Leopoldo Jahn

Albersidades

Peter K  Albers
peterkalbers@yahoo.com

El fin de semana pasado falleció en Caracas Leopoldo Jahn. Integrante de una brillante promoción de ingenieros de la Universidad Central de Venezuela, esa misma semana había cumplido cincuenta años ejerciendo honesta y cabalmente su profesión. Nos conocimos antes que eso, en aquella alegre vida de estudiantes universitarios, en una capital que despertaba de la dictadura y miraba al futuro con esperanza. Una vez egresados, regresé a la ciudad que no me vio nacer pero sí crecer, y Leopoldo permaneció en Caracas, su ciudad natal. Con un hermano, un primo y un compañero de estudios, Hugo Fonseca, fundó una empresa constructora, la cual, con el correr del tiempo, ejecutó importantes obras, como la Catedral de Barquisimeto y el Centro San Ignacio en Caracas. Y con María Magdalena Herrera fundó un hogar, que con el paso de los años dio también sus frutos: tres hijos y ocho nietos.

La Monumental de Valencia

Pero no nos adelantemos, que ex profeso dejé de mencionar una de sus obras: En 1966 nos fue confiado el proyecto de la Plaza de Toros de Valencia, y el conocimiento que teníamos de la capacidad de Leopoldo, y que había conformado un equipo de ingenieros, expertos todos en las más avanzadas técnicas de los concretos pretensado y postensado, nos llevó a dirigimos a él para solicitarle el diseño estructural. Fue algo novedoso para la época, que permitió una estructura grácil y liviana en sus proporciones, de esbeltas columnas y bien proporcionadas vigas, todo en un sistema prefabricado que permitiría luego concluir la obra en sólo nueve meses.

Concluido el proyecto, el Concejo Municipal llamó a los más encopetados y prestigiosos constructores de la época, quienes no mostraron interés por su ejecución. En vista de lo cual, sugerimos a los ediles la contratación de la empresa de Leopoldo Jahn y sus socios, quienes inmediatamente, en mayo de 1967, asumieron el reto. Pocas veces se recuerda, cuando se habla de la Plaza de Toros, el nombre del ingeniero Jahn, quien hizo posible, con su organización, capacidad técnica y espíritu emprendedor, la realización de la obra que otros despreciaron.

Leopoldo Jahn, a pesar de su apellido extranjero, como el de muchos de los descendientes que ha atraído la generosidad de esta cálida tierra, fue un gran venezolano: deja un substancial aporte a nuestro país.

Pero no quedó en el campo de la ingeniería el aporte que Leopoldo Jahn dio a esta tierra. Compartió el amor a su profesión con otra gran pasión: la Colonia Tovar. Y llevándola a la práctica, nos ha dejado un bello libro, donde combinó la investigación histórica con el arte fotográfico, describiéndonos esa hermosa región. Es una obra fundamental para comprender la existencia de esta población, donde, además de la labor que allí realizan los tesoneros agricultores, descendientes de aquellos primeros colonos venidos en 1843, se ofrece como un gran atractivo turístico a gentes de todas partes.

Y volviendo a la Plaza Monumental, le queda en deuda el Concejo Municipal, y no sólo en el balance resultante de la ejecución de la obra. No vivió lo suficiente como para recibir en vida el homenaje que merece: que su efigie sea colocada en el sitio destinado a recordar a quienes han enaltecido el arte de la tauromaquia en nuestra ciudad, aunque quizá jamás en su vida se puso delante de un toro. Leopoldo hizo mucho más que eso…

 
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