“ LA DELINCUENCIA EN VENEZUELA ES UN ASUNTO DE SALUD PÚBLICA”

Manuel Felipe Sierra

MANUEL FELIPE SIERRA
manuelfsierra@yahoo.com

A partir de 1992 el quiebre institucional dispara la delincuencia. Mientras Colombia baja los homicidios en Venezuela aumentan. Nuestra situación es mucho más grave, comparativamente, que el crimen organizado de México. “Aquí los pobres matan pobres”, señala el conocido investigador y profesor universitario Roberto Briceño León


Ahora está en el “ojo de la tormenta”. El último informe del Observatorio Venezolano de la Violencia del cual es director, ha puesto en claro las cifras espeluznantes de la criminalidad en el país. No es un tema nuevo. Con paciencia y tesón este equipo de trabajo de la UCV ha venido aportando anualmente experiencias y estudios sobre el tema. Briceño León es además, un reconocido profesor e investigador con desempeño en diversas universidades e instituciones especializadas del exterior. Acaba de regresar de un ciclo de clases en la Sorbona de París y sin quererlo se ha visto envuelto en una inusitada polémica que ha comprometido incluso al alto nivel del régimen. Estas son sus reflexiones para los lectores de ABC de la Semana.

¿Ud cree que el problema de la inseguridad y la violencia es tan grave como para llegar a ser un problema de salud pública como lo ha dicho?

El aumento de la delincuencia se debe al quiebre de las instituciones y la fractura del Estado.

Sin lugar a dudas, es así. Es un problema de salud pública porque los homicidios actualmente representan el tercer motivo de muerte en el país, antecedido por el cáncer y las enfermedades del corazón. Aun así, los homicidios representan un problema mayor porque cuando uno observa desde el punto de vista epidemiológico lo de las estadísticas vitales, las personas que mueren por cáncer o por enfermedades del corazón por lo regular pasan de los 50 o 60 años de edad. En cambio, la mayoría de quienes son asesinados oscilan entre los 15, 20 y 25 años de edad, entonces uno saca una cuenta muy sencilla: si la esperanza de vida del venezolano promedio es de llegar a los 75 años y ese venezolano muere por cáncer o por alguna enfermedad del corazón a  los 60 años se han perdido 15 años valiosos; pero si una persona muere por un balazo a los 20 años se han perdido 55 años. Es decir, el impacto en la sociedad es muchísimo más grande y eso hace que se convierta en un problema de salud pública.

¿Cuándo se cobró conciencia de esta realidad?

Yo diría que en 1994 cuando estas cifras terribles llamaron la atención de la Organización Panamericana de la Salud porque los homicidios habían subido a cuatro mil setecientos treinta en un año  y entonces se incluyó a nuestro país en un estudio que se iba a llevar a cabo en siete naciones para indagar qué sucedía. En aquel entonces nos llamaron a la UCV para que participáramos en el grupo de trabajo para estudiar la situación. Actualmente no estamos hablando de cuatro mil setecientos, sino de diecinueve mil  homicidios, es decir, estamos hablando de cuatro veces más asesinatos, y la población no se ha multiplicado por cuatro.

En  1994 cuando se registraron esas cifras. ¿Cuál fue el efecto disparador?

El factor fundamental del incremento fue la crisis institucional que se generó a partir de 1992; cuando uno observa las estadísticas de homicidios en Venezuela uno puede encontrar que hasta el año 1988 se cometían alrededor de mil quinientos homicidios al año en todo el país. En 1989 con el “Caracazo” suben los homicidios considerablemente; sin embargo, en los 90-91 no aumenta la cifra, ésta se mantiene estática hasta 1992 cuando suben los homicidios a tres mil trescientos, que fue el año de los dos intentos de golpe de estado junto con la crisis institucional que ellos generaron y que representó un ícono en el incremento de hechos de este tipo.

La situación se habría producido por la percepción de resquebrajamiento del Estado y en consecuencia de que centraba en una suerte de crisis o inestabilidad. ¿Es así?

Exactamente. Se creó la sensación que no había quien mandara, que el gobierno no tenía fuerzas, que no había autoridades y éstos  son algunos de los factores que para el momento le permitieron a la delincuencia actuar, y que se explayan en el ejercicio del delito y del crimen. Hay algo que llama mucho la atención: en 1994 hubo cuatro mil setecientos treinta homicidios, pero durante cinco años la cifra no se movió. Si durante los cinco años del gobierno de Caldera se mantuvieron los números, y en el último año de su mandato hubo cuatro mil quinientos cincuenta, es decir, cuando hubo una política de tranquilizar el país, de poner orden, de reforzar las instituciones, de no dar permisos de armas, de que las leyes eran importantes, por supuesto, con todas las observaciones y criticas que pudieran hacérseles a ese gobierno, que tuvo una crisis económica bien marcada, una inflación del 100%, donde llegamos a un barril de petróleo con un precio  por debajo de los diez dólares  y que con todo ese panorama en la nación se hayan mantenido estables los índices de asesinatos, se establece entonces que hay una relación entre estos hechos y un clima político de convivencia y de respeto a las leyes. Totalmente distinto  a lo que pudimos presenciar en el año 1999 cuando Chávez tomó la Presidencia con casi seis mil homicidios. Ya en el año 2000 son casi diez mil, en el año 2003 once mil, hasta llegar a diecinueve mil que es lo que nos reporta la última encuesta de victimización del gobierno.

“COLOMBIANIZACIÓN” EN VENEZUELA”

Puedes darnos una comparación con Colombia, tomando en cuenta que en este caso es ineludible porque para 1994, cuando nosotros nos disparamos en cifras, Colombia asombraba al mundo con su  alto índice de criminalidad.

Así es, para ese momento Colombia tenía una de las tasas  más altas del mundo y la más alta de América Latina. Ellos tenían dos grupos guerrilleros, un grupo paramilitar, el narcotráfico, es decir, giraban dentro de una situación muy dramática. La tasa de homicidios que es por cada cien mil habitantes, era de setenta y cinco y llego setenta y siete en el año 1997, ese era más o menos el panorama. Venezuela tenía una tasa de diecinueve y de veinte por cada cien mil habitantes, es decir, la tasa de Colombia era tres veces mayor que acá. Por cincuenta años la cifra más alta que había tenido nuestro país era inferior a las más baja que había tenido Colombia; la diferencia era abismal, se hablaba de un proceso de “colombianización” en Venezuela, incluso en los análisis en los que nosotros participábamos con las universidades colombianas, decíamos que eso no se entendía porque siendo tan parecidos ellos fuesen tan violentos y nosotros no. Se buscaba el porqué si las condiciones sociales y económicas eran muy parecidas. A partir de 1998 Colombia empieza a disminuir las cifras y para el año 2009 llega a tener treinta y dos homicidios por cada cien mil habitantes, y aunque aún es una cifra muy alta, lograron reducir a la mitad de lo que tenían en un periodo de diez años; en Venezuela ¿qué ha sucedido?, durante el mismo periodo de tiempo, por cada año, la cifra se incrementa a pasos agigantados y la tasa de homicidios que nosotros calculábamos en nuestro Observatorio era de cincuenta y seis por cada cien mil habitantes; la tasa que da la encuesta del gobierno es de setenta y cinco por cada cien mil habitantes, es decir, pasamos ahora a tener el doble de los homicidios que Colombia cuando antes teníamos tres veces menos. Esto nos lleva a reflexionar y preguntarnos  ¿qué es lo que ha sucedido? Yo recuerdo que en un artículo que hice conjuntamente con dos colegas colombianos, médico uno de ellos que para el momento era director de la oficina de Violencia de la Organización Panamericana de la Salud , que publiqué en la Revista Internacional de Epidemiología intentando explicar esto, porqué Colombia bajaba y Venezuela subía; y la razón más clara es el quiebre de la institución, la fractura del Estado que se ha dado aquí, al mismo tiempo de que en Colombia se ha reforzado un mensaje claro de respeto a la ley, de poner en ejercicio y aplicación las leyes contra el delito, la delincuencia y la guerrilla  y que además se ha enviado a la ciudadanía un mensaje de convivencia; todo ello ha dado unos resultados que lamentablemente son tan distintos a lo que vivimos en el país.

¿En relación con Centroamérica qué sucede? México hoy en día es un caso que representa unos niveles altísimos y graves, lo cual ha repercutido y tiene influencia en Centroamérica, lo cual se  explica por los factores históricos, políticas y económicas mexicanos que ejercen influencias sobre ellos. También tenemos el asunto de la violencia rural, que puede considerarse como un remanente, un coletazo de la famosa violencia revolucionaria mexicana de comienzos del siglo XX. ¿Qué diferencias pueden establecerse con Venezuela?

Roberto Briceño León


La diferencia es inmensa, en México hay cien millones de habitantes y se han logrado disminuir las cifras delictivas. En el año 2009 Venezuela se encuentra en unos diecinueve mil homicidios, en cambio México tiene unos ocho mil  y tantos, en ese mismo año, tomando en cuenta que México tiene una población cuatro veces más grande que nosotros. Ellos han logrado disminuir los números en casi todos los estados del país, salvo en la frontera que es lo que llama la atención por lo de la guerra con los narcotraficantes que no ha permitido una disminución notable. Allá el crimen es organizado y aquí el crimen es mayormente desorganizado. La comparación es dramática y la diferencia abismal. Lo que sucede con los otros países centroamericanos es distinto. El Salvador tiene una violencia representativa desde que ocurrió la guerra interna, la guerra civil, entre otros factores; cuando se firman los acuerdos de paz en ese país a comienzos de los años 90 sucede algo particular: la policía y el ejército estaban contaminados, entonces, la violencia que venía de la guerra se transforma en delincuencial, es decir, vienen de un oficio de guerra como tal pero como quedan sin nada que hacer siguen en otra guerra, esta vez la guerra de la delincuencia.

“AQUÍ LOS POBRES MATAN POBRES”

En las cifras del Observatorio se que las víctimas de la delincuencia son principalmente jóvenes y que los victimarios también lo son. ¿Estamos entonces ante una guerra civil entre los pobres?

Es paradójico, porque a veces algunos funcionario y líderes políticos hablan de la violencia como una lucha de clases pero no es así, aquí los pobres matan pobres. Esto ocurre porque no hay protección, un gobierno que cuide de las personas y que es la función fundamental del Estado de Derecho, esta ha sido históricamente su principal función antes de cubrir incluso factores como salud y educación, está la seguridad física de la población. Entonces, como no hay una policía a quien llamar para pedir protección, ayuda o resguardo, las personas sienten que deben defenderse por sí mismas y caemos en un escenario en el que víctimas  y victimarios son muy parecidos, son jóvenes todos al igual que pobres. Hace algunos años, realizaba una entrevista en un retén de menores y uno de los entrevistados me contaba su historia ya que nosotros nos encargamos de estudiar historias de vida en nuestro trabajo sociológico y este joven nos decía que él vivía en un barrio, él trabajaba, se esforzaba por vivir bien y que cada vez que subía a casa era víctima del hampa, le robaban el dinero y lo vejaban; recordaba un día en particular, un viernes en el que subía a casa con su novia y no solamente lo robaron sino que se metieron con la muchacha, la manosearon y él dijo “no me la calo más, me voy a comprar un arma” y así fue; poco después se dio cuenta de que él estaba solo y los demás estaban en grupo ¿Qué hizo? Se buscó dos amigos más, compraron armas para cada uno y este muchacho con una gran inteligencia me decía “al final doctor ¿Qué éramos nosotros? Otra banda más” ¿A qué me refiero con este relato? A que como ese muchacho, muchos otros llegan a esas consecuencias para defenderse y al final ¿qué son? Otra banda más. Nosotros necesitamos de un gobierno  y unas autoridades capaces de cuidar a los jóvenes, que nadie tenga que armarse por sí mismo para defenderse, que cuiden de la población más desasistida de este país, porque básicamente en Venezuela lo que tenemos es que pacificarnos a través de un desarme y una protección constante, si alguien comete un delito debe ser castigado y se debe poner orden, y ahí está el tema de la justicia.

Sin duda esa es la otra causa del incremento, la falta de una justicia eficiente y confiable

Claro, fíjate, en 1998 por cada cien homicidios que se cometían en el país, se hacían ciento once detenciones, es decir, habían más detenciones que número de homicidios; más tarde en el año 2007, 2008 y 2009 por cada cien homicidios se realizan nueve detenciones, solo nueve detenciones; tomando en cuenta que una detención no es sinónimo de un juicio, sino de una averiguación que si no arroja resultado pues el sospechoso o testigo queda libre.

 

Un Comentario;

  1. narvik rondon said:

    excelente reflexión!!! como siempre muy acertado su discurso y argumento!

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