La risa del gran hermano

Juan Miguel Matheus

Juan Miguel Matheus
jmmfuma@gmail.com

La risa de Andrés Izarra en CNN nos hace recordar la novela 1984 de George Orwell. Dentro de la descripción que este autor hace de un totalitarismo imaginario, hay una característica que resalta de manera especial: la desfiguración sistemática y deliberada de la verdad. Desde las primeras páginas del libro queda claro que aquel régimen se nutre de la sumisión de las personas a las mentiras impuestas por el Gran Hermano, quien es –por decirlo de un modo familiar– el líder máximo de la revolución. Por eso el régimen se emplea a fondo en la confección de las “verdades oficiales” que deben ser asumidas por todos. Para ello dispone de los laboratorios del “Ministerio de la Verdad” (como cínicamente es llamado el Ministerio de Información), en los cuales se desfigura la realidad y se reescribe la historia.

Lo descrito por Orwell coincide con una de las dimensiones esenciales de los regímenes totalitarios. Allí en donde ha existido un totalitarismo ha anidado también una estructura de tergiversación de la realidad. Su función es construir las verdades oficiales y los símbolos que han de servir de clave hermenéutica para la interpretación de los acontecimientos y de la historia. Se trata de engranajes cuyo principio de acción es la famosa frase de Joseph Goebbels: “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Lo importante es  justificar las cosas que ocurren según la conveniencia totalitaria, llamando blanco a lo que es negro y A a la Z (Karl Jaspers). Las palabras ya no se usan para comunicar la verdad sino para anestesiar, distraer, hipnotizar, intimidar y embrutecer.

Cuando Izarra se ríe de males como la violencia, la inseguridad y el accionar de cuerpos terroristas en territorio venezolano, no hace más que intentar sustituir la realidad por una “verdad oficial”. Aspira mostrar que (i) en Venezuela no está pasando nada, que (ii) la violencia es un artificio inventado por los enemigos de la revolución, y que (iii) las FARC y el ELN son entelequias ideadas por el imperialismo yankee para desplegar sus pretensiones de dominación sobre Latinoamérica. La risa de Izarra es, este sentido, la risa de Hugo Chávez frente a la realidad de las cosas. Responde al empeño de este último de colocarse por encima de todo y de todos, de ser señor de la historia y de las conciencias.

La mala noticia para Izarra es que la verdad cae por su propio peso. Siempre aplasta a la mentira. Ninguna carcajada puede acallar el dolor producido por los 130.000 muertos de los once años de régimen bolivariano. Ningún balbuceo es apto para ocultar que la revolución ha sembrado violencia por doquier y ha entregado la soberanía nacional a grupos terroristas. Por eso los venezolanos debemos mantenernos firmes ante la verdad. Tenemos que llamar las cosas por su nombre. El ejemplo a seguir es Wilson, el protagonista de la novela “1984”. Para zafarse de las mentiras del Gran Hermano y para preservar la dignidad de su conciencia, éste se repetía a sí mismo: “2 + 2 es 4, el fuego quema, el hielo enfría”. Si hacemos lo mismo resistiremos las manipulaciones de nuestro “Ministerio de la Verdad” (Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información). No hay risa que valga.

 
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