Adiós a la vieja maja

Vladimir Villegas

TIEMPOS DE CAMBIO
Vladimir Villegas

Hace apenas dos días la tierra recibió los restos de nuestra querida madre Maja Poljak de Villegas, una croata llegada a estas latitudes de la mano de sus viejos y, como ellos y el resto de su familia de origen judío, víctima de la persecución y la barbarie nazi-fascista. Y a ella, con el permiso de ustedes, queridos lectores, quiero dedicarle estas líneas desde el dolor y desde el amor infinito que le profesamos.

La vieja Maja vino a Venezuela en los años cuarenta y vivió en San Bernardino hasta que conoció a nuestro padre, el viejo Cruz Villegas.

Fue la desaparecida luchadora social y sindical Eumelia Hernández quien los puso en contacto. Desde su natal Zagreb, antigua Yugoslavia, hoy Croacia, ella traía en su espíritu juvenil el deseo de luchar por un mundo mejor, por la justicia. Y ello gracias a la literatura que le hizo llegar un jardinero que laboraba en su casa y formaba parte de la resistencia antifascista.

El nazismo atentó directamente contra su familia.

Varios de sus integrantes murieron fusilados. Su apellido, originalmente Pollak, pasó a ser Poljak a objeto de poder burlar el acoso y huir, vía Italia, junto con sus padres y su hermana Yanka, que hoy le sobrevive. Los Poljak llegaron a Italia, y allí permanecieron un tiempo en un campo de refugiados. De ahí tomaron un barco hacia Venezuela, entonces un destino desconocido pero esperanzador para quienes no podían echar raíces en sus respectivas patrias.

Llegaron a San Bernardino, adonde se dirigía la mayoría de los judíos. Ella nunca fue practicante aunque tampoco renegó de su origen.

Majita le contó a una de mis hermanas que en una oportunidad una gitana le leyó la mano en su tierra natal, y le dijo que haría un viaje a ultramar y que tendría muchos hijos. Pues bien, tuvo nueve y el primero de ellos murió a los seis meses de nacido. Su unión con Cruz no fue originalmente aceptada por sus padres. Se trataba de un hombre pobre, negro y, de paso, comunista.

Pero más pudo el amor, y una perseguida croata se unió con un perseguido nacido en los Valles de Tuy, específicamente en Cúa. Mi vieja fue una gran activista social e hizo del periodismo su trinchera. Con el pseudónimo de María Vera escribió en el periódico Aquí Está, unas cuantas páginas de la historia de la lucha revolucionaria en nuestro país. También dejó huella en otras publicaciones de movimientos de izquierda, como el PRP y el PCV.

Maja formó parte del equipo fundador de Últimas Noticias y en tiempos de la dictadura de Pérez Jiménez fue corresponsal de EL NACIONAL en Amazonas, lugar al cual fue enviado mi padre en calidad de confinado por no aceptar firmar la humillante caución que le ofrecía el tirano a cambio de la libertad. Años más tarde, una vez jubilada de la Contraloría Municipal del Distrito Federal, en la década de los ochenta, escribió reportajes para el suplemento dominical de este diario.

Esta recia mujer que acaba de morir nos levantó en medio de las adversidades, y ocupó con firmeza, y lágrimas reprimidas, el lugar del viejo cuando él estaba en la cárcel o en la clandestinidad. Fue un árbol de amor, con sus frutos tiernos y dulces, pero con el tronco lo suficientemente robusto para no doblegarse ni siquiera ante la mayor tempestad.

Y al rendirle homenaje luego de su partida al encuentro con su adorado negro, le rindo tributo también a las mujeres que en cualquier época de nuestra historia se la jugaron con sus compañeros en nombre de las ideas que consideraban justas.

Los masivos testimonios de afecto y pesar por la muerte de Maja, provenientes de todos los sectores del país, los llevaremos en nuestro corazón, donde ella ocupa la sala VIP.

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