EN GENERAL “La literatura de izquierda es aburridísima”

El novelista dice “que Hugo Chávez tiene una obsesión con su libro Las venas abiertas de América Latina” que le obsequiara al presidente Obama en la cumbre de Trinidad; y reflexiona sobre la democracia, América Latina, el periodismo y la creación literaria

Esteban Widnicky

El afamado periodista y escritor uruguayo, autor de libros como la trilogía Memoria del fuego, Días y noches de amor y de guerra y Las venas abiertas de América Latina –este último un estandarte de la izquierda desde los años 70 por su puntual crítica de los regímenes imperialistas, a los que acusa de saquear los recursos naturales de Latinoamérica-, me ha concedido una hora para platicar en Montevideo.

Justo a las 2 de la tarde Galeano entra en el Café Brasilero, ubicado en el centro de su querida ciudad. Porta una boina azul, que hace juego con su camisa, y lleva una bolsa con libros. Se nota el paso del tiempo en su cuerpo encorvado, de ya casi 70 años, pero su mente sigue lúcida y contundente. Pide un jugo de naranja y el café Galeano (un invento suyo que lleva crema, chocolate y canela). Al comenzar la entrevista me concentro más en sus ojos que en sus palabras. Me parecen unos ojos inteligentes y llenos de historias. Los abre muy grandes cuando algo le causa sorpresa y, sobre todo, cuando conversa con y sobre la nostalgia.

Me cuenta que este establecimiento, fundado en 1877, es un símbolo de la ciudad. “Un oasis para estos tiempos de puro vértigo”, añade. “Uno de esos lugares de encuentro cada vez más difíciles de hallar en una cultura (la actual) que conduce al desvínculo. Estos cafés pertenecen a un tiempo en el que había tiempo para perder el tiempo”.

¿Estás ocupado?

Lamentablemente sí. Es una prueba de la existencia de Dios porque no sé como hago pero me las arreglo para encontrar espacios de soledad o para poder trabajar en lo mío. Aunque me cuesta mucho tener tiempo, incluso para perderlo, que es algo muy útil en la vida.

¿Qué haces en la actualidad?

Escribo cosas. Los libros van creciendo dentro de uno, te van escribiendo  vos, no les doy órdenes a mis pensamientos. Mis libros se van armando de a poquito; cualquier acto de violencia, cualquier imposición es enemiga de la creación porque después lo que sale es artificial, no es verdadero. Lo único que se hace desde arriba son los pozos; los libros crecen desde abajo, desde el fondo de uno. Nunca he firmado contratos que me obliguen a entregar una obra, porque vi lo mal que le iba a algunos amigos que lo han hecho y terminan escribiendo por deber y no por placer, como pasa con los jugadores de fútbol, que empiezan jugando por placer y terminan jugando por obligación.

¿La literatura puede ser una herramienta de lucha política y social?

La literatura nacida de estas buenas intenciones es habitualmente muy mala. Puede haber excepciones, pero lo que suele generar eso es una literatura de parroquia destinada a los ya convencidos de que reciben lo que esperan recibir; por lo tanto, no veo que haya alguna audacia en eso. Si la idea de hacer algo para cambiar el mundo implica audacia y coraje, entonces esta es una literatura muy cobarde porque se dirige a los que ya están de acuerdo con uno, no invade otros territorios, no se lanza a la conquista de otra gente. La literatura de izquierda, en general, es aburridísima, es un plomo. Ojalá no lo fuera pero cuesta leerla y tiene un intención pedagógica que de antemano genera rechazo. Cuando viene alguien a explicarte cómo es el mundo, la reacción innata es decir: “por favor no me lo expliques, déjame vivirlo”.

Sueles apoyar en tus artículos a movimientos sociales que intentan cambiar el orden de las cosas, como el de los saharauis (habitantes autóctonos del Sáhara Occidental que buscan la independencia de Marruecos) ¿Cuál debería ser tu papel en estos casos?

No, yo no hago lo que debería hacer. Considero que la vida vivida como un deber se vive muy a contramano, pierde espontaneidad y lo mejor que tiene, que es el placer de disfrutarla. Curiosamente cuando participo en estos movimientos que me ocupan buena parte del tiempo, lo hago sintiendo mucho placer. El placer de la solidaridad me permite recuperar la certeza de que no termino en mi mismo, que no termino en las fronteras de mi propia piel.

¿Entonces eso te produce placer?

La herencia religiosa ha terminado por convencernos de que el placer es pecado y, por lo tanto, hay que evitarlo. Me parece que este divorcio de la militancia y el placer ha hecho mucho daño, porque es un divorcio de la vida. La vida es placentera aún en las peores circunstancias. No hay noche que no esconda unos cuantos soles.

¿Y del dolor como andas?

Si te hago el inventario, una hora no me alcanza. Pero, sobre todo, me duele comprobar cada día que la izquierda es la universalidad de la derecha, o sea, que algunos de los tipos que más daño hacen al mundo provienen de la izquierda. Leyeron El capital y ahora viven de sus intereses. Por ejemplo, Rupert Murdoch, el (australiano) amo de la prensa, de la televisión y de todos los demás medios masivos de incomunicación en el mundo, fue un leninista fanático hasta los 27 años y así aprendió lo que sabe. Porque claro, mientras unos leían Selecciones del Reader’s Digest, otros leían El capital y,  la hora de competir en el mercado estos últimos se comen crudos a los otros porque son los que saben cómo funciona el sistema. Y eso me duele porque, al mismo tiempo, hay numerosos casos inversos, o sea, de gente que proviene de las visiones más conformistas de la realidad, los aceptadores del sistema, que a veces terminan siendo capaces de rebelarse, de decirle “no” a ese mundo que antes aceptaban sin discusión.

“Me duele comprobar cada día que la izquierda es la universalidad de la derecha”

¿Y la democracia?

En el mundo no hay una democracia de verdad, hay ciudadanos de primera, segunda, tercera y cuarta categoría… y muertos también. Cada minuto mueren en el mundo diez niños por hambre o por una enfermedad curable y, cada minuto, se gastan tres millones de dólares en la industria militar. ¿Qué clase de especie es esta que se dedica al exterminio del prójimo?

El tema de la inmigración es uno de los más discutidos en la actualidad, sobre todo por la forma en que se relaciona a los inmigrantes con la crisis económica de algunos países. ¿Qué piensas sobre esto?

Me parece que culpar de la crisis a los que viene de fuera es una tradición histórica. Siempre ha ocurrido así. La idea de que el inmigrante viene a sacarte el empleo, la cartera y hasta la mujer, suele prender bien en algunos sectores de la opinión pública. Y sobre todo, si el que viene de fuera tiene piel oscura y proviene de los países malditos del mundo. Lo que ocurre es una resurrección del racismo expresado de la manera más violenta y con castigos para la gente que no tiene más culpa que la de buscar trabajo.

A MI NO ME SALVEN

Hablemos de drogas. ¿Legalizarlas es una manera de terminar con la criminalización que las rodea?

La droga ha sido utilizada cómodamente como una coartada para invadir otros países y adquirir poder. Hay un sistema universal fundamentado en la certeza de que todo lo que da ganancia es bueno y todo lo que da pérdida es malo y no merece existir. A este sistema no le interesa perder una fuente de beneficios como la droga. Los grandes bancos que hacen el lavado (del dinero producto de la venta de drogas) y que ganan millonadas, no quieren perderse este negocio. Otro elemento es la represión policial hacia dentro, el derecho a reprimir en nombre de la lucha contra la droga, en especial a los jóvenes desobedientes o sospechosos. Por último, me gustaría agregar que la drogadicción proviene de la ansiedad y que hay un sistema que es el culpable de eso. Este sistema confunde al mundo con una pista de carreras que te enseña que el que cae no merece existir. Es un sistema que genera angustia insoportable, y más en tiempos de crisis. La humanidad está presa de pánicos diversos, sobre todo a la falta de trabajo o a perder el trabajo. Entonces, los muchachos encuentran una salida en los “consuelos químicos”.

¿Qué opinas de que el presidente venezolano Hugo Chávez le regalara Las venas abiertas de América Latina a su homólogo estadounidense Barack Obama?

Me parece un gesto generoso y bien intencionado; lo único que no sé es por qué no le dio una edición en inglés. Es un gesto simbólico para intentar que Obama trate de comprendernos antes de juzgarnos y, en ese sentido, creo que está bien. Ahora, Las venas abiertas de América Latina es un libro escrito a fines de 1970 y, para mí, fue un puerto de partida, no uno de llegada. Chávez tiene como una obsesión con este libro y me parece que si le sirve y sirve a los demás, todo bien.

¿Hubo algún cambio en Obama a partir de que le regalaron este libro?

No, por lo menos no en lo esencial. Y no sólo en relación con América Latina sino con su política en general, el modo como enfrentó esta crisis feroz recompensando a los culpables, otorgando generosas limosnas a los pobres banqueritos. Y el modo también como enfrenta una crisis que en gran parte es resultado del gasto militar absurdo de esta potencia que no aprende de su propia experiencia. Hay 870 bases militares de Estados Unidos en el mundo, es una potencia militar invasora, guerrera, conquistadora, y eso requiere de mucho dinero; el gasto militar gigantesco es una de las explicaciones de esta crisis. Y ese gasto no tiene beneficios para el sistema productivo porque las guerras lo que producen son muertes. Y Obama aumenta el presupuesto militar de su país. Él insiste en esta idea de que Dios eligió a su país para salvar a la humanidad y como siempre yo les digo: “por favor, a mi no me salven, yo no quiero ser salvado”. Esta vocación mesiánica sembró al mundo de dictaduras militares, sobre todo a América Latina. Por eso a Obama, a veces, le cuesta entender estos fenómenos raros como un golpe militar en Honduras, no sabe qué hacer  porque no tiene práctica. Estados Unidos es un país que desde hace un siglo y medio viene fabricando dictaduras militares; le falta training para entenderse con las democracias.

LAS PALABRAS TIENEN DEDOS

¿Escribirías otra vez Las venas abiertas de América Latina?

Las venas abiertas… es sobre todo un libro que recrea, reconstruye, desdice la historia económico-política de América Latina. Después de publicarlo, intenté explorar otros caminos. No te voy a hacer el inventario de las cosas que escribí, pero he tratado más o menos de seguir el ritmo, de escuchar la respiración el mundo en movimiento y de sentir el humor de sus pasos. No sé si lo logré o no, pero mi intención fue no quedarme estacionado. No me arrepiento ni de una palabra que escribí en Las venas abiertas…Es un libro del que estoy muy orgulloso y sé que ha ayudado mucho a cambiar la cabeza de algunas personas, o por lo menos a contarles cosas que no sabían.

¿Tienes alguna maña para escribir?

Creo que no. Escribo cuando me pica la mano, cuando tengo necesidad de decir algo. Así uno aprende el arte del silencio. Escribo en libretitas tan pequeñas que me caben dos en la palma de la mano.  Ahí voy anotando cosas que escucho, que me dicen, que robo por ahí. La realidad te regala tantas cosas que no hay libretita que alcance.

¿Usas máquina de escribir o computadora?

Nada de eso. Aprendí con mi gran maestro, el novelista uruguayo Juan Carlos Onetti, por allá de mis 17 o 18 años. Yo escribía a máquina, ya que hacía trabajos periodísticos más urgentes y Onetti me dijo que estaba perdiendo uno de los grandes placeres de la vida, que es escribir a mano. Desde ahí nunca más escribí a máquina. Lo único que hago es pasar a la computadora la versión final, después de que escribo 10 o 15 veces lo mismo.

Hace unos años dijiste que un autor abraza con sus libros. ¿Tú aún abrazas? ¿Ese es uno de los placeres de la escritura?

El placer más importante de la escritura es el de la comunión con el otro. Cuando un libro es verdadero, te toca. Yo creo que las palabras tienen dedos y, en todo caso, habría que preguntarle a los lectores si se sienten tocados. Una vez Onetti –fumando, mirando al techo y bebiendo vinos de cirrosis instantánea- , me dijo que él escribía para sí mismo; decía: “soy como James Joyce; escribo para un tipo de la otra mesa que se llama James Joyce”.

Te voy a hacer una foto con un espejo. Me gustaría que me digas qué te dice el reflejo

Quien sabe. Quizá dice que, reflejados por el espejo, los edificios parecen cárceles y en la mar resplandece la libertad.

Tomado de ESQUIRE

 
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