ALGO EXTRAÑO SUCEDIÓ

JESÚS HERAS –

Buena parte del país dio la bienvenida a la fórmula unitaria lograda por la Mesa de la Unidad para enfrentar al oficialismo en las elecciones de septiembre. Sin embargo, subsiste una sensación de vacío. A algunos les preocupa la ausencia de una referencia visible, (individual o colectiva) contrapuesta a la figura unificadora que representa el Presidente para el bando contrario, a otros, le inquieta el carácter polarizante de la propaganda que ven por televisión. Lo cierto es que no hay mensaje y que tal como el personaje de Pirandello (ver páginas centrales) “en busca de un autor”, tenemos en la práctica una hermosa UNIDAD en busca de CONTENIDO.

La gente – pensamos que una amplia mayoría- aspira a un cambio y se anticipa una concurrencia inusualmente elevada a la hora de votar, hecho que luce promisorio, pero mientras el propósito de Hugo Chávez es evidente, en la acera de enfrente, no existe oferta alguna.

El David de Michelangelo, esculpido de una sola masa de mármol traída de Carrara, mide más de 5 metros de altura. El genio florentino recibió el encargo de esculpirla a los 26 años de edad, entregándola dos años después. Se dice que al terminarla, le dio suavemente con el martillo, diciéndole “Ahora, habla”.

La Concertación Humanista

Hace siete días surgió una de las iniciativas de mayor promesa y trascendencia de las últimas décadas. Sin embargo, ocurrió algo misterioso. El acto, habiendo sido presenciado por la mayoría de los medios escritos y televisivos del país, no se le dio relevancia alguna y, para la prensa escrita, pasó virtualmente desapercibido.

No deseamos exagerar la significación de la iniciativa de marras, pero tampoco restarle una milésima de importancia. Dos de las principales fuerzas políticas del país, suscribieron un acuerdo que trasciende sus propias fronteras, y que a la vez responde a un clamor latente: el deseo de que en efecto surja un vigoroso proyecto alterno de país.

La Concertación Humanista, suscrita por Proyecto Venezuela y Copei, ha sido interpretada por algunos como el inicio de un proceso de reunificación socialcristiano, pero si nos atenemos al contenido del documento – y a las intervenciones de los principales protagonistas- su propósito va mucho más allá.

El Hombre de Vitrubio de Leonardo Da Vinci, expresión Renacentista de las máximas que, provenientes de la Antigüedad y recogidas por el prolífico arquitecto de Julio Cesar, Marco Vitruvio, constituyen los pilares del diseño arquitectónico: seguridad, utilidad y belleza (armonía). Lo interesante del genio de Leonardo es haber referido estos patrones a las dimensiones del cuerpo humano. Recordemos que el Renacimiento invirtió el orden medieval, colocando al hombre en primer término, luego el mundo y finalmente Dios.

El Humanismo como fuente de inspiración

Es cierto que el Humanismo es un fundamento ético compartido por las organizaciones firmantes. Pero ¿qué es Humanismo? Basta observar el Hombre de Vitruvio de Leonardo Da Vinci y el David de Michelangelo, para comprender que el Renacimiento significó un viraje de la visión teocéntrica (centrada en Dios) de la Humanidad que prevaleció a lo largo de la Edad Media, a una visión antropocéntrica (centrada en el hombre), concepto que en el plano político sólo estaría reñido con las manifestaciones militaristas y autocráticas de siempre y con el colectivismo que vino después.

Como en cualquier unión de voluntades, si apeláramos a un microscopio, detectaríamos diferencias doctrinarias o de orientación general incluso entre las organizaciones firmantes. Pero es la hora de pensar en grande. Lo medular de la Concertación, suscrita por Proyecto Venezuela y Copei, fue su amplitud. De hecho, así lo expresa el símbolo adoptado, en el que, sobre un fondo azul celeste, se entrecruzan tres manos, la última de color blanco, neutral.

Al llamar al país a unirse solidariamente a los gobernadores y alcaldes de todas las tendencias para defender sus derechos y el acceso que éstos deben tener a los recursos que por Ley le corresponden; pronunciarse en favor de las autonomías regionales y municipales; y colocar gran énfasis en la educación plural y en la familia como núcleo esencial de la sociedad, sus arquitectos dibujaron en pinceladas gruesas un espacio ancho en el bien que podrían congregarse todas las expresiones organizadas que se inclinan por la descentralización y el empoderamiento ciudadano, en contraposición a la tendencia militarista, colectivista e indubitablemente autocrática de quienes persiguen dividir a los venezolanos y, con el uso de la fuerza, gobernarnos.

De lo ominoso a lo trascendente

No hemos podido aún descifrar la misteriosa omisión de los medios escritos. Algunos, sin mucha convicción, sugieren que sus representantes se conformaron con tomar declaraciones de las personalidades más relevantes y se marcharon. Otros, más suspicaces, piensan que manos oscuras, temiendo que la iniciativa pudiera quitarle protagonismo a la Mesa, intervinieron para silenciar el evento.

No nos atrevemos a pronunciarnos por una u otra posición. Sin embargo, ominosos precedentes despiertan preocupación.

Tomemos un solo caso. En 2004, se sumaron dos factores de poder para convertir una victoria segura en derrota contundente. Banqueros que estaban ganando demasiado y partidos que no se querían contar, juntaron la avaricia de los unos al temor al destape de los otros, para torpedear un triunfo que, con el aval de Jimmy Carter, se hizo naufragar.

Pero la situación esta vez es muy distinta, el país ha madurado lo suficiente para comprender que la democracia, con todo lo que ésta lleva implícito en términos de justicia, libertad de expresión, seguridad, respeto a la vida y a la propiedad, progreso y bienestar social, está a punto de sucumbir.

En ese contexto, la Unidad lograda por la Mesa tiene máxima importancia. Nadie puede regatearle méritos, pero esa unidad está vacía, carece de contenido, de un proyecto de país capaz de marcar un nuevo sendero o de garantizarnos la unificación y la paz. Ese contenido pudo haber sido esbozado la semana pasada sin pretensión alguna, pero no encontró eco en la prensa escrita. Algo extraño sucedió.

Pero quizás lo extraño fue el acto mismo. En un país de náufragos, en el que todos tratan de ganar la orilla, debió sorprender a las Mesas de Redacción que las autoridades de dos fuerzas políticas de significación, rodeadas de sus gobernadores y alcaldes – y de un calificadísimo auditorio nacional- hubieran decidido nadar a contracorriente, meterse a lo hondo y presentarle a la Nación una renovadora visión de país.

¡Enhorabuena!

 
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