureño y esa  eventualidad Cuba no puede, en las circunstancias actuales, permitírsela, pues el cese de la ayuda venezolana, tendría un resultado aún más dramático que el cese de la ayuda soviética en 1990.

Convencer a las FARC o ser víctima de las mismas

Mientras Fidel Castro continúe en vida y Hugo Chávez en el poder, lo más factible es que el foco de tensión pervivirá entre Colombia y Venezuela. Castro funciona mediante mecanismos que ha puesto a prueba y que le han dado resultado. Dos escenarios pueden irse desarrollando a partir de Santa Marta. Cuando el general Alfredo Ovando Candia accedió al poder en Bolivia en 1969, e instauró un gobierno nacionalista, que entre otras cosas nacionalizó el petróleo y se rodeó de una elite intelectual de izquierda, Castro accedió a entablar conversaciones con  vistas al establecimiento  de relaciones  con su gobierno. Mientras tanto, lo que menos esperaba Ovando, es que Castro al mismo tiempo continuaba dándole apoyo financiero y logístico a un grupo de guerrilleros  bolivianos, entrenados en Cuba, dispuesto a continuar la lucha entablada por el Che Guevara en ese país. El grupo insurgente logró  que se creara un escenario  de violencia tal,  que debilitó al gobierno de Ovando, hasta provocar su caída.  Nunca se saben las consecuencias de los escenarios de violencia provocados con el fin de desestabilizar.

El otro escenario puede ser el de que Chávez trate de una vez de convencer a las FARC de optar por la vía electoral, como ha siso su idea desde que accedió al gobierno y como me lo expuso el desaparecido comandante Iván Ríos, asesinado por su propio guardaespaldas tras la muerte de Raúl Reyes, en una entrevista realizada en San Vicente del Caguán es septiembre 1999, durante el período del despeje otorgado por el presidente Pastrana. Iván Ríos declaró de que tenían buenas relaciones con Chávez, pero que  no compartían su punto de vista de pretender realizar una revolución mediante la vía electoral, pero que estaban a la expectativa que en todo caso triunfaba, tanto mejor, pero que “si Chávez fracasaba, mejor para nosotros; es una prueba más de que nuestra vía es la correcta”.

La cuestión radica entonces en que Chávez convenza a las FARC de que han triunfado y opten por la vía electoral. Pero si las FARC persisten en afirmar, como lo hizo Iván Ríos entonces de que “la izquierda latinoamericana no ha aprendido la lección; después de tanta lucha, ha terminado negociando para obtener algunos diputados”, “la guerra va para largo”. Y ni siquiera el ejemplo cubano les satisface, pues la “guerrilla-Estado fundó un Estado improvisado, salvo los aparatos de seguridad y ejército: nosotros no tenemos la impaciencia cubana, que hizo su revolución en dos años”.

En el período que hoy se inaugura para el teniente coronel Chávez, deberá enfrentar tensiones internas con su ala radical y tensiones en su relación con las FARC.

* TITULO ORIGINAL: Un paso adelante, dos pasos atrás…

 
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