SARKOZY Y EL RACISMO

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

Unas declaraciones del presidente francés, Nicolás Sarkozy, anunciando su decisión de expulsar a extranjeros naturalizados incursos en delitos y abarcando en el grupo a todos los gitanos, produjo serios disturbios en la ciudad de Grenoble y manifestaciones de indignación en la prensa gala.

Ante la caída espectacular del porcentaje de satisfechos con la gestión del actual Presidente de la República, y a dos años de la próxima elección presidencial, la próxima agenda electoral del “candidato” Nicolás Sarkozy, lo obliga a poner en práctica una política que le permita recuperar los sufragios de los electores de derecha, que ante los problemas del aumento de la delincuencia urbana, le darían su voto al Frente Nacional  de Jean Marie Le Pen, quien fustiga al gobierno por considerar que no ha  sabido hasta ahora resolver el problema de la seguridad de los ciudadanos, como lo había prometido durante la campaña electoral que lo llevó al poder.

El presidente francés, Nicolás Sarkozy

Desde que fue responsable de la Cartera del Ministerio del Interior, Nicolás Sarkozy se ha declarado en guerra contra los autores de actos delictivos, en particular, cuando están dirigidos a la fuerza pública. Empleando un discurso sin matices, aludiendo incluso al origen étnico de los delincuentes, su proceder ha generado polémica entre quienes defienden los valores de la República que estipula la igualdad por sobre todas las cosas, y que consideran que el problema de la delincuencia  no sólo debe tratarse por medio de la represión, sino que comporta también una dimensión social. Es en esa diferencia de óptica que se centran las divergencias entre la mayoría parlamentaria presidencial y la oposición de izquierda, en su mayoría de origen socialista.

Pero lo que más hiere las sensibilidades de aquello que defienden a toda costa el respeto a las normas republicanas, es la tendencia etnicista que enarbola el gobierno. No es casual que Sarkozy haya creado un Ministerio  de la Inmigración, de la Integración , de la Integración, de la actual  responsable es Eric Besson, ex miembro del Partido Socialista, y hoy un sarkozista decidido, cuyas posturas de defensa de la “Identidad Nacional” le han valido críticas acerbas incluso en el seno de la mayoría presidencial.

Fuera los gitanos, aunque sean europeos

En los últimos días, la categoría que está señalada por las autoridades como chivo expiatorio de la delincuencia urbana son los gitanos, tras actos de violencia cometidos por éstos en protesta, porque, según ellos,  han sido objeto de injusticia.  El gobierno ha decidido la expulsión de los gitanos provenientes  de Bulgaria y de Rumanía, los dos países de donde proceden en su mayoría, de los cuales son ciudadanos y por ende, son europeos lo que significa que poseen los mismos derechos de todo ciudadano europeo que goza del privilegio  de desplazarse libremente por los países de la UE, lo que plantea un problema evidente de violación de las normas establecidas por el Parlamento europeo. El gobierno francés ha decidido además, la adopción de una ley que despoje de la nacionalidad francesa a todo extranjero nacionalizado que incurra en delitos graves. Para la oposición, semejante ley significa establecer una relación entre inmigración y criminalidad.

La decisión de evacuar 51 campamentos de gitanos establecidos en Francia, olvida la divisa jurídica de la presunción de inocencia porque se considera delincuente a toda persona que forme parte de un grupo gitano. Los calificativos proferidos por el actual ministro del Interior hacia ciertas categorías  raciales, asociándolas a la delincuencia, ya le han valido haber sido condenado en primera instancia por injuria racial, delito penado por la ley en Francia.

Este clima que revela una estrategia deliberada de señalar a los inmigrantes como los principales autores de los delitos, le han valido a Francia que la ONU denuncie el clima de  xenofobia que hoy se vive en el país.

Echar por la borda la Constitución

La ola  de violencia que se vivió a mediados de julio en la ciudad de Grenoble a raíz de la muerte de un joven de origen magrebí perseguido por la policía  mientras éste trataba de huir en una moto – muerte de la cual la comunidad de origen  magrebí acusa a la policía  -, fue la gota de desbordó  el vaso y suscitó el “discurso de Grenoble”, pronunciado por el Presidente de la República, en el que sin el menor matiz, el mandatario establece la relación entre inmigración y delincuencia, y la decisión de despojar la nacionalidad francesa a todo ciudadano de origen extranjero que atente contra la vida de un miembro de las fuerzas del orden o de un militar.  De hecho se establece la diferencia entre los “verdaderos” franceses” y la desconfianza hacia los “otros”, aunque no roben ni maten.

Es necesario resaltar que en cuanto a la ola de violencia que se vivió en Grenoble, muchos testigos y periodistas la compararon con las escenas bélicas que se vivieron durante la guerra en Beirut. Incendios de autos, de tranvías, saqueo de comercios, disparos contra la policía. Pero se aduce que quienes representan el Estado, no deberían proceder bajo el choque de la emoción ante un problema evidentemente real y grave.  Los observadores  comentan que tampoco es la mejor manera de aplicar la justicia si cada vez que  suceden actos de delincuencia, se intente crear una nueva ley, cuando ya Francia posee las estructuras jurídicas necesarias para castigar todo delito; la actual actitud significa el rechazo una reflexión serena,  lo que limita al mismo tiempo, la posibilidad de encontrarle solución  a un problema complejo que no tendrá solución sólo con la estigmatización y sembrando la sospecha hacia todo extranjero que viva en el territorio francés.  También los franceses de pura cepa cometen delitos.  ¿Se crearán leyes para otorgarles circunstancias atenuantes a los franceses  “verdaderos” que asesinen a un policía o a un militar?

Es una pena que en un País que no es racista, en donde los valores republicanos tienen gran importancia y se les inculcan a los ciudadanos desde la cuna, se les quiera convertir de la noche a la mañana en personas con prejuicio racista.  Es cuando echar por la borda el primer artículo de la Constitución “la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos, sin distinción de origen, raza o religión”, termina siendo un crimen de lesa República.

 
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