CUANDO LA REALIDAD IMPONE SU AGENDA

Manuel Malaver

Chávez está a la defensiva, como no se le veía desde el 2002 y el 2003, cuando la oposición y el país le impusieron la agenda política nacional y pareció conducirlo a la derrota del referendo revocatorio de agosto del 2004.

No le resultaron a Chávez las ollas que montó contra Polar, la Iglesia Católica y Globovisión, pues tan pronto empezó una feroz campaña que pareció culminaría con la confiscación y agresión a estas instituciones, el olor de la comida de PUDREVAL le inundó los estudios y cabinas de radio y televisión, el Palacio de Miraflores y aun los helicópteros y aviones en que viajó dentro y fuera del país. Pero es que también en los cuarteles, policías estatales y municipales, cuerpos de seguridad e inteligencia, en la burocracia y salas situacionales, se hizo sentir la experiencia fétida, llegándose al extremo de prohibirle a los funcionarios por orden presidencial -que no se publicó- usar tapabocas y mascarillas, para no atizar aún más el fogón noticioso del escándalo más escatológicos vivido en éste y otros continentes.

La Guarnición desguarnecida

Pero nada que amilane la incontinencia de Hugo Chávez a la hora eximirse de responsabilidades porque su gobierno apenas “está comenzando”… o de señalar que fueron funcionarios de baja jerarquía y no sus ministros lo que cometieron los delitos, aunque ahora, a raíz de un debate promovido en CNN sobre la presencia de guerrilleros de las FARC en el territorio nacional y la violencia en Venezuela (luego de la trasmisión del documental “Los guardianes de Chávez”), se lanzó él mismo y sus corifeos a desmentir cifras y datos y a sostener que en cuanto a violencia, Venezuela es algo así como Suiza, el Tíbet o el reino Katmandú.

Más le hubiera valido no abrir la boca, porque en medio de sus alegatos, el diario “El Nacional publicó en primera página la foto espeluznante de una sala de la morgue de Caracas, donde literalmente se apiñan y descomponen decenas de cadáveres.

Por supuesto, surgieron nuevos desmentidos, amenazas de cerrar a ” El Nacional” y llevar a Miguel Henrique Otero, su director, a la cárcel y la decisión, por último, de prohibir a los medios impresos publicar fotos y noticias que reflejaran la violencia que ciega las vidas de centenares de venezolanos semanalmente… todo eso dicho mientras 80 niños y niñas eran asaltados y despojados de sus pertenencias cuando se dirigían en un bus a vacacionar a las playas de Higuerote, y en Fuerte Tiuna, la más importante instalación militar del país, una jugadora del seleccionado de Hong Kong era herida de bala en una pierna cuando participaba en un juego del Campeonato Mundial de Béisbol femenino.

La más sangrienta de las guerras

Sin ir más lejos: cuando escribo, se reporta el incidente en Fuerte Tiuna en que murieron 2 oficiales y están heridos 6 soldados; y una señora, Carmen de Perdomo, denuncia que la noche anterior cuando viajaba en un autobús de la ruta Caracas-El Tigre, la unidad fue detenida en plena vía, desviada, y en un descampado, los pasajeros fueron despojados de sus pertenencias, golpeados los ancianos y las jóvenes (niñas y adolescentes) amenazadas con ser violadas.

Y ese es apenas el abrebocas de otro fin de semana de terror, sangre y muerte en la guerra venezolana, una guerra que no viene del extranjero ni tampoco es ejecutada por ejércitos regulares, sino por ciudadanos armados que viven en condiciones extremas de pobreza, desatención y abandono, y reciben el estímulo de un gobierno militar, cuyo jefe viste a menudo en zafarrancho de combate, y cuyo lema es: “Patria, Socialismo o Muerte”.

¿Cuántos serán los asesinados de este fin de semana, los heridos, los asaltados, los secuestrados, los mutilados? Difícil cuantificarlo, pero, no lo olviden: serán más que las víctimas de las guerras de Irak, Afganistán, Pakistán juntas con las de los enfrentamientos entre bandas terroristas en el Medio Oriente.

Una cifra que paraliza: según datos oficiales graficados por el sociólogo, Roberto Briceño León: En el 1999, primer año del gobierno de Chávez, las cifras anuales de muerte por violencia en el país alcanzaban las 5.000, y en 2009 pasaron de 19.000.

Esta es la obra de un desgobierno para el cual más importante que proteger la vida y los derechos de los venezolanos, es “hacer la revolución” y perpetuar en el poder a un militar chafarote de origen decimonónico.

Politización a juro

No, el plan de Chávez y el chavismo es la “politización a la fuerza”, el intento de convertir a los ciudadanos en piezas de una mecánica cuya única ocupación es vivir día y noche para atender convocatorias, reuniones del partido, tareas de los círculos o consejos comunales, y además calarse por horas las líneas que baja el comandante en jefe en sus cadenas presidenciales o Aló presidente.

¿Y la educación para el trabajo, la productividad, la cultura y la ciencia? Que se vayan al carajo: más importante es estudiar marxismo, que Bolívar murió asesinado, las batallas que ganó Fidel Castro, el Diario del Che en Bolivia, o los fundamentos del Socialismo del Siglo XXI en las versiones de exégetas como de Harnecker, Chomsky, Oliver Stone, las películas de Villa del Cine, Ramonet y Monedero.

En definitiva, cuando el país se encamina a las elecciones parlamentarias y sigue a las presidenciales del 2012: dos hitos, dos acontecimientos fundamentales, están expuestas todas las incompetencias, corruptelas, marramucias, truculencias y estafas del chavismo, por lo que no les cabe esperar sino catastróficas, ominosas, insoslayables e inapelables derrotas…  ante las cuales, por supuesto que Chávez no está llorando, pero sí diciendo insensateces como que “la corrupción en el Federal y en Econoinvest fue peor que la de Pudreval”, o que “la violencia es mucha, pero no como en México y Colombia” o que él la corregirá en los próximos 20 años.

Se ríen de su propia miseria

O sea, un Chávez a la defensiva, como no se le veía desde el 2002 y el 2003, cuando la oposición y el país le impusieron la agenda política nacional y todo pareció conducirlo a la derrota del referendo revocatorio de agosto del 2004.

Chávez se escabulló, y desde entonces, con el asesoramiento cubano y el alza de los precios del petróleo, empezó a crear el modelo de “socialismo petrolero” que consiste en destruir el aparato productivo nacional, capitalista y privado, para sustituirlo por un sistema económico estatal cuya viabilidad se reduce a importar gigantescas cantidades de comida, materias primas y productos elaborados que ya no se producen en el país, financiándolas son las exportaciones de crudo.

Importador neto de todo cuanto se necesita y exportador neto de petróleo, ese es el principio que resume y grafica el socialismo del siglo XXI, cuyas características son analizadas hoy en medios académicos internacionales, pero no por lo viables o inviables, sino por lo esperpénticas.

Y en medio de todo, resonando en CNN las risas del ex ministro y director de Telesur, Andrés Izarra, que no desmienten las cifras de sociólogo, Roberto Briceño León, pero si revelan su propia miseria.

NOTA: Por razones de espacio esta columna ha sido editada conservando su esencia.

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