Concertación Humanista

Simón Garcia

Simón Garcia
simongar48@gmail.com

El jueves 19 de agosto Proyecto Venezuela y Copei anunciaron el inicio de un proceso de aproximaciones bajo el emblemático y noble título de Concertación Humanista. La prensa nacional no reseñó el evento, la regional le dio trato de suceso menor. No fue noticia, falló la puesta en escena.

El acto afirma la creciente tendencia hacia la unificación del país y mejora las posibilidades de victoria de los candidatos unitarios, al menos en Carabobo y Táchira. Tendrá efectos positivos para abrir caminos a la reconstitución de un polo con las dispersas filiales de la causa socialcristiana. Es decir, probablemente esté destinado a ser noticia mañana.

Se trata de un acontecimiento poco común. Los partidos venezolanos del siglo XX han sido centrífugos. Una excepción fue el llamado Pacto de Punto Fijo que sustentó un largo ciclo hegemónico. Otra, la fusión entre el MAS y el MIR, que fortaleció al socialismo democrático como referencia nacionalmente viable. La más reciente, la conformación de la Mesa de la Unidad Democrática cuya eficacia electoral se probará el 26 de septiembre.

Pero la dinámica predominante, sufrida también en organizaciones de aparición cercana, ha sido la de las exclusiones activas o pasivas, como ocurre en un partido del Estado como lo es el PSUV o la consumación de la división que lleva a levantar tienda aparte.

La hipótesis del reciclaje de los partidos programáticamente afines, aunque difícil de llevar a cabo, es una vía para renovar las clásicas formaciones políticas latinoamericanas (socialcristianos, socialdemócratas, populistas y revolucionarios para mencionar cuatro casillas) o ayudar al surgimiento de otras asociadas a nuevas temáticas como ocurre con los partidos verdes o humanistas. La invención de otro modo de hacer política es la condición básica para la credibilidad de cualquiera de esos intentos.

Sé que fueron estas expectativas de futuro las que buscó dilucidar Salas Römer y debo suponer que también los directivos de Copei y el elenco de figuras del procerato copeyano, al alentar conjuntamente la iniciativa. Llamó la atención la insistencia en la necesidad de cubrir dos aspectos: el nexo con la ética y la definición de un decálogo con principios que regulen la lucha desde una perspectiva humanista.

Según el Documento Base del acuerdo la visión humanista estará orientada a “la consagración y ensanchamiento de las autonomías regionales como herramientas para que cada ciudadano pueda integrarse y cooperar; exigir metas y rendimientos de cuenta; y hacerse más dueño de su propio destino”. Otro objetivo concreto señalado es el de “profundizar la descentralización y defender sin distingos a los gobernadores y alcaldes del país”. Todo ello enmarcado en la tarea de bregar por el “triunfo de la Unidad Democrática en el proceso electoral que se avecina, que es y será, hasta tanto se realicen las elecciones, nuestro norte y objetivo principal”.

Así que este paso de acercamiento terrenal, contiene una promesa de continuidad postelectoral. Quedarán para ese momento las preocupaciones y preguntas que desde afuera, un observador interesado en el fortalecimiento de los partidos democráticos, pudiera formular: ¿Estamos en presencia de una renovación en los contenidos políticos y una colocación social de avanzada para los socialcristianos de Venezuela?; ¿Se tiende a sustituir el anclaje en la religión por una concepción más laica de la política desde las contribuciones del humanismo cristiano?; ¿Se hará prioritario el compromiso con los pobres y los que sufren injusticias?; ¿Hasta qué punto la Concertación Humanista nos acercará a la Concertación Democrática en el país?

Son los primeros indicios de un debate para diseñar nuestro retorno a la reconstrucción social, cultural y económica de la sociedad. Un debate donde deberían concurrir distintas corrientes políticas y nutrirse de diversos aportes.


Fuente: www.notitarde.com

 
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