Un verdadero Pacto Social

Jonathan Humpierres (*Juan Diego)

Juan Diego y sus reflexiones

Jonathan Humpierres
juandiegocd@yahoo.com

Sintonizar con urgencia el canal de noticias CNN a las 9:00 p.m., fue el llamado al colectivo opositor a través de los mensajes de textos y Blackberry. El sensacionalismo digital sumado a la ola de rumores que se fusiona con el ingenio creativo del venezolano, siempre logran su efecto paralizante. Esa noche era como ver el capítulo final de un culebrón dramático  o un certamen de Miss Universo, todos en casa a la espera de la edición especial de “Los guardianes de Chávez”, editorial extraordinario que describe nuestra cruda y exacta realidad.

Como siempre, quienes asumimos posturas críticas y de clara oposición a la tragedia viva que desgobierna nuestro país, nos quedamos paralizados frente a semejante material televisivo. Es asombroso cómo después de estos once años de revolución roja y sangrienta, este tipo de documental tenga alguna carga sorpresiva para algunos compatriotas, que frente a la violencia sistemática que impera, aún no logran aceptar con madurez que aquí estamos en un país completamente dividido y en guerra declarada.

Hoy nuestro territorio es claramente tutelado por grupos irregulares, muchos vinculados a fuerzas ilegales extranjeras pero otros tantos con identidad nacional, dicho en el mejor argot criollo: “Hechos en Venezuela”. La tesis de una detonación final que transcienda a una guerra civil, no es un mito urbano ni una proyección futura, aquí vivimos en un estado bélico. Las cifras de bajas humanas por la violencia  no escapan ni se alejan  a las estadísticas de países que se encuentran en confrontaciones armadas formales.

Las imágenes transmitidas por CNN, sólo subrayan en mayúscula el campo minado por el que caminamos a diario, ése que por alguna extraña razón parece no pertenecernos, pero que convive con cada venezolano.

La pobreza y los barrios teñidos de miseria son parte del paisaje que se expande a lo largo y ancho de nuestro territorio, esos que poco visitamos, los ignorados por muchos sectores que recurren a la evasión crítica sin encharcarse los zapatos, que voltean la mirada con indolencia  soberbia frente a una mayoría inocultable y aún marginada.

Nuestro sentir engañoso nos arropa bajo  un supuesto  manto privilegiado, que tardará poco en dejarnos al descubierto. Venezuela está sumamente  herida, es un núcleo de profundo resentimiento y de odio pronunciado, que se nutre bajo la  doctrina de la ideología revolucionara.

Si algo describe este documental, es el rostro del verdadero país, el que se expande más allá de las urbanizaciones del este, el de hospitales de guerras, el de morgues abarrotadas, el de territorios ocupados por grupos armados, el de la delincuencia  desbordada, el del hambre desatada, el de las viviendas infrahumanas, ése que aún soporta en silencio, pero con peligro latente de detonar.

Estamos todos sentados sobre una bomba de tiempo, sólo un auténtico roce con el sentir popular podría darnos la solución; pero atentos: si ignoramos a esa gran masa el capítulo final tendrá una sola lectura que teñirá las páginas de la historia contemporánea de rojo indeleble y no precisamente el que identifica al partido de gobierno.

No quiero rozar la delgada línea que cruza hacia el pesimismo, pero la ceguera opositora puede ser nuestra sentencia final. Hay que asumir el compromiso, esa mayoría clama respuestas, acercamientos de piel y tacto; requiere con urgencia atención y la renovación sincera de un verdadero pacto social.

 
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