SEGÚN CABRUJAS

Manuel Felipe Sierra

FABULA COTIDIANA

MANUEL FELIPE SIERRA
manuelfsierra@yahoo.com

A mediados del año 1973, en un modesto apartamento de la avenida San Martín funcionaba la redacción del diario “Punto”. El periódico servía de vocero a la política del Movimiento al Socialismo, era dirigido por Eleazar Díaz Rangel y luego por Pompeyo Márquez y su capital inicial fueron los cien mil bolívares ganados por Gabriel García Márquez en el “Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos” del año anterior. “El Gabo” se declaraba “militante del MAS” y había obtenido la distinción por “Cien años de soledad”, novela considerada por muchos como una obra maestra de la literatura universal.

Un día Luis Bayardo Sardi, miembro del consejo editorial de “Punto en Domingo”, el suplemento cultural del diario, se apareció con una colaboración firmada por un tal Sebastián Montes. Después de varias publicaciones la columna comenzó a llamar la atención de los lectores. Estaba escrita con pulcritud, desenfado, irreverencia y una alta dosis de humor. Al tiempo se supo que se trataba de un seudónimo de José Ignacio Cabrujas ya famoso como dramaturgo y quien junto a Román Chalbaud e Isaac Chocrón formaban la “Santísima Trinidad” del teatro venezolano.

Por esos días, el nombre de Cabrujas también era noticia en las páginas culturales y la crítica cinematográfica. Había estallado el “boom” del cine nacional en pleno esplendor de la “Gran Venezuela” y su nombre estaba asociado a los filmes con mayor éxito de taquilla. Sebastián Montes sobrevivió un tiempo después en las páginas del “Sádico Ilustrado”, la revista humorística dirigida por Pedro León Zapata.

Ya con su nombre de pila, las crónicas de Cabrujas saltaron a las páginas de “El Nacional” y posteriormente al “Diario de Caracas” con el título de “El país según Cabrujas”. Sus escritos rompen con algunas convenciones del periodismo de opinión, la crónica (una invención latinoamericana cuya paternidad se le atribuye al apóstol cubano José Martí), es comúnmente valorada por su contenido literario o como un útil registro costumbrista, mientras el artículo se ha mantenido como una válvula de escape para criterios y opiniones personales. Cabrujas introdujo entre nosotros lo que podría denominarse el subgénero de “la crónica de autor”, ya validada en Estados Unidos y otros países, donde los linderos entre literatura y periodismo se hacen cada vez más imprecisos. En aquella época estaba de moda el llamado “nuevo periodismo”, que cobra ahora relevancia otra vez ante las tecnologías digitales que tienden a apropiarse de la noticia y dejar a las páginas de los diarios la valoración crítica de ésta.

En las columnas de Cabrujas existe la opinión, la necesidad de terciar en el debate público pero a partir de una sabrosa recreación que combina datos de la cotidianidad y elementos de sus diarios personales, pero todo resuelto con ironía y admirable eficacia narrativa.

De alguna manera, el discurso “cabrujiano” que hace de sus obras de teatro una simbología nacional y retratos acabados de nuestras expresiones culturales y sociológicas, es trasladado a la crónica. En ellas encuentran espacios sus típicos personajes (caraqueñísimos, o mejor dicho, sus “panas” de Catia), con el refrescamiento de anécdotas y episodios históricos sin concesiones a la adjetivación o el rebuscamiento barroco. La memoria periodística de Cabrujas tiene mucho que ver también con el desideratum que se resolvía hasta entonces en su dramaturgia y los temas abordados con fluidez en sus guiones de cine y televisión. Como dice Leonardo Azparren Giménez en el prólogo de la “Obra dramática de José Ignacio Cabrujas” (publicada por la Editorial Equinoccio de la Universidad Simón Bolívar), “el Cabrujas público quizás el mejor conocido al final de su vida es la versión social y política del hombre de teatro -dramaturgo, actor, docente, director y productor- cuya obra dramática contiene el imaginario privado con el que trató de dar respuesta a algunas de sus obsesiones, afectos y soledades, y a los más sintomáticos dilemas de la Venezuela que vivió con agobio”. Y ciertamente, en los diversos oficios de la escritura Cabrujas supo preservar una posición ideológica inequívoca (fue inspirador y fundador del MAS) sin que ello contaminara la esencia de su obra y siendo implacable y crítico con conductas y actitudes de quienes compartían sus visiones políticas.

Yoyiana Ahumada, periodista, guionista de televisión, actriz y magíster de literatura de la Universidad Simón Bolívar se ha especializado en el estudio de la obra del personaje. Ha conducido talleres sobre su vida y su herencia literaria y como resultado de ello publica “El mundo según Cabrujas”, una valoración certera sobre la trayectoria y la fuerza creativa de este venezolano que ofrecen todavía amplio horizonte para el estudio y una rigurosa consideración académica. El 21 de octubre se recordarán los quince años de la muerte de Cabrujas cuando todavía esperaba mucho de la vida; de allí que el texto de Ahumada sirva entonces, como un excelente homenaje para este maestro venezolano de las artes verbales, escénicas y cinematográficas del siglo XX.

 
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